Las Enseñanzas de Jesús el Cristo

Introducción

Las Enseñanzas que Jesús el Cristo trajo de Dios Padre a la Tierra llegaron a nosotros a través de las descripciones presentes en los Evangelios de Sus conversaciones con los discípulos y con otras personas, Sus invocaciones al Padre Celestial, las descripciones de Sus hechos y milagros y también a través de las obras escritas por Sus discípulos, las que contienen información recibida de Jesús, las profecías recibidas del Espíritu Santo y de Dios Padre y también las opiniones personales de sus autores. Tales obras son numerosas y no todas ellas fueron incluidas en el Nuevo Testamento.

Por otra parte, hasta ahora no se ha realizado ninguna descripción integral y sistematizada de las Enseñanzas de Jesús que examine los problemas filosóficos y religiosos más importantes. Por esta razón, entre otras, surgieron los numerosos desacuerdos entre los seguidores de Jesús el Cristo y las graves tergiversaciones de Sus Enseñanzas.

Está claro que una compilación integral de las Enseñanzas de Jesús sólo podría haber sido hecha por aquella persona que haya cumplido todo lo que Jesús enseñó, que haya aprendido Su Amor y conocido a Dios Padre. Sólo esto puede servir como criterio para evaluar la idoneidad del compilador.

El autor de este libro ha recorrido el Camino hacia Dios Padre estudiando al mismo tiempo la metodología que permite progresar en este Camino y construyendo, con la ayuda y bajo la guía de Dios, una «escalera» compuesta de diversos métodos-«peldaños» que llevan a la Cúspide. Él empezó su trabajo dedicado a salvar a las personas de la oscuridad del ateísmo en la época en la cual el partido comunista gobernaba en Rusia, sufrió persecuciones y calumnias, pasó por su propio «Calvario», estuvo dos veces en el «otro mundo» y conoció allí al Espíritu Santo y a Dios Padre sin el impedimento de su envoltura corpórea. Después de esto, fue devuelto a su cuerpo material para continuar con su autoperfeccionamiento y servicio [9].

Estos capítulos, así como el libro entero, fueron escritos con la bendición de Dios y bajo Su guía.

Dios Padre

«(…) Existe (…) sólo Él, Único (…). Él ha existido desde la eternidad y Su existencia no tendrá fin.

ȃl no tiene igual ni en el Cielo ni en la Tierra.

»El Gran Creador no ha compartido Su Poder con nadie, (…) Él es el Único Que posee la omnipotencia» (La Vida de San Issa, 5:16-17).

«El Eterno Legislador es uno; no hay ningún otro dios más que Él. Él no ha dividido el mundo con nadie ni tampoco conversa con nadie sobre Sus intenciones» (La Vida de San Issa, 6:10).

«(…) El Señor nuestro Dios (…) es todopoderoso, omnisciente y omnipresente. Él es Quien posee toda la sabiduría y todo el conocimiento. Es Él a Quien ustedes deben dirigirse para obtener el consuelo en sus aflicciones, la ayuda en sus obras y la curación de sus enfermedades. Quienquiera que recurra a Él no será rechazado.

»Los secretos de la naturaleza están en las manos de Dios, porque aun antes de que apareciera, el mundo (ya) existía en la profundidad del pensamiento Divino y se hizo material y visible por la Voluntad del Altísimo.

»Cuando ustedes quieran dirigirse a Él, vuélvanse de nuevo como niños. Pues ustedes no conocen ni el pasado, ni el presente, ni el futuro, mientras que Dios es el Señor de todos los tiempos» (La Vida de San Issa, 11:12-15).

«(…) (Él) es el Soberano que no tiene nada por encima. Es Dios y Padre de todo, el Espíritu invisible Que está por encima de todo, Que está en la pura luz y a Quien ningún ojo* puede ver.

»Él es el Espíritu invisible. No es correcto pensar en Él como en dioses o en algo similar. (…) Todo existe dentro de Él. (…) Él es ilimitado, debido a que no existe nada fuera de Él que Lo limite. (…) Él es inmensurable, debido a que no hubo nadie ante Él que Lo midiera. (…) Es eterno y existe eternamente (…). Es incorpóreo (…). No hay ninguna manera de decir cuál es Su cantidad (…). Él no está contenido en el tiempo (…).

»Él es la Vida Que da la vida. Él es el Éxtasis Que da el éxtasis. Él es la Sabiduría Que da la sabiduría. Él es el Amor Que da el amor y la salvación.

»Él permanece inmóvil, en silencio y tranquilidad. (…) Él dirige Sus deseos a través de Su flujo de Luz. Es la Fuente de este flujo de Luz (…)» (El Apócrifo de Juan*, 2:1-3:2).

«Éste es el mensaje que hemos oído de (…) (Jesús) y que anunciamos a todos: Dios es Luz, y en Él no hay ninguna oscuridad» (1 Juan 1:5)*.

«(…) El extático y único Rey poderoso (…), Quien es inmortal y habita en la Luz inaccesible (…)» (1 Timoteo 6:15-16).

«(…) ¡Al Rey eterno, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos! Amén» (1 Timoteo 1:17).

* * *

La mayoría de estas palabras de Jesús no fueron incluidas en el Nuevo Testamento por los líderes eclesiásticos al final del siglo IV después de la venida de Jesús a la Tierra, y esto predeterminó la desviación de la mayoría de los cristianos del monoteísmo. Ellos casi se han olvidado de Dios Padre, aunque Él y el Camino hacia Él eran los temas principales de las prédicas de Jesús. Por esta razón los puntos de vista ontológicos, gnoseológicos y metodológicos de muchos cristianos se volvieron inconsistentes.

Es más, en Rusia apareció la representación antropomorfa* de Dios Padre típica del paganismo. Un ejemplo de esto es el icono «La Trinidad», en el cual se representa a Dios Padre como un anciano sentado sobre una nube y a Jesús sentado a Su derecha. Esta representación fue incluida hasta en el Credo ortodoxo: «Creo (…) en el Señor Jesús Cristo (…) sentado a la derecha del Padre (…)».

Pero Dios Padre no es un anciano que vuela. Él es la Conciencia Primordial inmensurable por Su grandiosidad, Conciencia que llena el espacio universal entero en Su Morada y Que no es antropomorfa de ninguna manera. Dios Padre es realmente infinito. ¿Entonces cómo es posible sentarse a la derecha del Infinito?

Su Evolución y nosotros

Nosotros, habitantes de la Tierra, estamos acostumbrados a medir el tiempo en días (períodos de la rotación de la Tierra alrededor de su eje), subdivididos en horas, minutos y segundos, y también en años (períodos de la rotación de la Tierra alrededor del Sol), subdivididos en meses y semanas.

Él —universal— tiene un modo diferente de medir el tiempo. Para Él el tiempo es medido en Manvantaras* que constan de muchos millones de años terrenales.

¿Qué parte del universo abarca un Manvantara? ¿Quién lo sabe, salvo Él? Esto para nosotros no tiene ninguna importancia.

Un Manvantara es un ciclo de desarrollo que consta de una fase «manifestada» y una «no manifestada». La primera empieza con la «creación del mundo» y termina con el «fin del mundo». Durante la segunda fase, no existe la Creación, sino sólo el Creador y el «material de construcción» para las nuevas Creaciones.

Al comienzo de cada ciclo mencionado, Él crea gradualmente (materializa) un sustrato denso o, en otras palabras, la materia de los planetas. Después minúsculas partículas de energía «se siembran» en algunos de estos planetas. Estas partículas empiezan a evolucionar encarnándose en los cuerpos materiales de los minerales, luego en los cuerpos materiales de las plantas, de los animales y de los humanos. Así, estas partículas deben desarrollarse hasta tal grado de perfección que puedan unirse con el Creador enriqueciéndolo consigo mismas. Él dirige el proceso de su desarrollo dándoles cierto grado de libre albedrío, es decir, la posibilidad de tomar decisiones pequeñas y grandes en las situaciones educativas creadas por Él, la posibilidad de escoger su propio camino. De hecho, nosotros tenemos la posibilidad de escoger el camino de la Evolución o de la involución.

Él nos ama como a Sus hijos y nos ofrece constantemente nuevas oportunidades para tomar decisiones correctas, y nosotros las aceptamos o las rechazamos.

Entre otras cosas, Él nos dio libros Sagrados que contienen instrucciones acerca de cómo debemos vivir. Si las seguimos, llegamos a ser más perfectos y nos acercamos a Él. Si no, es posible que incluso nos alejemos del Creador. El dolor y el sufrimiento son los medios con los cuales Él nos indica nuestros errores. En cambio, el aumento de la felicidad debido a la sensación del acercamiento a Él es lo que indica nuestro progreso.

Debemos tratar de llegar a ser perfectos «así como (…) (nuestro) Padre Celestial es perfecto» (Mateo 5:48) y unirnos con Él lo más pronto posible. Él nos llama a Su Morada, al Éxtasis Supremo de la existencia en Él, en Unión con Él. «¡Bienaventurados ustedes que han conocido la tentación y han huido (de ésta)! ¡Bienaventurados ustedes que son difamados y rechazados a causa del amor que su Señor tiene por ustedes! ¡Bienaventurados ustedes que sufren y que son torturados por aquellos que no tienen esperanza (de salvación)! ¡Ustedes, en cambio, serán liberados de todas las cadenas! Velen y rueguen por no tener que entrar (de nuevo) en la carne, sino salir de las cadenas del sufrimiento de esta vida (terrenal). (…) ¡Y cuando ustedes salgan de los tormentos y sufrimientos del cuerpo, obtendrán su reposo (…) y reinarán con el Rey después de llegar a ser Uno con Él y Él será Uno con ustedes de hoy en adelante, por los siglos de los siglos! Amén» (El Libro de Tomás el Contendiente, 9:2-45).

Para perfeccionarnos más rápidamente en nuestro Camino hacia Dios, podemos intentar enamorarnos de Él. «(…) Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda el alma, con toda tu mente y con toda tu fuerza (…)» (Marcos 12:30). Pues son las emociones del amor que atraen y unen una conciencia humana con otra conciencia humana y una conciencia humana con la Conciencia de Dios.

* * *

En el año 553 los líderes de las comunidades cristianas establecidas en aquel tiempo se reunieron en un concilio y decidieron por una mayoría excluir de las Enseñanzas de Jesús aquella parte que explicaba el significado de la existencia de las personas y de otros seres vivos en la Tierra desde el punto de vista evolutivo. De esta manera, dichas Enseñanzas perdieron su integridad y carácter lógico. Entonces, para encontrar las respuestas a las preguntas que les surgían naturalmente, las personas empezaron a fantasear. Por ejemplo, ellos asumieron que la causa de nuestro sufrimiento en la Tierra son los pecados heredados de Adán y Eva, y que, por lo tanto, somos pecadores sin esperanza alguna, de manera que ningún esfuerzo por el autoperfeccionamiento nos puede ayudar ni es necesario, sino que, más bien, puede inducirnos al pecado del orgullo. Lo único que podemos hacer, según ellos, es seguir orando a los «santos» y a la virgen María pidiéndoles que oren a Jesús el Cristo por nosotros, y entonces Él, probablemente, tendrá misericordia y nos enviará al paraíso en vez del infierno.

No obstante, tales creencias no pueden salvar a nadie del infierno, dado que son diametralmente opuestas a las Enseñanzas de Jesús, Quien nos exhortó a hacer esfuerzos para nuestro autoperfeccionamiento. Él dijo: «(…) el Reino de Dios es anunciado (por Mí), y (sólo) aquel que se esfuerce entrará en Él» (Lucas 16:16). Tampoco Jesús nos llamó a volver al paganismo.

Continuaremos examinando este asunto en los siguientes capítulos, pero ahora permítanme darles unos ejemplos de lo que Jesús dijo con respecto al desarrollo de un alma durante sus encarnaciones consecutivas.

Mirando una interpretación de cantantes talentosos, Él explicaba a Sus discípulos: «¿De dónde vienen sus talentos y capacidades? Sin duda, ellos no pudieron adquirir semejante perfección de voz y conocimiento de las leyes de la armonía durante una sola corta vida. ¿Es un milagro? No, todo tiene su origen en las leyes naturales. Hace muchos miles de años, estas personas ya empezaron a desarrollar la armonía y (estas) cualidades. Y ellas vinieron otra vez para aprender más (…)» (Evangelio Tibetano).

Cuando los discípulos Le preguntaron por Juan el Bautista, Jesús les contestó: «Y si quieren aceptarlo, él es Elías, el que había de venir. El que tenga oídos para oír, que oiga» (Mateo 11:14-15). En otra ocasión dijo: «(…) Elías ya vino, pero no lo reconocieron (…). Entonces los discípulos entendieron que les estaba hablado de Juan el Bautista» (Mateo 17:11-13).

Según Jesús, entre una y otra encarnación, las almas humanas virtuosas resucitan en el mundo no material y «(…) no se casan ni se dan en matrimonio, sino que son como ángeles de Dios en el Cielo» (Mateo 22:30).

En el transcurso de muchas encarnaciones, una persona se desarrolla según tres direcciones principales: la dirección intelectual, la dirección ética y la dirección psicoenergética, con la particularidad de que el desarrollo del intelecto es el más difícil de realizar y el que más tiempo insume.

Las diferencias entre los niveles intelectuales de las personas son muy conocidas. Por ejemplo, la psiquiatría clasifica a la gente en diversas categorías: idiotas, imbéciles, débiles mentales, personas con imbecilidad «fisiológica» («estupidez fisiológica»), personas con serios defectos mentales (demencia parcial, esquizofrenia parcial, paranoia parcial, etc.) y las demás personas.

Estas diferencias también se manifiestan claramente en el ámbito religioso.

Así, algunas personas sólo son capaces de hacer movimientos rituales y mendigar diversos bienes para sí durante la oración. En Rusia, por ejemplo, se usa ampliamente la siguiente expresión: «orar hacia algo». Esto significa dirigir la mirada hacia algún objeto de valor ritual y hacer movimientos rituales estandarizados.

Las personas de un nivel intelectual más elevado ya son capaces de estudiar la Voluntad de Dios y realizar el trabajo correspondiente de autoperfeccionamiento, principalmente en el aspecto ético.

También están aquellos que pueden abarcar la profundidad entera del conocimiento sobre Dios y, a través del trabajo abnegado, asemejarse a Él y unirse con Él terminando de esta manera su evolución personal.

La causa de estas diferencias entre las personas no está sólo en las peculiaridades del desarrollo intrauterino, ni en las enfermedades de la niñez, ni aun en la educación, sino, primeramente, en las edades evolutivas de las almas y en los esfuerzos que estas almas ya hayan hecho para su autotransformación.

Proceso de la creación.
Multidimensionalidad
del espacio

Durante la fase «no manifestada» de un Manvantara existen sólo el Creador y el «material de construcción» para la materia y para las almas*. El proceso de creación empieza con las condensaciones locales de protoprakriti. A partir de esta última debe formarse un sustrato denso para que sea posible la vida de los cuerpos orgánicos sobre éste. «(…) Ella salió, ella se manifestó, ella apareció ante Él en el brillo de Su luz (…). Ella se convirtió en el vientre materno (…)» (El Apócrifo de Juan, 4:25-5:5).

Por supuesto, el proceso de la «creación del mundo» no duró días, sino épocas. Los seis «días» de la «creación del mundo» son un ejemplo de una traducción incorrecta de la Biblia. (Si suponemos que éstos fueron días en el sentido usual de esta palabra, tendríamos que admitir que desde el principio del proceso de creación transcurrieron solamente 7500 años. No obstante, los datos arqueológicos indican que las personas han existido en la Tierra durante aproximadamente un millón de años).

En el Evangelio de Felipe las dimensiones espaciales se denominan con la palabra griega «eones».

Es imposible explicar cabalmente la naturaleza de una estructura multidimensional, como es la Tierra por ejemplo, con palabras. Sólo podemos decir que en la profundidad debajo de cada objeto material, incluyendo nuestros cuerpos, yacen estratos de Luz cada vez más sutil, pura, tierna y lúcida. Es posible conocer estos estratos solamente a través de los métodos especiales para el desarrollo de la conciencia. Este es el Camino de la refinación gradual de la conciencia, de su «fortalecimiento» y «cristalización» en cada uno de los niveles logrados. Es el Camino hacia el conocimiento del Creador.

En cuanto al «fin del mundo», es el proceso inverso durante el cual la Creación se desintegra.

* * *

«Él lo quiso y el mundo (de la Creación) apareció. Con un pensamiento Divino, Él juntó las aguas y separó de éstas la porción seca del globo. Él es la causa de la vida misteriosa del hombre (es decir, de su forma corpórea), en quien Él insufló una parte de Su Ser» (La Vida de San Issa, 5:18).

«(…) Él es Vida Que da la vida (…)» (El Apócrifo de Juan, 4:1).

«(…) (Él) existía antes del principio de todo (en la Creación) y existirá después del fin de todo» (La Vida de San Issa, 8:6).

Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el Creador Que se manifiesta en la Creación a través de los Adeptos espirituales Que se han unido con Él y han alcanzado la Autorrealización total (o Realización de Dios) y también a través de Aquellos Que no han entrado todavía en la Morada del Creador, pero han alcanzado la Unión con el Espíritu Santo.

El Espíritu Santo dirige la actividad de otros espíritus que se encuentran en etapas más tempranas de su desarrollo evolutivo. Él también dirige a los practicantes espirituales que están progresando en el Camino dándoles, por ejemplo, la información profética. Jesús dijo sobre esto lo siguiente: «Pero cuando Él, el Espíritu de la Verdad, venga, los guiará a toda la verdad, porque no hablará por Su propia cuenta, sino que dirá lo que oiga (del Padre y de Jesús) (…)» (Juan 16:13).

Mucho antes de que Jesús dijera estas palabras, el Espíritu Santo participó en la preparación de Su venida a la Tierra (Mateo 1:20) dando a las personas las señales milagrosas de Su misión especial (Lucas 2:25-35; 3:21; Mateo 3:16) y después el Mismo Espíritu Santo participó en la organización del trabajo de Jesús en la Tierra (Lucas 4:1).

Cielo físico y los Cielos

¿Dónde vive Dios? ¿Dónde podemos encontrarlo? Una mayoría aplastante de personas involucradas en formas primitivas de religión contestaría a esta pregunta señalando hacia arriba. Hacia allí ellas también dirigen sus ojos y manos al orar.

¿De dónde nació la convicción de que Dios está arriba? Quizás, sea porque en la superficie de la Tierra uno ve sufrimientos y tentaciones; en cambio, allá, en el cielo, están las nubes tranquilas en la lejanía azul interminable, la caricia del Sol, el misterio de la Luna y de las estrellas distantes.

Pero Jesús se rió de tales deducciones: «Si aquellos que les guían les dicen: “¡Miren, el Reino (de Dios) está en el cielo!”, entonces las aves del cielo les tomaron la delantera a ustedes.

»(…) Mas el Reino está dentro de ustedes y fuera de ustedes» (El Evangelio de Tomás, 3).

«El que busca no debe dejar de buscar hasta que encuentre. Y cuando encuentre, ¡se emocionará, (…) se maravillará y (estableciéndose en el Reino) reinará sobre todo!» (El Evangelio de Tomás, 2)

Así, en primer lugar, ¿qué significa «dentro de ustedes y fuera de ustedes»? Y, en segundo lugar, ¿por qué aquel que encuentre el Reino «se emocionará» y «se maravillará»?

Nosotros ya hemos examinado la naturaleza multidimensional de la Creación. Todas las dimensiones espaciales existen directamente aquí, en la profundidad multidimensional debajo de cualquier objeto material, sea una tetera, una plancha, nuestro planeta o el cuerpo de cada uno de nosotros. Y lo mismo pasa con cualquier espacio donde no hay ningún objeto denso, sino sólo aire. Esto es lo que significa «dentro y fuera de nosotros».

Por eso, para encontrar la Morada del Creador, el practicante no debe empezar su búsqueda arriba, sino en lo profundo de sí mismo. Al principio, lo debe hacer dentro del propio cuerpo, transformando su esfera emocional a través de renunciar a los estados emocionales groseros (primeramente, todas las formas de enojo, envidia, celos, etc.) y a través de cultivar los estados sutiles (primeramente, todas las formas de amor emocional, tales como la ternura, la caricia, la facultad de admirar la belleza y de sintonizarse con ésta, etc.). Normalmente, es posible obtener este resultado sólo mediante la limpieza y el desarrollo de los chakras.

La siguiente etapa de la refinación de la conciencia ocurre en el corazón espiritual localizado en el chakra anahata dentro del cuerpo. Este chakra es como una cavidad amplia dentro de la caja torácica, cavidad que existe en planos sutiles. El corazón espiritual es un órgano bioenergético que produce emociones de amor. La facultad de trasladar la concentración de la conciencia al corazón espiritual le permite a uno, entre otras cosas, establecerse en un mundo de luz y amor.

Jesús dijo sobre esto lo siguiente: «Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios» (Mateo 5:8). «Entren en su templo, en su corazón, ilumínenlo con buenos pensamientos, con la paciencia y confianza inquebrantable que ustedes deben tener en su Padre» (La Vida de San Issa, 9:12).

Después de la purificación del chakra anahata con la ayuda de los métodos especiales*, será muy fácil limpiar e iluminar el organismo entero. Éste debe volverse tan puro que se vea transparente si lo miramos con la visión espiritual.

Después de purificarse de esta manera, el practicante adquiere la facultad de ver la Conciencia Divina, pero no con los ojos de su cuerpo, sino con la visión de la conciencia, siendo de notar que esto se hace dentro del corazón espiritual que se expande gradualmente.

Ahora volvamos al tema principal de este capítulo, que es el cielo físico y los Cielos.

No es por casualidad que en algunos idiomas se use una palabra para el cielo físico, mientras que para los Cielos no materiales, otra (por ejemplo, sky y Heaven en inglés; nebo y Nebesa en ruso). Confundir estos dos términos es una equivocación que se comete debido a la ignorancia religiosa.

Los Cielos son los eones más sutiles y aunque estos eones están por todas partes —sobre nuestras cabezas también— no sirve de nada mirar intensamente arriba o incluso volar allí en busca de éstos. Dios en el aspecto del Creador y del Espíritu Santo está presente en las dimensiones espaciales más sutiles que no pueden ser vistas por los ojos del cuerpo. Es posible ver al Creador sólo con los ojos de la conciencia después de refinarse a uno mismo (como conciencia) hasta Su nivel de sutileza.

* * *

«¡No todo el que Me dice: “¡Señor, Señor!”, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que hace la Voluntad de Mi Padre Que está en los Cielos!» (Mateo 7:21)

«¡Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ésta! ¡Pero angosta es la puerta y estrecho el Camino que lleva a la (Verdadera) Vida, y pocos son los que la encuentran!» (Mateo 7:13-14)

«(…) ¡Quien busca encontrará y al que llama se le abrirá!» (El Evangelio de Tomás, 94)

Infierno y paraíso

Aparte de los eones de los «Cielos» anteriormente mencionados y el plano material, existen otras dimensiones espaciales que se encuentran en el otro extremo (con relación al Creador) de la escala de sutileza-grosería. Estas dimensiones son los estratos del infierno.

Uno puede experimentarlos en ciertos sitios de poder negativos.

Los sitios de poder [7] se caracterizan por el predominio en éstos de uno u otro tipo de energía de los mundos no materiales que influye sobre el estado de los seres encarnados, incluyendo a las personas.

Los sitios de poder se clasifican en positivos y negativos según su influencia positiva o negativa, respectivamente. Existen sitios de poder positivos, sumamente favorables para diferentes tipos de trabajo espiritual o para la sanación. En cambio, algunos sitios de poder negativos permiten conocer la vida en diversos estratos del infierno.

Las dimensiones de los sitios de poder pueden variar desde un metro hasta muchos kilómetros.

Para nosotros es fundamental entender ahora qué es lo que determina el estado de una persona y la dimensión espacial —paradisíaca o infernal— en la cual esta persona se encontrará después de la muerte de su cuerpo material. La respuesta es muy simple: una persona permanece en el «otro mundo» en el mismo estado de la conciencia al cual se acostumbró mientras vivía en su cuerpo material y seguirá en ese estado hasta su próxima encarnación, es decir, durante centenares de años normalmente. ¡Por eso es tan importante aprender a controlar las propias emociones y no vivir como un animal reaccionando de manera refleja a los factores exteriores agradables y desagradables y a los impulsos que vienen de la profundidad del propio cuerpo!

Todos los estados emocionales pueden clasificarse según la escala de sutileza-grosería.

Los estados más groseros son el odio, la furia, el enojo, el horror, el miedo, la desesperación, la ansiedad, los celos, la tristeza, el resentimiento, la sensación de estar oprimido por alguien, el pesar de la separación, etc.

Los estados de rango medio son la prisa, la impaciencia, la excitación por el trabajo o deporte, la lujuria sexual (deseo apasionado), etc.

Los estados elevados de la conciencia son la ternura (incluyendo la sexualmente coloreada) y los estados que surgen cuando uno se sintoniza con los fenómenos armoniosos de la naturaleza (por ejemplo, la mañana, la primavera, la comodidad, la calma, las canciones de los mejores pájaros cantores, los juegos de los animales, etc.) o con las obras correspondientes de diversos géneros de arte.

También existen los estados de la conciencia aún más elevados que no están entre las emociones terrenales y que no pueden ser provocados por ninguna cosa terrenal. Estos estados pueden conocerse únicamente en las meditaciones más altas de Unión con el Espíritu Santo y con Dios Padre en Su Morada.

Cada uno de los tres grupos de estados mencionados tiene su propio nombre. El primer grupo se llama tamas, el segundo (intermedio), rajas y el tercero, sattva. Tamas, rajas y sattva, como cualidades terrenales, se denominan gunas, mientras que las categorías más altas son «superiores a las gunas».

Haciendo esfuerzos espirituales, una persona puede ascender de una guna a otra y a los niveles más altos. Pero también puede descender.

Debemos tener en cuenta que en este caso no se trata sólo de una facultad de experimentar unas u otras emociones, sino de los estados habituales de la conciencia. El estado que sea habitual para una persona en el momento en el que ella se separa de su cuerpo material es lo que determina su destino, posiblemente, por centenares de años.

Pensemos si quisiéramos quedarnos por tan largo tiempo en los estados del primer grupo entre seres semejantes. Esto es lo que constituye el infierno.

Además, es una equivocación culpar a otras personas o a las circunstancias por nuestras emociones negativas. Pues nosotros mismos nos sintonizamos con estas personas malas o circunstancias en vez de sintonizarnos con Dios y con lo Divino, lo que puede salvarnos del infierno.

El apóstol Pablo habló así sobre esto: «(…) ¡Aléjense del mal, apéguense al bien!» (Romanos 12:9)

Con el mismo propósito es fundamental observar también los siguientes principios:

«¡Amen a sus enemigos! ¡Bendigan a los que los maldicen! ¡Hagan el bien a los que los odian y oren por aquellos que los ultrajan y los persiguen! (…)» (Mateo 5:44)

«¡Reconcíliate con tu adversario pronto! (…)» (Mateo 5:25)

«¡Bienaventurados los pacificadores! (…)»* (Mateo 5:9)

«(…) No te resistas a una persona mala. Por el contrario, si alguien te abofetea en la mejilla derecha, vuélvele también la otra. Y si alguien te pone pleito para tomar tu túnica, déjale también la capa. Y si alguien te obliga a caminar con él una milla, ve con esta persona dos» (Mateo 5:38-41).

«¡No juzgues! (…)» (Mateo 7:1)

«(…) ¡No condenes! (…)» (Lucas 6:37)

«(…) ¡No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma! (…)» (Mateo 10:28)

«(…) A todo el que te pida, dale, y al que te quite lo que es tuyo, no se lo reclames» (Lucas 6:30).

«¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta y con su sabia mansedumbre. Pero si tienen amarga envidia y carácter pendenciero (en lugar de amor), no se jacten ni mientan contra la verdad. ¡Esta “sabiduría” no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, (…) diabólica (…)!» (Santiago 3:13-15)

«¡Quien dice que está en la luz y odia a su hermano, está todavía en la oscuridad!» (1 Juan 2:9)

«¡Bendigan a los que los persiguen, bendigan y no maldigan! (…)

»¡No paguen a nadie mal por mal, pero procuren hacer el bien delante de todos!

»¡No tomen venganza! (…)

»Si tu enemigo tiene hambre, dale de comer; si tiene sed, dale de beber (…).

»¡No seas vencido por el mal! ¡Por el contrario, vence el mal con el bien!» (Romanos 12:14-21)

«Y tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? (…) ¡Cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí! ¡Así que no nos juzguemos más los unos a los otros! ¡Más bien, procuremos no poner algún tropiezo u ocasión de caer al hermano!» (Romanos 14:10-13)

«(…) ¡Si alguien es sorprendido en algún pecado, ustedes, que son espirituales, restáurenlo con espíritu de mansedumbre. ¡Pero cuídese cada uno de no ser tentado también!» (Gálatas 6:1)

«¡Que ninguna palabra corrompida salga de sus bocas, sino sólo la que sea buena (…), que imparta gracia a los oyentes!» (Efesios 4:29)

«(…) ¡Abandonen (…) ira, rabia, maldad, maledicencia y el lenguaje obsceno!» (Colosenses 3:8)

«¡No devuelvan mal por mal ni insulto por insulto! (…)» (1 Pedro 3:9)

«(…) ¡Quien odia a su hermano está en la oscuridad, y anda en la oscuridad, y no sabe adónde va, porque la oscuridad ha cegado sus ojos!» (1 Juan 2:11)

«Tales acciones no ayudarán a su salvación, sino que les llevarán al estado de degradación ética, en el cual el robo, la mentira y el asesinato son considerados como actos valientes.

»Con todo, hay un milagro que cada uno puede realizar. Es cuando esta persona, llena de una fe sincera, decide erradicar (dentro de sí) (…) todos los pensamientos malos y abandona los caminos de iniquidad con el fin de alcanzar la meta» (La Vida de San Issa, 9:17; 11:8).

Posiblemente, alguno de los lectores pueda objetar: «¡Pero es egoísmo apartarse del mal y preocuparse sólo por la propia salvación! ¿Y qué, dejamos a la gente malvada seguir haciendo lo mismo?».

Usted está equivocado. En este caso, estamos hablando primeramente sobre los estados de la conciencia, y cabe destacar que, si es nuestro deber, podemos luchar contra los delincuentes, contra la conducta humana más abominable sin odio, ira o aversión, permaneciendo, por el contrario, en un estado de tranquilidad emocional y de sintonización con lo Divino. En cambio, a través de las emociones infernales, nos hacemos daño tanto a nosotros mismos como a los demás.

Pues debemos tener en cuenta que las emociones fuertes se agitan no sólo dentro del cuerpo, sino que también a su alrededor, creando campos energéticos negativos que afectan el estado de otras personas y a veces incluso pueden provocarles enfermedades.

Si somos seguidores de los principios del Cristo, no participaremos con nuestras emociones en conflictos terrenales y así no nos acostumbraremos a nosotros mismos ni a las demás personas al infierno.

Permítanme repetirlo una vez más. No estoy aconsejando que todos se aparten de la vida social y de las necesidades de otras personas, y no sólo de las personas. «¡No hay amor más grande que dar la propia vida por los amigos!» (Juan 15:13), dijo Jesús. Sin embargo, al hacerlo, no debemos experimentar el odio, la ira o el desprecio, sino que debemos experimentar la tranquilidad y el amor y dirigir nuestra atención al Padre Celestial, nuestra Meta Más Alta. Así es como Jesús el Cristo iba a Su muerte en la cruz.

Mientras estemos en cuerpos materiales, podemos cambiar a voluntad nuestros hábitos de permanecer en unos u otros estados emocionales. Lo podemos hacer, entre otras maneras, mediante los métodos de autorregulación psíquica y mediante diversas técnicas meditativas. También podemos recibir ayuda de otras personas para intentar llegar a ser mejores. No obstante, una vez que el cuerpo se haya muerto es imposible cambiar el propio estado y entonces nadie podrá ayudar. Jesús el Cristo no sacó a los pecadores del infierno, ni tampoco lo pueden hacer las oraciones de los santos o de alguien más. Sólo la persona misma durante la vida en su cuerpo material puede transformarse y cambiar su destino.

* * *

Las imperfecciones (o defectos, cualidades negativas) que tenemos afectan nuestros destinos en las encarnaciones actuales y futuras. Por ejemplo, si una de nuestras cualidades es ignorar el dolor ajeno y causarlo a otros seres vivos (entre los cuales no están sólo las personas), entonces Dios va a desacostumbrarnos de esto. ¿Cómo? Poniéndonos en situaciones en las cuales nosotros mismos padeceremos dolor para que podamos —sintiéndolo— aprender a compadecernos del dolor de los demás. Así es como los defectos que tenemos empeoran nuestros destinos y crean para nosotros un infierno en la Tierra, en el cual será mucho más difícil refinar nuestras emociones.

Entonces ¿qué debemos hacer ahora para liberarnos de los defectos que nos destruyen? ¡Arrepentirnos!

Arrepentimiento

Juan el Bautista empezó sus homilías predicando la necesidad de purificarse a través del arrepentimiento (Mateo 3:2,6). Esto era algo nuevo para su público, ya que en aquel tiempo los judíos tenían una forma muy peculiar de realizar la «liberación de los pecados». A saber, una vez al año, en tiempo de Pascua, ellos traspasaban simbólicamente sus pecados a los corderos, mataban a estos corderos-«pecadores» como un «sacrificio a Dios» y después de esto comían sus cuerpos. Naturalmente, este absurdo sólo aumentaba su culpabilidad ante los ojos de Dios.

No, los pecados personales no pueden ser traspasados a nadie. Sólo la persona misma puede lavarlos con su arrepentimiento sincero.

Justamente el arrepentimiento, que surge después de un autoanálisis intelectual, es el purificador principal del alma.

Dios nos «pastorea» constantemente como a Sus ovejas en los «pastos» de la Tierra (alegoría usada a menudo por Jesús) y quiere que nos perfeccionemos con el fin de que lleguemos a ser dignos de enriquecerlo. Esto es lo que constituye Su Vida y la razón de la creación de los mundos materiales. Y Él nunca nos abandonará independientemente de si queremos saber de Él o no, si Lo amamos o no, si nos esforzamos por llegar a ser perfectos y unirnos con Él o no.

El acercamiento a Dios mediante los esfuerzos de autoperfeccionamiento trae el Éxtasis verdadero. Son especialmente intensos los primeros contactos con la Conciencia Divina y luego los períodos cada vez más largos de estar en Unión con Él traen el Éxtasis Supremo. ¡Éste es el premio más grande por el progreso en el Camino espiritual!

En cambio, si no cumplimos Su Voluntad y marchamos en la dirección opuesta, entonces nosotros mismos nos condenamos a sufrimientos. Estos sufrimientos son un «premio» por la desobediencia.

La primera cosa que podemos hacer para liberarnos de los sufrimientos es arrepentirnos.

Pero los principiantes en la religión (para quienes Dios todavía no es una Realidad Viva, sino una abstracción), naturalmente, pueden preguntar: ¿y cómo debemos arrepentirnos?

Por ejemplo, existe la opinión de que uno debe arrepentirse únicamente delante de un sacerdote y que sólo por medio de él se obtiene la «absolución de los pecados».

Sin embargo, la verdad consiste en que no sucede ninguna «absolución de los pecados». Es un enfoque completamente equivocado para abordar este problema. El problema del arrepentimiento debe ser analizado más en serio, es decir, en los términos de cómo liberarse de los defectos y no de cómo pedir perdón. Por consiguiente, el mecanismo de arrepentimiento debe ser diferente. El rito de la iglesia anteriormente mencionado sirve sólo para los niños, para los principiantes en la religión o para los adultos poco inteligentes.

En algunas iglesias protestantes, el proceso de arrepentimiento está mucho mejor organizado. A saber, después de la preparación pertinente, los creyentes se arrepienten directamente ante el Dios Vivo sin intermediarios. La solemnidad de esta situación y el apoyo de la congregación entera contribuyen a la intensificación de las emociones de arrepentimiento.

No obstante, no todas las personas tienen acceso a tales comunidades o a consejeros espirituales verdaderamente sabios que puedan explicar de qué uno debe arrepentirse y cómo. Por ende, examinemos el esquema principal del arrepentimiento independiente.

Primero, es necesario encontrar las respuestas a las preguntas fundamentales de la filosofía religiosa, tales como qué es Dios, qué es la Evolución y en qué consiste el significado de nuestras vidas y el de todos los otros seres encarnados. De aquí nos quedará absolutamente claro por qué debemos trabajar sobre nosotros mismos, qué ideal debemos tratar de alcanzar, qué cualidades cultivar en nosotros y de cuáles deshacernos, qué es un verdadero defecto y qué es sólo considerado como tal por las personas, pero no por Dios. Para este propósito, es bueno empezar a estudiar las palabras de Jesús Mismo y aprender a distinguirlas de aquello que la gente ha inventado con relación al cristianismo. Pues Jesús Mismo dijo: «(…) ¡Aprendan de Mí! (…)» (Mateo 11:29)

Llamo su atención sobre el hecho de que a veces en algunas prédicas se puede oír la afirmación según la cual los «10 mandamientos» dados por Dios a las personas a través de Moisés son los «mandamientos del Cristo». Si usted se encuentra con semejante predicador, apártese de tal persona, ya que ella no entendió absolutamente nada, pero aun así trata de enseñar a los demás. En realidad, Jesús el Cristo nos dejó Enseñanzas sobre Dios y sobre el Camino hacia Él que son mucho más ricas que el Antiguo Testamento entero y que constan de decenas de consejos-mandamientos.

Y una cosa más: si alguien piensa que es bueno tal como es y que no hay por qué cambiar, entonces esta persona se encuentra tan lejos del trabajo espiritual que no tiene ni la más mínima idea sobre este trabajo. Pues todos —principiantes y adeptos altamente avanzados— pueden encontrar en las Enseñanzas de Jesús pautas para mejorarse.

Ahora hablemos del autoanálisis. Lo que las personas llaman pecados no es lo principal. Los pecados no son nada más que las manifestaciones de nuestros defectos (o imperfecciones, rasgos defectuosos del carácter, cualidades negativas del alma, etc.). Los pecados ayudan a reconocer los defectos, pero es contra los defectos que debemos luchar, y no contra los pecados. Y éste no es trabajo de un día; por el contrario, para transformar el alma, limpiándola de las malas cualidades e implantando las buenas, se requieren años de arduos esfuerzos.

Para discernir mejor uno u otro defecto dentro de uno mismo, es conveniente recordar todas sus manifestaciones ocurridas en el pasado, es decir, todos los pecados que fueron cometidos desde la niñez debido a este defecto. Cuando tal trabajo esté cumplido, es posible que Dios nos conceda la oportunidad de mirar las encarnaciones anteriores para encontrar las raíces de los defectos allí.

El proceso de descubrir los defectos y recordar los pecados específicos debe acompañarse con el arrepentimiento emocional sincero.

Sin embargo, si durante este proceso usted sufre debido a la autocompasión a causa del castigo futuro, usted está en el camino equivocado.

No debe sentir compasión por usted, sino por sus víctimas, todos aquellos a quienes hizo sufrir física o emocionalmente. Y luego es necesario revivir mentalmente cada situación en la cual se cometieron errores, pero esta vez actuar allí de una manera correcta.

Si es posible enmendar el error de alguna manera —por lo menos, parcialmente— es indispensable hacerlo. Si alguien pide perdón a Dios, pero ignora una posibilidad real de enmendar su error, no debe esperar resultado positivo, ya que tal arrepentimiento no puede ser considerado sincero.

Nada puede sustituir al arrepentimiento. Esperar que uno pueda liberarse de los defectos a través de la meditación o diversas técnicas «catárticas» es un error. Aun si una persona obtiene la posibilidad de entrar en los eones del Espíritu Santo y experimentar al Padre, esto no «quemará» sus defectos y ellos seguirán manifestándose. Lo que estoy diciendo no es una suposición, sino un hecho.

Por eso les aconsejo tener precaución con diversas «innovaciones» que aparecen en el ámbito espiritual. Por ejemplo, me he topado con un método para «liberarse de los defectos» que consistía simplemente en gritar los propios defectos durante mucho tiempo. Otro método absurdo que conocí fue inventado por un «pastor» ruso que trabajaba como instructor en un comité regional del partido comunista antes de la Perestroika. Él predicaba: «¡Maten a las arañas! ¡Ustedes serán absueltos de 40 pecados por cada araña que maten!». Es mejor apartarse de tales tontos para no convertirse en ciegos guiados por otros ciegos (Mateo 15:14).

Haciendo un resumen de este capitulo y de los capítulos anteriores, quiero repetir las conclusiones principales:

Las personas no caen en el infierno no terrenal debido a sus actos concretos, sino debido al hábito, formado en la Tierra, de permanecer en los estados de conciencia infernales. En cambio, los actos concretos que causan daño injustificado a otros seres vivos predeterminan para tal persona un infierno en la Tierra.

El primer e indispensable método para salvarse del infierno futuro es el arrepentimiento que consiste en la búsqueda de los propios defectos (imperfecciones, cualidades negativas, etc.) que provocan errores éticos (o pecados) y en el remordimiento sincero, cuya base es la empatía con las víctimas de estos errores.

El propósito del arrepentimiento no es conseguir perdón, sino liberarse de los defectos.

La segunda cosa que un practicante debe hacer al comienzo de su trabajo espiritual es refinar la conciencia. Este proceso empieza con la regulación de la propia esfera emocional a través de refrenar las emociones groseras negativas y fomentar las sutiles positivas, acostumbrándose de esta manera a los estados de la conciencia paradisíacos en lugar de los infernales.

Jesús el Cristo

Muchas personas (por lo menos, en Rusia) que se consideran cristianos creen que Cristo es algo así como el apellido de Jesús. Por eso estas dos palabras (Jesús y Cristo) están inseparablemente unidas en sus mentes.

No obstante, el hecho es que Cristo no es un apellido, sino, más bien, un título o un cargo. Christos es una palabra griega; su análogo en hebreo antiguo es Mashiaj o Mesías según la ortografía moderna. Con estas palabras se denomina a Aquel Que viene a la Tierra desde Dios Padre —como una Parte de Él— para brindar ayuda espiritual del nivel Divino superior a las personas encarnadas.

Para entender correctamente este fenómeno, debemos comprender bien lo expuesto en los capítulos anteriores, a saber, que Dios Padre es Una Conciencia Íntegra, pero al mismo tiempo es también el conjunto de las Conciencias anteriormente humanas Que se fusionaron con Él. Estas Conciencias estaban individualizadas antes, pero al lograr la autorrealización espiritual plena y al unirse con el Padre en Su Morada, comenzaron a habitar allí, disueltas Unas en Otras, y a formar una sola Integridad. Esta idea está expresada en el Evangelio de Juan (1:4): «En Él (en el Padre) estaba la vida y esta vida era la Luz de los hombres». También podemos leer sobre lo mismo en el Evangelio de Felipe (87): «Los Hijos de la Cámara Nupcial* tienen un solo Nombre (es decir, Todos Ellos son Dios Padre ahora)». No obstante, estas Conciencias Perfectas —Que fueron personas antes, pero Que luego se volvieron Uno con el Padre— pueden individualizarse de nuevo durante algún tiempo en forma del Espíritu Santo para cumplir una u otra tarea asignada por el Creador, de ser necesario.

Por lo tanto, es correcto considerar al Cristo como una Parte de Dios Padre, entendiendo al mismo tiempo que Él no siempre fue así, sino que también tuvo Su pasado humano. ¿Cuándo? ¿En el Manvantara actual o en uno anterior? Esto no importa. Lo que importa es que después de alcanzar la Perfección total y unirse con Dios, Él regresó a la gente con la Misión de ayudarles desde la Morada de la Conciencia Primordial, siendo una Parte de esta Conciencia.

Han existido varios Cristos durante la historia de la humanidad. Ellos vinieron a la Tierra en diferentes momentos y a diferentes naciones creando cada vez un foco de la cultura espiritual y entregando el conocimiento sobre Dios, sobre el significado de la vida humana en la Tierra y sobre el Camino hacia la última Meta. Jesús el Cristo era uno de Ellos.

Antes de Jesús, Melquisedec era el Mensajero de Dios Padre en aquella región de la Tierra (Hebreos 7).

Jesús Mismo también predijo el advenimiento de un Mesías Que no nacería de una mujer: «Cuando ustedes vean a Aquel Que no fue nacido de una mujer, póstrense y venérenlo; Él es su Padre» (el Evangelio de Tomás, 15). Así apareció en nuestros tiempos Babaji de Haidakhan (India), Quien materializó para Sí un cuerpo adulto en 1970 y vivió en éste entre las personas durante 14 años.

La descripción de la niñez de Jesús muestra que, teniendo sólo 12 años, Él ya asombró a los maestros de Jerusalén en una conversación espiritual (Lucas 2:42-52).

El siguiente período de la vida de Jesús está descrito en dos fuentes: La Vida de San Issa*, el Mejor de los hijos de los hombres y en el Evangelio Tibetano. Esto es lo que dice el primero:

«Cuando Issa llegó a la edad de trece años, época en la cual un israelita debe escoger una esposa, la casa donde Sus padres se ganaban la vida se convirtió en lugar de reunión para las personas ricas y nobles, deseosas de tener como yerno al joven Issa, ya famoso por Sus edificantes discursos en el nombre del Omnipotente. Sin embargo, Issa abandonó Su casa paternal en secreto, partió de Jerusalén y se dirigió con los comerciantes hacia el río Indo (…)» (4:10-12).

En cada tierra que Jesús visitó durante aquellos años (la India, Tíbet y Persia), Él sanó a los enfermos, resucitó a los muertos, se opuso al paganismo y predicó la Verdad acerca del Único Dios Padre Universal y el Camino hacia Él, con la particularidad de que las personas de clase social baja eran Su audiencia favorita, tal como pasó más tarde en Judea.

Durante las homilías en la India, Él enseñaba:

«No rindan culto a los ídolos, ya que éstos no los oyen. No sigan los (cuatro) Vedas, en los cuales la verdad ha sido tergiversada. Nunca se consideren los primeros y nunca humillen a su prójimo.

»Ayuden a los pobres, apoyen a los débiles, no hagan mal a nadie y no codicien aquello que no tienen, pero que tienen los demás» (5:26-27).

En Persia, al contestar a las preguntas del sacerdote más alto del zoroastrismo, Jesús dijo lo siguiente:

«(…) Así como un bebé descubre en la oscuridad el pecho de su madre, de la misma manera su pueblo, conducido al error por su doctrina falsa y por sus rituales religiosos, ha reconocido (…) a su padre en el Padre de Quien Yo soy el anunciador.

»El Ser Eterno ha dicho a Su pueblo por medio de Mi boca: “No rindan culto al Sol (como a Dios), ya que éste es solamente una parte del mundo que Yo he creado para el hombre.

»El Sol sale para calentarlos durante su trabajo y se pone para permitirles el reposo que Yo he fijado.

»A Mí y sólo a Mí Me pertenece todo lo que ustedes poseen, todo lo que se encuentra alrededor de ustedes, sobre ustedes o debajo de ustedes”.

»“Pero —los sacerdotes objetaron— ¿cómo podría vivir un pueblo según las leyes de justicia si no tuviera a ningún mentor?”.

»Entonces Issa les contestó: “Mientras las personas no tenían ningún sacerdote, la ley natural las gobernaba, y ellas conservaban el candor de las almas.

»Las almas estaban en Dios y para conversar con el Padre, ellas no tenían que recurrir a ningún ídolo o animal o fuego, como se practica aquí”.

»(…) El Sol no actúa conforme a su voluntad, sino conforme a la Voluntad del Creador invisible Que le dio origen.

»(…) El Espíritu Eterno es el Alma de todo lo animado. Ustedes cometen un gran pecado dividiéndolo en un “Espíritu del Mal” y un “Espíritu del Bien”, pues sólo existe el Dios del Bien, Que, como el padre de una familia, no hace sino el bien a sus hijos perdonándoles todas sus faltas si ellos se arrepienten.

»En cambio, el “Espíritu del Mal” mora en la Tierra en (…) aquellos que desviaron a los hijos de Dios del Camino del deber.

»¡Y Yo les digo: Tengan miedo del Día del Juicio en el cual Dios infligirá un castigo terrible a todos aquellos que hayan desviado a Sus hijos del Camino del deber y los hayan llenado de supersticiones y prejuicios! (…)» (8:8-20)

También existe un registro de las palabras que Jesús dijo a los tibetanos:

«Yo vine para demostrar las capacidades humanas. Lo que Yo hago, (que) todos lo hagan. Lo que Yo soy, (que) todos lo sean. Estos dones pertenecen a los pueblos de todos los países, (son) el agua y el pan de la vida» (el Evangelio tibetano).

Jesús «regresó a la tierra de Israel» recién a la edad de 29 años (La Vida de San Issa, 9:1). Lo que Él hizo y dijo allí llegó a ser bien conocido por las generaciones futuras.

Al volver a Su tierra natal, Jesús halló a varios discípulos-ayudantes y comenzó a viajar con ellos y a visitar muchos pueblos y ciudades haciendo milagros tales como sanar a los enfermos y resucitar a los muertos. También Él habló en sinagogas, en casas y al aire libre acerca de cómo el Padre Celestial quiere que sea la gente.

Miles de personas escuchaban a Jesús, veían Sus milagros y fueron sanadas de sus enfermedades. Algunas de estas personas dejaban todas sus ocupaciones terrenales y se Le unían con el fin de viajar con Él y aprender de Él.

Él les enseñaba explicando el Camino hacia la Perfección y mostrando los métodos de sanación espiritual, así como las técnicas meditativas.

Sin lugar a dudas, Él quería que ellos fueran personas a quienes Él pudiera transmitir todo el conocimiento más alto sobre el Padre. Él soñaba con que ellos también entraran en Su Morada. «¡Padre, quiero que los que Tú Me has dado estén Conmigo donde Yo estoy! (…)» (Juan 17:24)

No obstante, cuando Él decía algo que era superior a su capacidad de entender, ellos Le sorprendían con su falta de entendimiento, y muchos Lo abandonaron dudando sobre lo adecuado de Sus palabras e incluso sobre Su salud mental (Juan 10:19-20; 13:36-38; 14:5-7; 16:17-18; Lucas 9:54-56 y otros).

Hasta Su madre y Sus hermanos fueron una vez al lugar donde Él predicaba para llevarlo a casa, ya que, debido a las cosas que decía, pensaron que estaba demente (Marcos 3:21,31-35).

Al final —después de tres años de sermones, milagros y enseñanzas— Él se quedó sólo con 12 discípulos masculinos (uno de los cuales era Judas Iscariote, quien Lo traicionó después) y María Magdalena.

¿Y adónde se fueron todas aquellas muchedumbres de personas entusiasmadas que escuchaban Sus prédicas, que comían el alimento materializado por Él y a quienes Él sanó de diversas enfermedades?

Resultó que las Enseñanzas sobre los propios esfuerzos que uno debe hacer para entrar en el Reino de Dios no interesaban a aquellas muchedumbres. Ellos sólo querían que Jesús los sanara y les prestara Su atención (Lucas 9:11).

Jesús lo vio y empezó a evitar las multitudes. «(…) Y grandes multitudes se reunían para escucharlo y para sanarse de sus enfermedades. Pero Jesús a menudo se retiraba a lugares solitarios (…)» (Lucas 5:15-16).

Pues sí, Él sanó a algunos de ellos, pero no podía continuar para siempre de esta manera. Él quería que las personas aprendieran una verdadera fe, que hicieran sus propios esfuerzos para llegar a ser mejores, y entonces las enfermedades se marcharían por la Voluntad del Padre. «¡Oh generación infiel y perversa! ¿Hasta cuándo tengo que estar con ustedes soportándolos?», exclamó una vez viendo lo desesperante de esta situación (Lucas 9:41).

Pero la muchedumbre, incitada en contra de Él por los sacerdotes, se enfadaba cada vez más. «(…) Ustedes buscan matarme (sólo) porque Mi palabra no cabe en ustedes (…)», dijo una vez tratando de hacerlos razonar (Juan 8:37).

No obstante, era demasiado tarde, y una muchedumbre de personas resentidas, primitivas y llenas de deseos se excitaba crecientemente, dado que ellos querían recibir más, pero Él ya no les daba.

Pronto las mismas personas gritaban a Pilatos: «(…) ¡Crucifícalo, crucifícalo!» (Lucas 23:21).

«Y ellos, habiendo agarrado al Señor, Lo empujaban a toda prisa y decían: “¡Arrastremos al Hijo de Dios, ahora que somos dueños de Él!”. Y ellos Lo revistieron con un manto de púrpura y Lo hicieron sentarse en el Tribunal diciendo: “¡Juzga equitativamente, Rey de Israel!”. Y uno de ellos, habiendo traído una corona de espinas, la colocó sobre la cabeza del Señor. Y otros, puestos delante de Él, Le escupían en el rostro, y otros Le pegaban en las mejillas, y otros Lo golpeaban con una caña, y algunos Lo azotaban con un látigo diciendo: “¡Tributemos estos honores al Hijo de Dios!”.» (El Evangelio de Pedro, 3.1-3.4)

¿Por qué los sacerdotes tampoco Lo aceptaron? En efecto, no había ninguna diferencia formal entre ellos y Jesús en cuanto a la base de la fe. Todos hablaban sobre el mismo Dios Padre y todos, durante las discusiones, citaban la misma Biblia hebrea.

Pero, en realidad, había diferencias muy grandes entre ellos. Jesús predicaba la Verdad sobre el Dios Vivo a Quien conocía muy bien personalmente, mientras que los sacerdotes sólo creían en Dios sin conocerlo. Con la ayuda de la religión, ellos afianzaron para sí un buen rango social y bienestar material y, por lo tanto, querían proteger los fundamentos de su confesión.

¿De qué constaban estos fundamentos? De diversas ceremonias religiosas, de reglas de vida cotidiana y de medidas represivas contra sus transgresores*.

Tales estructuras confesionales, formadas a lo largo de muchos siglos, se sustentan en los templos, en los oficios religiosos impresionantes, en una ideología que impregna a la sociedad entera y en el miedo al castigo de Dios por la desobediencia, inculcado en las mentes de las personas. En esas condiciones, los sacerdotes de estas confesiones se exasperan muchísimo si alguien empieza a perturbar su estilo de vida y dice que las cosas están mal y que los sacerdotes son unos hipócritas que no conocen a Dios, sino que sólo engañan a las personas.

Así fue y será con todas aquellas confesiones «masivas» que ponen énfasis en los rituales y en las reglas de conducta olvidando inevitablemente al Dios Vivo.

En la Judea de aquel tiempo, el «perturbador» que se opuso a la hipocresía religiosa fue Jesús el Cristo, el Mensajero de Dios Padre.

Jesús sabía del Padre que el fin de Su vida terrenal se aproximaba. También supo qué tipo de muerte iba a sufrir.

¿Pudo evitar esto? ¡Por supuesto! Simplemente podría haber dejado Judea con Sus discípulos, y todos habrían quedado satisfechos, la gente se habría calmado y olvidado de Él.

Pero Jesús no se fue. ¿Por qué?

Porque si lo hubiera hecho, nadie se habría acordado de Él después de unos años, no habría existido ninguna iglesia cristiana ni el Nuevo Testamento.

Por eso el plan era diferente.

Consistía, primero, en cumplir con exactitud todas las profecías sobre la vida terrenal del Cristo-Salvador, incluso aquellas que decían que «ninguno de Sus huesos será quebrado» y «ellos mirarán al Que han traspasado». En otras palabras, cuando los soldados quebraron las piernas de los dos delincuentes crucificados con Jesús, para que murieran antes del anochecer, Jesús ya había dejado Su cuerpo, por lo que los soldados solamente traspasaron Su costado con una lanza (Juan 19:31-37).

Segundo, el día de Su muerte y los siguientes estuvieron acompañados por muchos milagros: la oscuridad cayó demasiado pronto; el velo del templo de Jerusalén se rasgó en dos (Lucas 23:44-45); el cuerpo de Jesús desapareció del lugar donde fue puesto; Jesús apareció varias veces ante Sus discípulos materializando Su cuerpo, conversando con ellos y consolándolos.

Con todo, la mayoría de la gente estaba asombrada, más que de cualquier otra cosa, por la evidente «Resurrección de Jesús de entre los muertos». Aunque estas personas eran religiosas, no entendían que después de dejar el cuerpo, cada uno resucita en el «otro mundo» en una forma no corpórea (Mateo 22:30). Jesús demostró esto e hizo mucho más, a saber, con Su Poder Divino Él desmaterializó Su cuerpo que fue bajado de la cruz y luego volvió a materializarlo temporalmente varias veces.

Sus discípulos más cercanos, y también Pablo, así como muchos otros después, consagraron sus vidas a la prédica del Hijo de Dios Que vino a la Tierra, Que fue crucificado y Que después resucitó, Quien enseñó sobre el Padre Celestial, el Dios Vivo, y sobre cómo entrar en Su Morada.

Jesús sobre Sí Mismo

«(…) ¡Yo he salido y he venido de Dios! (…)» (Juan 8:42)

«(…) ¡Él Me envió!» (Juan 8:42)

«(…) ¡No he descendido del Cielo para hacer Mi voluntad, sino la Voluntad de Aquel Que Me envió!» (Juan 6:38)

«¡Así como el Padre Me conoce, Yo también conozco al Padre! (…)» (Juan 10:15)

«¡Yo y el Padre somos uno!» (Juan 10:30)

«(…) ¡El Padre está en Mí y (…) Yo estoy en el Padre!» (Juan 10:38)

«(…) ¡Y Yo le digo al mundo lo que he oído de Él!» (Juan 8:26)

«¡Yo hablo de lo que he visto en presencia del Padre! (…)» (Juan 8:38)

«(…) ¡El Que Me envió está Conmigo, y no Me ha dejado solo, porque Yo siempre hago lo que Le agrada a Él!» (Juan 8:29)

«¡Yo no puedo hacer nada de Mí Mismo!» (Juan 5:30)

«(…) ¡Yo amo al Padre! (…)» (Juan 14:31)

«¡Padre justo, (…) Te he conocido!» (Juan 17:25)

«¡Yo vine a traer Fuego a la Tierra! ¡Y cómo quisiera que ya estuviera ardiendo!» (Lucas 12:49)

«¡Yo soy la Luz que vino al mundo para que todo el que crea en Mí no permanezca en la oscuridad!» (Juan 12:46)

«¡Yo soy la Luz del mundo! ¡El que Me siga nunca caminará en la oscuridad! (…)» (Juan 8:12)

«¡Yo soy la puerta! ¡Quien entra por Mí se salvará! (…)» (Juan 10:9)

« (…) ¡Yo vine para que tengan vida, y la tengan en abundancia!» (Juan 10:10)

«¡Yo soy el buen Pastor! ¡El buen Pastor da su vida por las ovejas!» (Juan 10:11)

«(…) ¡Doy Mi vida por las ovejas!» (Juan 10:15)

«¡Mis ovejas oyen Mi voz! ¡Yo las conozco, y ellas Me siguen!» (Juan 10:27)

«(…) ¡Aprendan de Mí (…), y hallarán reposo! (…)» (Mateo 11:29)

«Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida (…). ¡Si Me conocieran, conocerían también a Mi Padre! (…)» (Juan 14:6-7)

«(…) ¡Yo sé de dónde he venido y a dónde voy! (…)» (Juan 8:14).

«A donde voy, ustedes no pueden ir (ahora)» (Juan 8:21).

«Por eso el Padre Me ama, porque Yo doy Mi vida para recibirla de nuevo. Nadie Me la quita, sino que Yo Mismo la doy. Yo tengo autoridad para darla y tengo autoridad para tomarla de nuevo. Éste es el mandamiento que he recibido de Mi Padre» (Juan 10:17-18).

«(…) ¡Permanezcan en Mi amor! ¡Si guardan Mis mandamientos, permanecerán en Mi amor, así como Yo he guardado los mandamientos de Mi Padre y permanezco en Su amor!» (Juan 15:9-10)

«¡El que está cerca de Mí está cerca del Fuego, y el que está lejos de Mí está lejos del Reino (de Dios)!» (El Evangelio de Tomás, 82)

«¡El que ama al padre o a la madre más que a Mí no es digno de Mí! ¡Y el que ama al hijo o a la hija más que a Mí no es digno de Mí! (…)» (Mateo 10:37)

«¡Todavía tengo muchas cosas que decirles, pero no pueden soportarlas ahora!» (Juan 16:12)

«(…) ¡Voy al Padre, porque el Padre es mayor que Yo!» (Juan 14:28)

Expansión del cristianismo

Como ya lo hemos discutido, para pesar de Jesús, Él no pudo encontrar a las personas que pudiesen rápidamente llegar a ser similares a Él. Los apóstoles, probablemente, eran las mejores personas en Judea, pero sus edades psicogenéticas no eran suficientemente elevadas como para permitirles comprender total e inmediatamente el conocimiento Divino.

Uno de los ejemplos es un reproche que Leví hizo a Pedro un tiempo después de que Jesús hubiera dejado la vida terrenal: «¡Pedro, siempre fuiste impulsivo!» (El Evangelio de María Magdalena, 18).

También es conocido que Pedro tenía prejuicios contra María Magdalena porque ella —una mujer— era uno de los discípulos favoritos de Jesús y preferida por Él sobre todos (El Evangelio de Tomás, 114).

En otras palabras, Pedro, en el transcurso de su aprendizaje con Jesús, no había aprendido a regular sus emociones y a vivir en amor cordial, ni tampoco se había liberado de la arrogancia.

Después de la crucifixión de Jesús, Sus discípulos, estremecidos por Su muerte y los milagros que la siguieron, continuaron Su obra tanto como pudieron. Todos ellos predicaban, y muchos habían empezado a trabajar con sus propios discípulos. Para esto la mayoría se quedó entre los judíos. No obstante, el apóstol Tomás viajó a través de Siria hacia el Este y donde pudo —desde la India hasta la China— estableció comunidades cristianas. La iglesia siria y la iglesia india de Malabar, fundadas por él, existen hasta ahora (ver más detalles en [24]).

El ex perseguidor y asesino de los cristianos Pablo también se unió a los apóstoles después de ser convertido a la nueva fe por Jesús no encarnado (Hechos 9).

Algunos de los discípulos de Jesús redactaron sus propias escrituras, las cuales han sobrevivido hasta hoy. Entre estos discípulos están Mateo, Juan, Tomás, Pedro, Santiago, Felipe, Judas (no el Iscariote), María Magdalena, Nicodemo, Pablo y los discípulos evangelistas indirectos de Jesús Marcos y Lucas.

Según los Evangelios, Juan y María Magdalena eran los discípulos más amados por Jesús. El Evangelio escrito por Juan es uno de los mejores por su calidad y volumen. Juan también es el autor de las tres Epístolas a los discípulos, de las cuales la primera contiene muchos preceptos y consejos valiosos.

Sin embargo, Juan también escribió dos textos que difieren mucho de las escrituras mencionadas anteriormente. El primero se llama El Apócrifo de Juan y el segundo es La Revelación de San Juan (El Apocalipsis), incluido al final del Nuevo Testamento.

El Apócrifo fue escrito por Juan poco después de la crucifixión de Jesús, es decir, antes de que escribiera las Epístolas. Uno puede entender del Apócrifo que, aunque Juan estaba escribiendo cuidadosamente todos los mandamientos del Maestro, aunque había abarcado el aspecto más importante de Sus Enseñanzas, el amor cordial, no había logrado comprender con su mente, en el transcurso de su comunicación con el Mesías encarnado, la esencia de Su advenimiento a la Tierra ni tampoco la esencia del Padre, Quien Lo envió. Juan pregunta a Dios cosas como: «(…) ¿Por qué el Salvador fue escogido? ¿Por qué fue enviado al mundo por Su Padre? ¿Quién es Su Padre, Que Lo envió? (…)» (El Apócrifo de Juan, 1:6-7).

Entonces él recibe las respuestas sobre la naturaleza del Padre, del Espíritu Santo y del Cristo, así como sobre la creación del mundo.

Pero más tarde la intelectualidad de Juan fue puesta a prueba, lo que es común durante los contactos proféticos. Después de aproximadamente un tercio del texto, la narración cambia su carácter y aparecen frases sin sentido y sin ningún valor. La idea de Dios en tales casos es la siguiente: ¿entenderá el oyente esta broma-prueba? Juan no la entendió, no pasó la prueba de su intelectualidad. Él tomó todo en serio, anotó todo escrupulosamente y lo compartió con sus compañeros apóstoles.

Lo mismo ocurrió cuando Juan escribía su Apocalipsis, que se parece a una pesadilla (por decir lo menos). Su temática no es la prédica del Camino hacia la Perfección a través de la fe, el amor y el trabajo dedicado a la transformación de uno mismo, sino las amenazas y las profecías sobre desastres y catástrofes. El texto está desprovisto no sólo del Amor Divino, sino también de cualquier valor positivo para los lectores y sólo los distrae de las cosas más importantes incitando a infructuosas reflexiones sobre el futuro, mientras que Dios nos enseña a vivir y a trabajar aquí y ahora.

El Apocalipsis de Juan, incluido en el Nuevo Testamento, se convirtió en una prueba de intelectualidad y espiritualidad, una prueba-tentación, para millones de personas que estudian el cristianismo. Y muchos se tentaron, porque el Apocalipsis, puesto al final del Nuevo Testamento, tacha y desecha, por decirlo así, las Enseñanzas de Jesús sobre la aspiración a Dios y el autoperfeccionamiento a través del amor. Así, algunos escogen en el Nuevo Testamento las prédicas santas sobre el amor, la pureza y la aspiración a Dios Padre, mientras que otros se sintonizan con escenas repugnantes de terror, plagas, sangre y pus prometidos y las saborean, escarbando con la mente en esta suciedad en vez de sintonizarse con el bien y con la belleza, en vez de aprender a amar a las personas, a toda la Creación y al Creador.*

Un caso similar le sucedió a Nicodemo. Él escribió un buen Evangelio acerca de los últimos días de la vida terrenal de Jesús, pero terminó su narración describiendo su sueño en el cual Jesús sacaba a los pecadores del infierno.

Otra parte del Nuevo Testamento que tiene un valor ambiguo y que requiere una discusión especial son las Epístolas del apóstol Pablo.

Están llenas de contradicciones: desde las muy valiosas Revelaciones y las prédicas de amor tierno hasta el maldecir enfadado de un intolerante «moralista».

¿Cuál es la razón? Para entenderlo, debemos examinar la historia de la formación de Pablo como un cristiano.

Al principio era un enérgico y agresivo perseguidor, verdugo y asesino de cristianos.

Sin embargo, una vez, cuando pasaba por un camino, oyó la voz de un Interlocutor invisible: «Saulo, Saulo, ¿por qué Me persigues?» (Hechos 9:4). Aunque Pablo era un verdugo y un sádico, también creyó en Dios y entendió rápidamente de qué se trataba.

Y se trataba de que el Señor no sólo decidiera detener al sangriento tirano, sino que también usar su notable y fanática energía para el bien de la Providencia Divina.

Así, después de hacer caso a las palabras de Dios, Pablo dejó de ser un violento perseguidor de cristianos y se convirtió en un inquieto divulgador de las Enseñanzas de Jesús.

Pablo escribe acerca de esto lo siguiente: «Doy gracias al Cristo Jesús, (…) Quien me fortaleció, porque me encontró fiel, poniéndome en el ministerio, a mí quien antes era un blasfemo, un perseguidor y un ofensor. Pero obtuve misericordia, porque siendo ignorante, lo hice en incredulidad. Y la gracia de nuestro Señor fue sumamente abundante, con fe y amor. Fiel es la palabra y digna de toda aceptación, que el Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores de quienes yo soy el primero. Por esta causa obtuve misericordia, para que en mí, Jesús el Cristo pueda mostrar toda Su clemencia, como un modelo para aquellos que están a punto de creer en Él para la Vida Eterna» (1 Timoteo 1:12-16).

Todo esto pasó después de la crucifixión de Jesús. Pablo nunca se encontró con Él en carne y hueso y sólo un tiempo después tuvo contactos personales con Sus discípulos. Pero habiendo aceptado el cristianismo, Pablo se rindió completamente a la guía de Dios y, con toda su notable energía, comenzó a trabajar sobre la transformación de sí mismo usando, entre otras cosas, los métodos meditativos dados por Dios.

Además de esto, Dios asigna a Pablo una misión especial: llevar la nueva fe a los paganos del Imperio romano fuera de Judea.

Pablo predicó ardientemente, creó nuevas comunidades cristianas, discutió con líderes religiosos de paganos. Muchas veces fue golpeado hasta la muerte, pero cada vez Dios lo devolvía al cuerpo, y Pablo se lanzaba de nuevo a la lucha.

Él escribió muchas Epístolas dirigidas a las diferentes comunidades cristianas. En éstas hay, entremezclados, temas tan contradictorios, tan diferentes en estilo y nivel intelectual, que algunos historiadores incluso propusieron la hipótesis de que «las enseñanzas morales» fueron agregadas a las Epístolas de Pablo por otra persona. Pero la explicación de estas contradicciones deriva lógicamente del carácter contradictorio del propio Pablo.

Él simplemente no pudo cambiar por completo. Para transformarse totalmente en una persona Divina, él necesitaba unos 10 años de aprendizaje tranquilo. No obstante, no los tuvo, y luchaba apasionadamente contra su carácter anterior mientras daba homilías, recibía palizas, vagaba hambriento y con frío o estaba encarcelado.

Así que, perdonémosle que él mezclara las Revelaciones más altas de Dios con su odio hacia «los homosexuales» y «los adúlteros». También él fue quien, por primera vez en la historia del cristianismo, pronunció, en oposición a las Enseñanzas de Jesús, un «anatema»: la maldición en nombre de la iglesia cristiana (1 Corintios 16:22).

Sus Epístolas hicieron mucho bien para la humanidad, pero también se volvieron una tentación poderosa para las generaciones futuras de cristianos, tentación aún más poderosa que el Apocalipsis de Juan. Es así, porque siendo incluidas en el Nuevo Testamento, «legitimaron» no sólo la ternura, la bondad, la armonía, el perdón, sino también las cualidades opuestas: el odio, la intolerancia airada hacia aquellos que «no son como yo», las maldiciones…

También Pablo y Juan fueron quienes desarrollaron una teoría absurda de que uno puede lavar sus pecados con la sangre de los demás, con el sufrimiento de los demás. (Nosotros discutimos esto al principio del capítulo «Arrepentimiento»). Ellos declararon en sus Epístolas que el inocentemente muerto Jesús fue un Cordero de Dios, enviado por el Padre como un sacrificio para Sí Mismo por la expiación de los pecados humanos. «Lo que la ley, debilitada por la carne, no pudo hacer, lo hizo Dios enviando a Su propio Hijo, en la semejanza de carne pecadora, como sacrificio por el pecado (…)» (Romanos 8:3), «(…) La sangre de Jesús el Cristo, Su Hijo, nos limpia de todo pecado» (1 Juan 1:7), «(…) Él es la propiciación (para Dios Padre) por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Juan 2:2), «(…) Él apareció con el fin de quitar nuestros pecados (…)» (1 Juan 3:5). De esto resulta que lo único que debemos hacer es creer que Jesús era en realidad el Cristo. No hay que hacer nada más, puesto que nuestros pecados ya están perdonados y el paraíso está garantizado…

* * *

El cristianismo se establecía con dificultades en el Imperio romano. Había persecuciones y matanzas de cristianos. Ellos fueron crucificados a lo largo de los caminos. Entonces otros cristianos se rendían voluntariamente a los verdugos para morir en cruces por la fe y asemejarse a Jesús por lo menos en esto.

Qué diferencia con los «creyentes» actuales que se llaman a sí mismos cristianos y que ni siquiera son capaces de hacer esfuerzos mínimos para mejorarse, por ejemplo, «no pueden» dejar de fumar.

Por la Voluntad de Dios y gracias a los hechos personales de los apóstoles y otros héroes, el cristianismo se extendió, con el tiempo, por la mayor parte de Europa y después por América del Norte y del Sur, así como por Australia. También hay muchos cristianos en Asia y África. Hoy en día aproximadamente un tercio de la población de la Tierra profesa el cristianismo. Después de casi mil años a partir de su nacimiento, el cristianismo vino a Rusia [24,27].

Ahora nosotros debemos llegar a una importante comprensión. La palabra cristianismo tiene dos significados fundamentalmente diferentes: el cristianismo como las Enseñanzas de Jesús el Cristo y el cristianismo como el producto de la interpretación de las personas en diferentes países y en diferentes épocas históricas.

Desde el mismo principio del cristianismo hasta nuestros días, ha habido verdaderos seguidores de Jesús y también personas que simplemente se han enmascarado como cristianos con el fin de satisfacer sus bajas pasiones, tales como el deseo de dominar sobre los demás, robar, burlarse, matar, etc. Hubo y hay personas que no entendieron nada de las Enseñanzas de Jesús, pero que se consideran verdaderos creyentes; probablemente, son una mayoría. Con todo, estos capítulos no son sobre la historia del cristianismo terrenal, sino sobre las Enseñanzas de Jesús el Cristo.

Libre albedrío

Alguien puede preguntar: ¿y cómo fue posible que Dios haya permitido que el contenido erróneo fuese incluido en el Nuevo Testamento?

La respuesta es la siguiente: uno de los principios más importantes del trabajo de Dios en el proceso de nuestra educación es darnos suficiente libre albedrío, es decir, el derecho a escoger el propio camino en la vida. ¿Quieres venir a Mí? ¡Ven! ¡Toma Mi mano, Yo te ayudaré! ¿Quieres ir en la dirección opuesta? Bueno, puedes ir, pero intenta, por favor, encontrarme de todas maneras. Yo constantemente estaré haciéndote acordar de Mí.

A lo que una persona aspira con su mente y con la conciencia es un indicador importante para Dios de cómo y con qué métodos ayudar a esta persona. Para tener la posibilidad de aplicar este principio, Dios permite que la información tentadora sea incluida aun en los libros Sagrados que describen el Verdadero Camino.

Nosotros podemos considerar todo esto como lecciones de psicología dadas por nuestro Maestro Supremo. Estas lecciones incluyen pruebas frecuentes del nivel de nuestro avance espiritual y de nuestro desarrollo intelectual y ético.

Con respecto a lo antedicho, es apropiado dar unas citas del Nuevo Testamento. De la primera Epístola de Pablo a los Corintios (6:12): «Todo me está permitido, pero no todo es para mi bien (…)».

Lo mismo fue dicho por Jesús: «Ay del mundo por las tentaciones. ¡(Pero) es necesario que las tentaciones vengan! Con todo, ¡ay de aquel por quien viene la tentación!» (Mateo 18:7).

El principio del libre albedrío implica que los totales de cada etapa del proceso educativo se sacan periódicamente en lugar de «castigar» o «premiar» por cada decisión tomada por la persona. Para ilustrarlo, Jesús narró una parábola sobre un sembrador (Mateo 13:24-30):

Un hombre sembró buena semilla en su campo. Pero mientras todos dormían, llegó su enemigo, sembró la cizaña entre el trigo y se fue. Cuando nacieron los brotes y fue posible distinguir la cizaña, los siervos le preguntaron al patrón: «¿No sembraste buena semilla en tu campo? Entonces, ¿de dónde apareció la cizaña?… ¿Quieres que vayamos y la arranquemos?». «¡No! —él les contestó—, no sea que al arrancar la cizaña arranquen también el trigo. Dejen que crezcan juntas hasta la siega. Y en el tiempo de la siega, yo diré a los segadores: “Recojan primero la cizaña y átenla en manojos para quemarla, luego recojan el trigo y guárdenlo en mi granero”».

En esta parábola, «las semillas» son la verdadera o falsa información. Gracias a ésta, el campo puede dar una buena «cosecha» o «mala hierba». Cada persona tiene tiempo necesario hasta la «siega» para escoger, a través de la búsqueda y decisiones personales, lo que él o ella quiere llegar a ser: «trigo» o «cizaña».

Cuando algo te tiente, Jesús aconsejó tratarte severamente a ti mismo por tu propio bien: «¡Si tu mano o tu pie te tienta, córtalo y échalo de ti! ¡Es mejor que entres en la Vida (Verdadera) cojo o manco que con dos manos o dos pies seas echado en el fuego eterno (del infierno)! ¡Y si tu ojo te tienta, sácalo y échalo fuera de ti! ¡Es mejor que entres en la Vida con un solo ojo que con dos ojos seas echado en el gehena de fuego!» (Mateo 18:8-9)

Este tipo de lucha con uno mismo es también una expresión del libre albedrío.

Y usando el libre albedrío es como nosotros formamos nuestros destinos.

Con todo, el libre albedrío no es ilimitado.

Dios interfiere, por ejemplo, cuando para alguien es hora de hacer un cambio en su vida, pero la inercia del movimiento anterior lo impide. Recordemos siquiera los cambios drásticos en las vidas de aquellos que tuvieron la felicidad de convertirse en los discípulos directos de Jesús, el viraje radical de la vida de Pablo o los destinos de muchas personas que posteriormente fueron salvadas de la oscuridad de la ignorancia por las Enseñanzas de Jesús el Cristo.

Dios también interfiere en casos en los cuales las personas intentan hacer algo que no debe pasar, algo que dañaría el progreso espiritual de las almas encarnadas. Si lo vemos de otra manera, entonces no entendemos todo, estamos en un error.

Dios posee el Amor perfecto, la Sabiduría perfecta y el Poder perfecto. Él no puede pasar algo por alto, errar en algo. No tiene ningún enemigo que sea capaz de luchar eficazmente contra Él. Los cuentos sobre Sus «batallas» con el diablo no son nada más que cuentos, y cuando una persona los toma en serio, esto caracteriza su nivel intelectual. Dios puede materializar o desmaterializar cualquier cosa, por ejemplo, el cuerpo de un malvado que intenta hacer algo que no debe pasar (¡objetivamente!).

Pero si algo así pasó, significa que debía haber pasado, y Dios estaba consciente de eso desde el mismo principio. Nuestra tarea en este caso es intentar entender la causa.

Debemos aprender a confiar en Él. (Aunque no debemos hacer cosas tontas por las que Él tenga que causarnos dolor).

¡Si la conciencia está limpia, uno no tiene nada que temer! Pero si no está limpia, hay que arrepentirse sinceramente y enmendar lo que hemos hecho mal.

Y si, teniendo la conciencia limpia, tememos a algo terrenal (excepto causar daño a los otros por nuestra imprudencia e inexperiencia), entonces nuestra fe todavía es débil, nuestro amor por Él es débil. «En el amor, no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor (…). Quien teme no se ha perfeccionado en el amor» (1 Juan 4:18). «(…) Ni uno de (…) (los pajarillos) caerá a la tierra sin la Voluntad de su Padre. (…) Aun los cabellos en sus cabezas están todos contados. ¡Así que no teman, pues ustedes valen más que muchos pajarillos!» (Mateo 10:29-31)

Algunos dicen que no hay ningún Dios, porque existen terremotos, huracanes y guerras, o que Él es malo y, por lo tanto, no queremos creer en Él, o que Él no puede vencer al diablo… Estas personas deben entender que el plan de Dios no consiste en crear un paraíso en la Tierra para nosotros. Si hubiese un paraíso en la Tierra, entonces no tendríamos ese estímulo tan poderoso para tratar de llegar a otro lugar.

Al contrario, debemos recordar que aquí no hay que vivir perezosamente, si no Él nos apurará a través del dolor para nuestro propio bien.

La vida en la Tierra no es la Verdadera Vida. Es sólo un corto curso educativo, una posibilidad para llegar a ser mejor, para corregir el destino de la vida que viene y para acercarse a la Última Meta.

Y si no hubiese ninguna guerra u otras calamidades, sería imposible demostrar heroísmo abnegado a causa de los demás o, por el contrario, traicionar como resultado de tener miedo al dolor o a la muerte del propio cuerpo.

Los cataclismos terrenales son simplemente un acelerador de la evolución de las personas involucradas en éstos. Es una posibilidad para llegar a ser mejor.

Destino

Ya fue mencionado que la evolución de cada alma continúa por muchos miles de años y que los intervalos entre las encarnaciones son normalmente mucho más largos que los estados encarnados. De esto se desprende que pasamos la mayor parte de la vida en forma incorpórea. Desde este estado observamos cómo muchas personas encarnadas vagan sumergidas en las ilusiones materiales.

No obstante, después de encarnar, nos olvidamos completamente, durante la niñez temprana, de todo lo que había pasado antes del nacimiento en la Tierra. Esto sucede porque la vida en el estado encarnado es muy diferente a la vida anterior: las capacidades de percepción de una conciencia después de su encarnación en un cuerpo material se reducen significativamente. Ahora es capaz de percibir sólo aquella parte de información que le llega a los órganos materiales de los sentidos de su nuevo cuerpo. Ya no posee más la libertad de moverse a la velocidad del pensamiento que poseía anteriormente ni la facultad de percibir todo directamente sin los órganos de los sentidos.

Aunque olvidamos todo lo que estaba antes del nacimiento, la vida no empieza de nuevo, sino que simplemente continúa en conformidad con el destino formado en la encarnación previa.

Habiendo nacido en la Tierra, cada uno de nosotros ya tiene su propio destino, que no es otra cosa sino un plan óptimo de desarrollo futuro, trazado por Dios. Es una línea de destino innata que fue formada tomando en cuenta lo que uno ya había aprendido y lo que debe aprender en su nueva vida terrenal.

Cuando un niño alcanza la edad en la cual es capaz de tomar decisiones éticamente importantes, surge la posibilidad de influir en su destino y cambiarlo para mejor o peor.

La educación correcta o equivocada puede tener un efecto significativo sobre la vida de un niño. Pero no debemos olvidar que unos u otros padres (capaces de dar una u otra educación) y el ambiente social donde el nacimiento tuvo lugar, todos estos factores también fueron previstos por Dios de acuerdo con el destino de esta persona.

Las posibilidades de una persona encarnada están limitadas principalmente por el nivel de su madurez intelectual, de la cual depende su facultad de comprender información de uno u otro grado de complejidad.

Por ejemplo, las posibilidades de una persona oligofrénica son muy limitadas. Pero ¿quién es esta persona oligofrénica? ¿Es la única causa de su enfermedad el hecho de que sus padres hayan sido alcohólicos o que su madre haya tenido algún trastorno del embarazo? Pues no. Dios había tomado en cuenta estos factores antes de enviar esta alma a ese cuerpo. Y esta alma ya tenía su propio destino. Para los padres es también una manifestación de su destino. Con todo, ellos no dieron a luz a una persona desdichada que sufre de una enfermedad, sino a una que no ha desarrollado su intelecto todavía en el transcurso de su evolución personal.

Por otro lado, las personas que han progresado suficientemente en su autoperfeccionamiento intelectual durante sus vidas pasadas en la Tierra, después de haber encontrado el Camino correcto hacia la Meta religiosa más alta y teniendo el anhelo ferviente de alcanzarla, pueden hacer muchísimo, pueden, entre otras cosas, lograr la autorrealización espiritual plena y ayudar a los demás a avanzar hacia ésta.

Autoperfeccionamiento intelectual

El Nuevo Testamento nos proporciona la posibilidad de ver la religiosidad de personas de diferentes niveles intelectuales.

El nivel más alto está representado, por ejemplo, por Jesús Mismo. Ni siquiera Sus discípulos directos pudieron de una sola vez comprender con la mente Sus Enseñanzas en toda su profundidad.

El segundo nivel desde arriba es el de los discípulos más íntimos de Jesús, quienes intentaron entender al Maestro y en parte tuvieron éxito en esto.

El siguiente nivel es el de las personas de una clase social alta, quienes conocieron y siguieron tradiciones religiosas terrenales, rituales y reglas de conducta, pero fueron incapaces de percibir las palabras vivas de Dios.

Y el nivel más bajo es el de las personas que sólo pueden pensar según las siguientes fórmulas: «¡Ellos me dan, es bueno!», «¡Ellos dejan de darme, es malo!».

Que una persona posea un intelecto desarrollado no implica que su desarrollo ético también sea de alto nivel. Pero la perfección ética no es posible sin un intelecto desarrollado. Por consiguiente, si uno busca la autorrealización espiritual, también debe trabajar sobre su desarrollo intelectual.

¿Qué es lo que contribuye a este desarrollo? En primer lugar, la educación, diversos tipos de actividades (especialmente las de tipo creativo), el trabajo con libros y la investigación teórica. La sociedad moderna, desarrollada en los aspectos científicos y técnicos, nos da una excelente oportunidad para la aplicación y el perfeccionamiento de la mente.

La traducción del Nuevo Testamento al ruso está lejos de ser perfecta. El significado profundo de algunas declaraciones de Jesús fue alterado por traductores que eran incapaces de entender Sus ideas, ya que éstas eran superiores al nivel de su percepción intelectual.

Un error en la traducción de la siguiente frase causó un efecto especialmente desastroso: «Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos» (Mateo 5:3). De esta frase muchos lectores rusos concluyeron que Jesús predicaba el primitivismo intelectual y el parasitismo.

¡Pero Jesús quiso decir una cosa completamente diferente! Él no hablaba de la bienaventuranza futura de los mendigos parásitos, sino de las personas que dejaron de perseguir los bienes terrenales debido a la convicción espiritual, y no debido a la pereza, embriaguez u otras razones por el estilo. Así que, «Bienaventurados los pobres debido al espíritu», y no «en espíritu».

Serán bienaventurados en el Reino de los Cielos aquellos que renunciaron a la posesión de cosas terrenales, renunciaron a perseguir riqueza terrenal, pues el Padre Celestial será su Riqueza si ellos se dedican a buscarlo a Él. «¡No acumulen tesoros en la Tierra! (…) ¡Más bien, acumulen tesoros en el Cielo! (…) ¡Porque donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón también!» (Mateo 6:19-21) Éste es uno de los postulados más importantes de Sus Enseñanzas.

En cuanto a la sabiduría, Jesús enseñaba a Sus discípulos lo siguiente:

«(…) ¡Sean sabios (…) y puros! (…)» (El Evangelio de Tomás, 39)

Sobre el alcoholismo

«Me puse de pie en medio del mundo, en carne aparecí ante ellos. Los encontré a todos ebrios, y no encontré a ninguno de ellos sediento (por la Verdad), y Me entristecí por los hijos de los hombres, porque son ciegos (…) y no ven que vienen vacíos al mundo y buscan abandonarlo estando aún vacíos. (…) Están ebrios. Pero cuando hayan expulsado su vino, se arrepentirán» (El Evangelio de Tomás, 28).

«¡Sean sobrios y manténganse alerta, porque su adversario, el diablo, anda alrededor como un león rugiente, buscando a quién devorar!» (1 Pedro 5:8)

«¡Obsérvense a ustedes mismos para que sus corazones no se carguen con la gula ni la embriaguez! (…)» (Lucas 21:34)

«¡Comportémonos decentemente (…) sin entregarnos a los festines ni a las borracheras! (…)» (Romanos 13:13)

«¡Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada por lo que tu hermano tropiece, o se ofenda, o se debilite!» (Romanos 14:21)

«¡No se emborrachen con vino, lo cual lleva al desenfreno! ¡Más bien, llénense del Espíritu!» (Efesios 5:18)

¿Trabajo o parasitismo?

Un cuadro típico de la realidad rusa: hileras de mendigos profesionales de pie cerca de los templos ortodoxos. Todos ellos se persignan celosamente, como si estuvieran orando por nosotros (aunque ¿qué valor tienen las oraciones de estas personas parásitas?). Hay muy pocos entre ellos que están de verdad en problemas y realmente necesitan el dinero. Los otros simplemente han escogido el parasitismo como su profesión.

Y se les da, puesto que Jesús el Cristo dijo: «A todo el que te pida, dale (…)» (Lucas 6:30).

Pero ¿se refería Él a este tipo de «dar»?

Él logró todo. Era consustancial al Padre y estaba unido con Él inseparablemente. Quien permanece en este estado no necesita nada terrenal y está dispuesto a aceptar la muerte de su cuerpo con el fin de resucitar completamente en el Padre. El cuerpo para tal Persona no es sino un impedimento, y sólo porque el Padre lo quiere, esta Persona mantiene la existencia de su envoltura material.

Jesús no vivió para Sí Mismo, sino para las personas. Les dio todo lo que tenía, todo de Sí, y exhortó a Sus seguidores a hacer lo mismo. ¿Por qué necesitan ustedes algo terrenal? Nosotros estamos trabajando, predicando la Verdad, sanando a las personas, ellas se alegran cuando las visitamos, ellas nos alimentan, tenemos ropa y nos albergan durante la noche o el mal tiempo. ¿Qué más necesitamos en la Tierra? ¡Busquen al Padre entonces! Y no tengan pena de dar a los necesitados lo que ustedes poseen.

«(…) No se preocupen por su vida, qué comerán; ni por su cuerpo, con qué se vestirán. Ya que la vida es más que la comida, y el cuerpo es más que la ropa. Miren a los cuervos, que ni siembran ni siegan, no tienen almacenes ni graneros y, sin embargo, Dios los alimenta. ¡Cuánto más valen ustedes que las aves! (…) Miren los lirios, cómo crecen; no trabajan ni hilan, pero les digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vestía como uno de ellos. (…) Así que no se afanen por lo que han de comer o beber, y no estén preocupados (por todo esto). La gente de este mundo busca ansiosamente todas estas cosas, pero su Padre sabe que las necesitan. Así que busquen el Reino de Dios, y todo esto les será añadido. ¡No temas, rebaño pequeño! (…) Acumulen un tesoro inagotable en los Cielos, donde ningún ladrón se acerca (…). Pues donde esté su tesoro, allí estará su corazón también» (Lucas 12:22-34).

Es más, un día «(…) un dirigente Le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”. (…) Jesús le respondió: “Te falta todavía una cosa: vende todo lo que tienes y repártelo entre los pobres (…). Luego ven y sígueme”.» (Lucas 18:18-22)

Jesús supo que aquel hombre podía hacer un progreso si se decidía a convertirse en Su discípulo. Pero él no lo quiso y no se convirtió en discípulo Suyo.

¿A quién se dirigía Jesús cuando proponía renunciar a todo lo terrenal? ¿A las personas dignas de llegar a ser Sus discípulos o a todas las personas? Por supuesto, a los primeros.

Por ejemplo, una vez Él entró con Sus discípulos en la casa de María Magdalena y su hermana Marta. María «(…) se sentó a los pies de Jesús y escuchaba Su palabra». En cambio, Marta estaba preocupada con todos los preparativos. Luego ella se acercó a Jesús y Le dijo: «Señor, ¿no Te importa que mi hermana me haya dejado servir sola? ¡Dile que me ayude!». Jesús le contestó: «Marta, Marta, tú estás preocupada y ajetreada con tantas cosas. Sin embargo, sólo una es necesaria, y María ha escogido la parte buena que no le será quitada» (Lucas 10:38-42).

Pero ¿quién habría alimentado a los invitados si Marta no lo hubiese hecho? ¿Por qué entonces Jesús le dijo estas palabras? Él las dijo para justificar ante Marta la conducta de Su discípula amada María. Y Marta, por su parte, realizó el servicio más alto del que era capaz.

¿Quiénes eran dignos de convertirse en los discípulos más íntimos de Jesús? ¿Los holgazanes y parásitos? ¡No!

Jesús esperaba transmitir a Sus discípulos más cercanos el conocimiento superior acerca de cómo conocer al Padre Celestial. Éstas son las etapas finales de la evolución personal de las almas humanas. Y uno tiene que prepararse para éstas desarrollando dentro de sí el Amor, la Sabiduría y el Poder a través de los asuntos terrenales: a través del amor sexual y paternal, a través de proveer para sí mismo y para la propia familia, a través de ayudar a los amigos y a cualquiera a quien pueda ayudar, a través de defender a las personas de los delincuentes, a través de esforzarse por mejorar la vida material y espiritual de todos… Y solamente cuando uno se haya desarrollado en todos estos asuntos exotéricos, llegará el tiempo para el trabajo esotérico serio, cuyo propósito es conocer a Dios Padre y unirse con Él.

Sólo unos pocos son capaces de lo último. El resto tiene que perfeccionarse todavía, en primer lugar, trabajando por el bien de los demás, estudiando simultáneamente la religión y fortaleciéndose en la fe y en la ética religiosa.

Y sólo aquel que trabaja «es digno de su alimento» (Mateo 10:10). «(…) El obrero es digno de su salario (…)» (Lucas 10:7).

Así que, quien trabaja merece el bienestar material: «¿Quién sirve como un soldado a sus propias expensas? ¿Quién planta una viña y no come de su fruta? ¿Quién pastorea un rebaño y no se alimenta de su leche? ¿Acaso digo esto según el juicio humano? ¿No dice también la ley esto mismo? Pues en la ley de Moisés está escrito: “No pondrás bozal al buey que trilla”. ¿Acaso se preocupa Dios por los bueyes, o lo dice más bien por nosotros? Por supuesto, se escribió por nosotros, porque el que ara debe arar con esperanza y el que trilla debe trillar con la esperanza de participar de la cosecha» (1 Corintios 9:7-10).

Jesús y los apóstoles no cultivaron trigo ni pastaron ganado ni construyeron casas. Pero ellos sirvieron a las personas con el servicio más alto, aquello que estas personas todavía no podían realizar por sí mismas. Ellos mostraron el Camino hacia Dios. ¡Y por eso merecieron su comida!

«¿Son todos apóstoles? ¿Son todos profetas? ¿Son todos maestros? ¿Hacen todos milagros? ¿Tienen todos dones para sanar? (…) ¡Procuren los dones más grandes, y Yo les muestro un camino aún más excelente!» (1 Corintios 12:29-31)

«(…) No comimos el pan de nadie sin pagarlo, sino que trabajamos día y noche (…), no porque no tuviéramos derecho a ello, sino para ofrecernos como modelo a ustedes a fin de que sigan nuestro ejemplo. Pues incluso cuando estábamos con ustedes les ordenamos: “Si alguien no quiere trabajar, que tampoco coma”. (…) Y si alguien no obedece nuestra palabra en esta carta (…), no se comuniquen con esta persona (…). Pero tampoco la tengan por enemigo (…)» (2 Tesalonicenses 3:8-15). «(…) ¡Les rogamos (…) ocuparse de sus propios asuntos y trabajar con sus propias manos, como les hemos mandado!» (1 Tesalonicenses 4:10-12)

Todas las personas deben trabajar. Jesús trabajó. Quien no trabaja para ganarse la vida y ayudar a los demás (si puede) es un parásito sin posibilidades de acercarse a Dios.

Por lo tanto, la pregunta es la siguiente: ¿debemos estimular el parasitismo en las personas consintiéndoles en esto? ¿Les hacemos daño o les ayudamos a través de esto?

Con todo, que nadie concluya de lo antedicho que nunca debemos regalar. Debemos regalar, y no sólo dinero. Ésta es una de las manifestaciones de nuestro amor. Sin embargo, se debe regalar al que es digno de recibir. Esto será un acto sabio.

Y recordemos las palabras de Jesús: «¡Bienaventurada la persona que ha trabajado: ha encontrado la vida (correcta)!» (El Evangelio de Tomás, 58).

Personas

Jesús vino a la Tierra para ayudar a las personas a encontrar al Padre Celestial. Él trató de hablar sobre el Padre, pero sólo algunos podían entender Sus palabras, e incluso ellos entendieron solamente en parte.

Entonces Jesús emprendió un gran sacrificio: Él se rindió voluntariamente a una muerte dolorosa a través de la crucifixión para que todo lo que Él había dicho no se olvidara y sirviera para las generaciones futuras.

Él se sacrificó por las personas (y no por Dios como algunos apóstoles fantasearon). Él las amó mucho y regaló todo de Sí Mismo para ayudarlas.

No obstante, Él también clasificó a las personas en los siguientes grupos:

El primero es el de «los cerdos» y «los perros», a quienes no vale la pena dar perlas de conocimiento espiritual porque las pisotearán y después despedazarán a los que se las dieron (Mateo 7:6).

El segundo es el de los «lobos-hipócritas» (Mateo 10:16; 23:13-35).

El tercero es el de esos pocos que son capaces de comprender el conocimiento espiritual más alto.

Él dijo esto sin odio hacia «los perros», «los cerdos» y «los lobos». Él supo que ellos no son más que niños imprudentes, si evaluamos su edad desde el punto de vista de la evolución del alma, y que «no saben lo que hacen», incluso cuando estaban crucificándolo (Lucas 23:34).

Él aconsejó a los demás tomar la misma actitud: «(…) Yo les digo: ¡Amen a sus enemigos, bendigan a quienes los maldicen, hagan bien a quienes los odian y oren por quienes los ultrajan y los persiguen, para que sean hijos de su Padre Celestial! ¡Pues Él hace salir Su Sol sobre malos y buenos y llover sobre justos e injustos!» (Mateo 5:44-45)

Lo antedicho tiene valor no sólo para un análisis histórico, sino que esta clasificación de las personas y de su conducta es típica de cualquier sociedad y de cualquier país. Todo Mesías y todo líder espiritual que intente dar a las personas el conocimiento más alto sobre Dios y sobre el Camino hacia Él se encuentra con estos fenómenos. Este líder o Mesías descubre al final que por mucho que dijese a la muchedumbre de discípulos sobre lo Supremo, la mayoría de ellos no pueden comprenderlo y, en la primera oportunidad que se presenta, muestran su inclinación a degradarse hasta los juegos religiosos primitivos o, aún peor, traicionan y matan al que se sacrificó por ellos.

Con todo, esto no significa que sea inútil ayudarlos. Debemos ayudar, pero no debemos esperar resultados inmediatos. Pues el desarrollo de las almas jóvenes marcha más lentamente de lo que sus líderes más evolucionados quisieran. Y los discípulos todavía tienen tiempo hasta la «cosecha».

Las examinadas leyes psicológicas de conducta de diversos grupos evolutivos de personas también explican muchos procesos y fenómenos sociales, por ejemplo, las manifestaciones de fanatismo político o religioso, y también ayudan a comprender qué es el «patriotismo».

Patriotismo

La palabra patriotismo proviene del greco-latino pater (padre). Este término designa el sentimiento de pertenencia a alguna comunidad social: familiar, tribal, nacional, estatal, religiosa u otra.

Cuanto más primitivo sea el ambiente social, características menos significantes son usadas para dividirse y asociarse, lo que produce mayor conflicto en tal ambiente.

Atizar ideas patrióticas en grandes asociaciones nacionales o religiosas puede dar por resultado un aumento de los ánimos nazistas (fascistas). Estos últimos cautivan a aquella parte de la sociedad que está inclinada a la agresión y compuesta de las personas menos desarrolladas en su evolución. Si unos líderes diabólicos fuertes se ponen al frente de las masas primitivas, excitadas con ideas del fascismo, entonces pueden producirse las grandes guerras con el fin de destruir o esclavizar a las naciones consideradas «deficientes» (o calificadas con epítetos similares) y tomar sus riquezas y sus tierras.

En otros casos las ideas de patriotismo pueden usarse para defenderse de la agresión o liberarse de la ocupación.

Con todo, el patriotismo más alto es percibir a Dios Padre como el Jerarca Superior y a Su Creación, o incluso al universo, como nuestra patria. En este caso todas las personas y otros seres encarnados y no encarnados son considerados como miembros de una familia de hermanos y hermanas de diferentes edades, los hijos del Único Dios Padre, Quien ama a todos.

Y éste realmente es el caso; ésta es la situación real en el universo. No obstante, las personas que están contagiadas con egoísmo y maldad y cegadas por la sed de cosas terrenales no pueden entenderlo. Y muy a menudo hay una «mayoría abrumadora» de tales personas.

En todas las naciones que Jesús visitó, Él predicó la idea del Teocentrismo, patriotismo, donde el Pater es Dios Padre. El Evangelio La Vida de San Issa, el Mejor de los hijos de los hombres da una idea sobre Sus homilías en la India y Persia.

Por ejemplo, Él dijo a los hindúes: « (…) Existe (…) sólo Él, Único, Quien quiere y crea; Él ha existido desde la eternidad y Su existencia no tendrá fin. Él no tiene igual ni en el Cielo ni en la Tierra. El Gran Creador no ha compartido Su Poder con nadie, (…) Él es el Único Que posee la omnipotencia. Él lo quiso y el mundo apareció. Con un pensamiento Divino, Él juntó las aguas y separó de éstas la porción seca del globo. Él es la causa de la vida misteriosa del hombre (…). El Eterno Legislador es uno; no hay ningún otro dios más que Él. Él no ha dividido el mundo con nadie ni tampoco conversa con nadie sobre Sus intenciones» (La Vida de San Issa, 5:16-18; 6:10).

Él predicó lo mismo a los zoroastrianos en Persia: «No es de un nuevo dios que Yo hablo, sino de nuestro Padre Celestial, Quien existe desde antes del comienzo de todo y Quien existirá aun después del fin (de esta Creación) (…). Él es Dios del Bien, Que, como el padre de una familia, no hace sino el bien a Sus hijos, perdonándoles todas sus faltas si ellos se arrepienten.

»(…) A Él es a Quien ustedes deben dirigirse para ser consolados en sus dolores, ayudados en sus obras y curados de sus enfermedades. Cualquiera que recurra a Él no será rechazado. Cuando ustedes quieran dirigirse a Él, vuélvanse de nuevo como niños (…)» (8:6,17-18; 11:13,15).

Lo mismo fue enseñado por Jesús en Judea, donde Él aconsejó a las personas que amaran al Padre Celestial y se percibieran como Sus hijos.

El apóstol Pablo también expresó la misma idea: «Yo doblo mis rodillas ante el Padre (…) de Quien todo se denomina como patria en el Cielo y en la Tierra (…)» (Efesios 3:14-15).

* * *

Si miramos desde la profundidad del espacio multidimensional hacia la Tierra, ella se parece a un huevo de gallina sin cáscara, sumergido en un transparente líquido-luz que brilla con ternura. Las «capas albuminosas» alrededor de la «yema» son niveles del Espíritu Santo. Y en lo profundo debajo de éstas, está el substrato en el cual Él nos puso para que podamos crecer y madurar hasta la etapa en la cual seamos capaces de verlo, de enamorarnos de Él, de tratar de alcanzarlo y de unirnos con Él. ¿Por qué entonces estamos enemistados unos con otros en lugar de dirigir toda nuestra atención hacia Él, nuestro Padre Celestial, el Propósito de cada uno de nosotros?

Qué es el hombre

En el libro del «Génesis» del Antiguo Testamento hay una declaración que dice que Dios creó al hombre a Su imagen y semejanza. Algunas personas, que creen que el hombre es un cuerpo, concluyeron de esto que Dios tiene la apariencia del cuerpo humano y empezaron a dibujarlo en forma de un anciano que se sienta en una nube.

Pero el hombre no es un cuerpo, sino una conciencia, una unidad de energía que se percibe y que mora temporalmente en un cuerpo o fuera de éste. Dios también es una Conciencia.

Una persona ordinaria es una conciencia pequeña, mientras que Dios es el Océano Infinito de Conciencia del universo entero.

Así, la tarea de cada uno de nosotros es alcanzar la semejanza cualitativa y cuantitativa con Dios y luego entrar en este Océano y unirnos con Él.

No obstante, no es suficiente sólo con llegar a ser inteligente y grande, ya que el hombre, enviado para su autodesarrollo al mundo de la materia, se acostumbra, incluso cuando no tiene un cuerpo, a vivir en dimensiones espaciales densas. Estas dimensiones están tan lejos de Dios Padre que a Él ni siquiera puede vérselo desde allí. Aun permaneciendo en forma incorpórea, como un espíritu, una persona no puede entrar en los mundos espaciales más sutiles, y las personas-espíritus que están lejos de la Perfección pueden saber algo de Dios, pero nunca Lo han visto ni Lo han experimentado.

Para conocer al Creador, debemos llegar a ser:

a) Lo suficientemente desarrollados intelectualmente como para comprender hacia dónde y cómo ir a Dios, tomando en cuenta que el Camino hacia la Morada del Creador es mucho más difícil que cualquier camino en la Tierra.

b) Éticamente perfectos para que Dios nos permita acercarnos a Él.

c) Fuertes, porque necesitamos un gran poder y resistencia para trasladarnos de un eon a otro; en este caso, no se trata de la fuerza del cuerpo, sino de la fuerza (o poder) de la conciencia. Es más, nosotros, como conciencias, debemos aprender a permanecer en la sutileza del Creador. Desarrollar el poder grosero de la conciencia significa moverse en la dirección opuesta a Él.

La tarea de conocer y estudiar las dimensiones espaciales sutiles se facilita gracias a la estructura multidimensional del organismo humano. (Enfatizo que es la estructura del organismo, y no del cuerpo; un cuerpo material es sólo uno de los estratos de este organismo). Podemos decir que cada humano está potencialmente representado en todos los mundos sutiles. Pero esto no es lo que los ocultistas describen en sus libros, de manera que no tiene ningún sentido prestar atención a los nombres que ellos inventaron para los diferentes «cuerpos» no materiales que cada ser humano supuestamente posee.

Sin embargo, el Espíritu Santo (1 Corintios 6:19), así como Dios Padre (1 Corintios 3:16-17), en realidad «moran en nosotros» permaneciendo en la profundidad multidimensional directamente debajo de nuestros cuerpos; «El Reino de Dios está dentro de ustedes» (Lucas 17:21), dijo Jesús. Pareciera entonces que sólo es necesario bucear hasta allí; sin embargo, la mayoría de las personas necesita años o incluso muchas encarnaciones para lograr esto.

Ya hemos hablado de los métodos de la refinación de la conciencia. Esta refinación empieza con la corrección de la esfera emocional, para lo cual uno debe renunciar a las emociones groseras y cultivar las sutiles. Luego es necesario limpiar y desarrollar el corazón espiritual y otras estructuras del organismo. Después de esto, se podrá empezar el trabajo meditativo dentro del propio corazón espiritual expandido fuera del cuerpo material.

La parte más importante del organismo humano es su «raíz» (Romanos 11:16, 18), que es un «eslabón de enlace» entre el chakra anahata dentro del cuerpo y la Conciencia del Creador. Explorando gradualmente esta estructura del organismo y el espacio multidimensional alrededor de ésta, nos encontramos con el hecho de que cada uno de nosotros, al estar encarnado, posee una especie de «carcasa» multidimensional, la cual simplemente debe llenar en el proceso de Autorrealización espiritual (o Realización de Dios) con la conciencia que crece desde el chakra anahata. Sólo después de lograrlo, surge la posibilidad no sólo de entrar en la Morada del Creador por un tiempo, sino también de establecerse allí en Unión con Él.

Ahora podemos comprender lo que fue dicho sobre la imagen y semejanza del hombre con Dios en el Antiguo Testamento, a saber, que el organismo humano, debido a su naturaleza multidimensional, representa un modelo a escala del Absoluto multidimensional universal.

Además, este organismo tiene una particularidad notable: las energías que recibe desde afuera (del alimento material, en primer lugar) no sólo pueden usarse para el sustento de las funciones vitales del cuerpo, sino también para el crecimiento de la conciencia. Gracias a esto, la conciencia puede crecer al igual que los músculos que trabajan crecen debido a los componentes materiales del alimento.

Prestemos atención al hecho de que sólo crecen aquellos músculos que trabajan. Por el contrario, los que no trabajan se atrofian. Lo mismo sucede con la conciencia: ésta crece en aquella dimensión espacial donde trabaja (siempre y cuando no se debilite, por ejemplo, debido a emociones negativas dominantes o a prolongadas enfermedades agotadoras). El trabajo especial dedicado a la refinación, a la liberación del apego a la materia y a la expansión de la conciencia se llama meditación.

Todos los procesos de transformación y desarrollo de la conciencia individual son posibles sólo en el estado encarnado, ya que conseguimos la energía necesaria para estos procesos a través de los órganos del cuerpo. En otras palabras, el organismo es una especie de fábrica que puede transformar la energía contenida en la materia del alimento en energía de la conciencia.

Quiero destacar que el crecimiento de la conciencia puede ser correcto o incorrecto. Lo último pasa cuando la conciencia crece en las dimensiones espaciales groseras, lo que depende de nuestra comprensión de los principios y de la meta de nuestras vidas, de hasta qué grado nos hayamos purificado de las imperfecciones, del carácter de la comunicación con otras personas, de la adecuación de los métodos de trabajo espiritual que usamos e incluso de lo que comemos.

Como resultado del trabajo correcto en el desarrollo de la conciencia, uno «nace» sucesivamente en cada una de las dimensiones espaciales sutiles y «madura» allí. Sobre esto Jesús trataba de conversar con Nicodemo (Juan 3:3,5-7): quien «nace» en la Morada del Padre y después logra «madurar» allí durante el tiempo de la encarnación se vuelve Consustancial al Padre. Jesús dijo acerca de esto lo siguiente: «(…) Quien no nazca en lo alto no puede ver el Reino de Dios. (…) En verdad, te digo: quien no nazca en el elemento del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne, carne es, y lo que nace en el Espíritu, Espíritu es». Pero los traductores no entendieron estas palabras de Jesús y las tradujeron según su comprensión, después de lo cual se hizo casi imposible entender lo que Él quiso decir.

Liberación de las enfermedades

Somos los culpables de todas nuestras enfermedades, las cuales, sin embargo, aparecen debido a diversas causas creadas por nosotros mismos.

El abandono del cuidado del propio cuerpo es una de éstas. Dijo Jesús: «¿Por qué lavan el interior de la copa y no entienden que Quien hizo el interior también hizo el exterior?» (El Evangelio de Tomás, 89). La falta de conocimiento médico elemental, el no seguir las reglas simples de higiene corporal, el fumar, la borrachera, la nutrición con cadáveres de animales a pesar de los consejos de Jesús (ver más detalles sobre esto más adelante): todas estas son causas éticas de enfermedades.

Pues simplemente el lavar el cuerpo entero con jabón todas las mañanas, si existe tal posibilidad, ayuda a que el estado de todo el organismo mejore y sea más saludable.

Además, si uno deja de comer cuerpos de animales muertos, podrá liberarse de muchas enfermedades del sistema digestivo, vascular y nervioso, porque en este caso el organismo dejará de contaminarse con sales de ácido úrico y con las energías siniestras que permanecen en los cadáveres de los animales a partir de su muerte.

Hay también enfermedades congénitas, enfermedades causadas por traumatismos o accidentes, enfermedades infecciosas, enfermedades oncológicas y otras que, según parece, no son responsabilidad directa del enfermo. Pero esto es solamente una impresión aparente: uno siempre podrá encontrar la racionalidad objetiva de estos casos al investigarlos profundamente. Por ejemplo, Dios decidió detener a una persona en alguna de sus actividades para hacerla pensar, para dirigirla a estudiar las razones y los mecanismos de su enfermedad desde el punto de vista médico, ampliando su horizonte y desarrollando su intelecto. O fue necesario mostrarle al que mutiló a alguien en su vida pasada cómo es ser un inválido o un mutilado.

Aparte de esto, existen casos en los que una persona se enferma con el fin de encontrarse con alguien y recibir el despertar espiritual de él o ella.

También hay enfermedades de naturaleza puramente energética, por ejemplo, aquellas que surgen como resultado de una incompatibilidad energética de los compañeros sexuales o debido a las cualidades diabólicas de algunos familiares o colegas de trabajo. A veces uno debe percibir esto como un «empujón» de Dios para cambiar drásticamente la situación de su vida, mudándose, pasando a otro trabajo, etc.

También una enfermedad puede llevar a contactos útiles con sanadores. Y ciertamente muchas personas recibieron el despertar espiritual gracias a ellos.

Con la ayuda de enfermedades graves, Dios hizo que muchos se volvieran a Él, cuando dirigirse hacia Él era la única esperanza para el alivio. Algunas de estas personas fueron sanadas poco después de esto; otras mejoraron el destino para la encarnación futura formando la orientación inicial hacia Él. En ambos casos fue bueno. Sin embargo, habría sido mejor si ellas lo hubiesen hecho voluntariamente, sin la enfermedad.

Jesús y Sus discípulos realizaron milagros de curación con dos propósitos: 1) mostrar a las personas los hechos de los milagros y despertarlas por medio de éstos a los esfuerzos espirituales y 2) atraer la atención de las personas al sanador y hacer que lo escuchen.

Jesús dijo dirigiéndose al Padre: «(…) ¡Tu Hijo Te glorificará a Ti, porque Tú Le has dado autoridad sobre toda la carne! (…)» (Juan 17:1-2), y dirigiéndose a las personas: «El Padre, Quien mora en Mí, es Quien hace las obras. ¡Créanme que Yo estoy en el Padre y el Padre está en Mí! (…)» (Juan 14:10-11).

Con todo, la situación para las personas sanadas no siempre es simple, ya que muchas de ellas reciben la curación sin haberla merecido. En este caso, la curación se les da «por anticipado». Si ellos cambian su vida, todo irá bien; si no cambian, la situación se pondrá aún peor. Por eso a algunos de los sanados Jesús les dijo: «¡Ánimo, hija! ¡Tu fe te ha salvado!» (Mateo 9:22), pero a otros: «Mira, has sido sanado. ¡No peques más para que no te sobrevenga algo peor!» (Juan 5:14).

Muchas curaciones realizadas por Jesús y los apóstoles estuvieron relacionadas con la expulsión de los demonios (Mateo 8:16; 8:28-34; 9:32-34, etc.). Con relación a esto, tiene sentido discutir qué son los demonios.

Los demonios y diablos son habitantes del infierno. Ellos pueden ser —según sus encarnaciones anteriores— personas o animales de diversas especies biológicas: monos, cocodrilos, perros, conejos, ranas, etc. Todos ellos están asociados por el hecho de que durante la última encarnación disfrutaron haciendo daño a otros seres, desarrollaron las facultades correspondientes y cayeron, como resultado de esto, en el infierno. En este estado ellos son usados por Dios para corregir a las personas encarnadas.

Los diablos son energéticamente más poderosos que los demonios. Ellos pueden ser personas que se desarrollaron «con éxito» en magia negra o las víctimas de instructores, perniciosamente imprudentes, de métodos esotéricos, instructores semejantes a aquellos que yo describí en los libros [6,7,9,15].

Normalmente, es posible ver (con clarividencia) a los demonios y diablos en la apariencia que ellos tenían en la última encarnación o en la forma de una condensación de energía negra, semejante a una ameba, que se mueve o que se encuentra inmóvil en algún órgano del cuerpo. También ellos pueden tomar una apariencia ajena.

Por lo común, los demonios intentan evitar la influencia del sanador dirigida hacia ellos. Para esto empiezan a moverse dentro del cuerpo de la persona poseída y tratan de esconderse en alguna parte, pero después «se rinden» y abandonan el cuerpo.

A veces un sanador se encuentra con un espíritu-diablo especialmente fuerte que opone una gran resistencia energética, la cual no todo sanador puede soportar.

También ocurre que los demonios pasan al cuerpo del sanador si éste, deseando ayudar vehementemente a un paciente que no merece la sanación, lo hace sin la aprobación de Dios. Esto se llama «tomar el destino ajeno (karma) sobre sí mismo». En tal caso, el sanador tiene que sanarse a sí mismo.

Es importante entender que los demonios y diablos no entran en los cuerpos de las personas por su propia voluntad, sino que son enviados por Dios. Y de ninguna otra manera, sino sólo por Su Voluntad, ellos pueden dejar para siempre el cuerpo del poseso. Sin embargo, para esto el enfermo debe tomar las decisiones correctas.

Un procedimiento típico para expulsar a los demonios y diablos que la iglesia ortodoxa rusa ofrece a tales personas poseídas es el exorcismo. Éste es un ritual especial en el cual un sacerdote dirige su odio hacia los demonios y recita, entre otras, oraciones-condenaciones especiales. Estas batallas mágicas se ven muy impresionantes: tanto los demonios como los posesos se sienten mal, los demonios se manifiestan a través de los cuerpos de los posesos llorando, dando calambres; el templo se llena de ladridos, chillidos, palabras obscenas vomitadas por voces groseras de varón desde los cuerpos femeninos…

Pero aunque los demonios salen de los cuerpos de los posesos, ellos regresan pronto, porque los posesos todavía no tomaron ninguna decisión correcta.

Jesús dijo sobre esto lo siguiente: «Cuando un espíritu impuro sale de una persona, este espíritu camina (…) buscando reposo y no lo encuentra. Entonces dice: “Volveré a mi casa de donde salí”. Y cuando llega, la encuentra vacía (para entrar de nuevo) (…); entonces (…) trae consigo a siete otros espíritus más malignos que él y, entrando, se quedan a vivir allí. Y lo último resulta ser para esta persona peor que lo primero. (…)» (Mateo 12:43-45). Como vemos, Jesús estaba en contra de tales métodos de curación.

¿Qué debe hacer un poseso para sanarse?

En primer lugar, no debe odiar ni temer, puesto que las energías de las emociones humanas groseras son agradables y atractivas para los habitantes del infierno. Ellos provocan tales emociones en las personas para luego disfrutar de sus estados infernales.

Jesús dijo: «(…) Este género no sale sino con oración y ayuno» (Mateo 17:21), es decir, a través de limitar los placeres terrenales y dirigir la atención hacia Dios. Debo añadir además que el arrepentimiento es un componente esencial del ayuno.

Por ejemplo, es posible que quienes torturan ahora al poseso hayan muerto dolorosamente debido a esta persona.

De cualquier manera, todos los principios éticos que Jesús enseñó no sólo son válidos para los seres encarnados, sino también para los no encarnados. Y si el poseso realiza el trabajo necesario de arrepentimiento, entonces los espíritus-poseedores (los demonios o diablos) pueden ser persuadidos, de una manera amable, a trasladarse a algún otro lugar agradable para ellos. Por ejemplo, a un cocodrilo, uno puede mostrarle, usando las visualizaciones correspondientes, qué bueno sería vivir en un río con otros cocodrilos e incluso puede proponérsele encarnar allí y volver a ser un lindo cocodrilo bebé. Si los poseedores son perros malos, entonces uno puede enviarlos a un matadero pintando para ellos sus «atractivos». Se podrá enviar a las ranas a un simpático pantano lleno de otras ranas… Todo esto no es una fantasía, sino mi experiencia personal de curación exitosa.

Sin embargo, la solución principal para evitar la influencia de habitantes del infierno es trasladarse, con la mayor parte de la conciencia, a las dimensiones espaciales más altas, es decir, «nacer allí de nuevo» y luego seguir creciendo. Los habitantes del infierno no pueden entrar en estos eones. Además, está claro que no debemos volver a pecar, para no forzar a Dios a causarnos nuevos problemas.

«¡Los poderes (del infierno) no ven y no pueden capturar a aquellos que se han vestido con la Luz perfecta!» (El Evangelio de Felipe, 77)

«Con frecuencia vienen algunos y dicen: “¡Nosotros somos creyentes!” para liberarse de espíritus impuros y demonios. ¡Pero si ellos hubieran tenido al Espíritu Santo, ningún espíritu impuro se les habría adherido!» (El Evangelio de Felipe, 61)

«(…) Hay un milagro que (cualquier) persona puede realizar. ¡Tiene lugar cuando uno, lleno de una fe sincera, decide desarraigar del alma todos los pensamientos malos y con el fin de alcanzar la Meta, abandona los caminos de la iniquidad!» (La Vida de San Issa, 11:8)

Moral y Ética

La ética y la moral no son lo mismo.

La moral consiste en las nociones acerca de lo que es bueno y lo que es malo que se forman en un cierto contexto social y en un cierto período de tiempo. Éstas se convierten en una tradición más o menos estable que regula cómo deben comportarse las personas. Las reglas morales pueden ser muy diferentes en países diferentes o incluso en el mismo país en épocas diferentes. La moral es un fenómeno subjetivo, pues la mayoría de sus reglas no son resultado de la necesidad objetiva ni de la racionalidad. Las reglas morales tratan acerca de cómo vestirse, dónde y hasta qué grado uno puede desnudar su cuerpo, qué giros de lenguaje son decentes y cuáles no lo son, de qué uno debe sentirse avergonzado, dónde y cuándo es «costumbre» hacer o no algo, etc.

En cambio, los principios éticos son objetivos y surgen de la necesidad real y de la racionalidad, basándose en la comprensión del Camino que uno debe recorrer para llegar a la Perfección, a Dios. Esto es lo que el Creador intenta explicar a las personas.

La ética es la ciencia acerca de la actitud correcta del hombre hacia:

a) Dios (en todos Sus Aspectos y Manifestaciones),

b) otras personas y todos los otros seres encarnados y no encarnados,

c) el propio camino de vida.

Amor a Dios

El principio ético fundamental de nuestra relación con Dios debe ser el amor a Él. «¡Amarás al Señor tu Dios! (…)», este fue el mandamiento del Antiguo Testamento al cual Jesús consideró como el más importante en Sus Enseñanzas (Marcos 12:28-34).

El amor a Dios es, entre otras cosas, la atracción hacia Él: la atracción por encontrarse, comunicarse y unirse. La Unión con el Padre Celestial es la Meta Más Alta y la Última, la que no puede ser alcanzada sin amor-atracción hacia Él.

Pero estaríamos equivocados si todos empezáramos a exigirnos unos de otros: «¡Ama a Dios! ¡Ama a Dios!» y nos pusiéramos a leer oraciones y a hacer reverencias todo el día. Esto sería absurdo. Sin embargo, hay personas que se comportan exactamente así.

Nosotros ya hemos discutido que sólo los buscadores intelectual y éticamente maduros son capaces de conocer a Dios Padre. La tarea del resto es esforzarse conscientemente por lograr esta madurez recibiendo educación y trabajando por el bien de Dios y de las personas, aprendiendo a amarlas a ellas y a todo.

Es más, es posible conocer a Dios sólo a través del trabajo meditativo. Pero si uno hace participar en esto a personas inmaduras, ellas convierten tal trabajo serio en un juego infantil, lo que a veces puede conducir a perversiones éticas groseras que pueden derivar en algún trastorno mental.

Las observaciones prácticas demuestran que es mejor mantener a muchas personas alejadas del ímpetu religioso, ya que, de todos modos, ellas no pueden hacer allí nada bueno. Por ejemplo, actualmente en Rusia hay muchos grupos y comunidades pseudorreligiosos en los cuales la ideología de las personas es una mezcla de orinoterapia (la práctica que consiste en tomar la propia orina), fascismo y astrología; al mismo tiempo, estas personas tienen iconos de la iglesia ortodoxa en sus casas, pintan huevos de Pascua y se consideran cristianos. Si tales personas además empiezan a practicar el espiritismo o establecen «contactos telepáticos» con «representantes de civilizaciones extraterrestres» y después de esto ceden al temor místico (lo que es bastante fácil en tales casos), entonces incluso los psiquiatras no siempre logran ayudarlos.

Otro ejemplo típico ruso del camino que conduce hacia la esquizofrenia es la situación que se da cuando las personas, incapaces de comprender algo serio sobre Dios, se sumergen en un ambiente religioso masivo y primitivo, donde solamente adquieren ideas sobre un mundo lleno de demonios, vampiros, brujos y «zombis». ¡Hubiera sido mucho mejor si ellas hubieran permanecido ateas en vez de aceptar tal «fe»!

Nadie explicó a estos pobres, en una forma comprensible para ellos, qué es Dios, dónde encontrarlo, qué es lo que Él nos enseña y qué debemos hacer sabiendo que Él existe. Tampoco les explicaron que debemos buscarlo a Él con la mente, y no a los demonios o diablos, porque con nuestra atención realmente atraemos hacia nosotros aquello en lo que pensamos.

Entonces, ¿qué es lo debemos hacer sabiendo que Dios existe?

Primero, debemos, por lo menos, intentar acordarnos de Su existencia y percibirlo como nuestra Meta, aunque sea, en un principio, como la Meta de nuestra búsqueda intelectual.

Segundo, debemos esforzarnos por perfeccionarnos cumpliendo así Su Voluntad («(…) Sean perfectos, así como su Padre Celestial es perfecto» (Mateo 5:48)). Tal perfeccionamiento incluye, ante todo: a) el autodesarrollo intelectual por todos los medios posibles y b) la autotransformación ética a través del estudio de Su Voluntad para nosotros, a través del desarrollo consciente de las cualidades positivas en uno mismo y la lucha contra las negativas, y también a través del amor-servicio a otras personas, durante el cual tratamos de ayudarles en todo lo bueno facilitando sus vidas terrenales y su crecimiento espiritual.

Así, a través de ayudar a otras personas, nos perfeccionamos aprendiendo, bajo la guía de Dios, el Amor, la Sabiduría y el Poder, tres aspectos principales de la Perfección. Este proceso marcha con más éxito si Le pedimos a Él que nos ayude en este servicio y mostramos sensibilidad a Sus consejos e instrucciones, que pueden venir a nosotros en forma de Revelaciones, sueños, acciones e insinuaciones dados por Él a través de otras personas, libros, etc.

¿Y qué debemos hacer si no tenemos amor por Él, pero quisiéramos tenerlo? Pues resulta difícil enamorarse de Dios a Quien no podemos ver ni experimentar todavía, y para muchas personas esto es incluso imposible en un futuro cercano. ¡Por eso Jesús propuso que primero aprendamos a amarnos los unos a los otros y, a través de esto, desarrollemos nuestra facultad de amar!

El amor es una emoción. Una emoción es un estado de conciencia. El amor también es un estado de la Conciencia de Dios.

La furia exacerbada es un estado de los habitantes del infierno. El odio nos lleva allí. En cambio, el amor, si lo tenemos, puede llevarnos a Dios. Entonces, ¿qué debemos desarrollar en nosotros?

No roben, no mientan,
ayuden a los demás

«¡No roben las cosas de su vecino, porque eso sería privarlo de lo que ha adquirido con el sudor de su frente!

»¡No engañen a nadie, para no ser engañados!

»¡Ustedes alcanzarán el Éxtasis Supremo, no sólo purificándose a sí mismos, sino también guiando a otros en el Camino que les permita obtener la Perfección del Primordial!» (La Vida de San Issa, 7:15,16,18)

«(…) ¡A tu hermano (…) protégelo como a la pupila de tu ojo!» (El Evangelio de Tomás, 25)

«¡Quien sostiene a su vecino se sostiene a sí mismo!» (La Vida de San Issa, 10:9).

«(…) Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: "¡No perjurarás, sino que cumplirás tus juramentos ante el Señor!” Pero Yo les digo: ¡no juren de ninguna manera! (…) ¡Más bien, que su palabra sea, (si es) sí, (entonces) sí y (si es) no, (entonces) no! (…)» (Mateo 5:33-37)

«(…) ¡Sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré! (…)» (Mateo 25:21,23)

«(…) ¡En verdad les digo que en cuanto no lo hicieron (no ayudaron) a uno de estos pequeños, tampoco a Mí Me lo hicieron!» (Mateo 25:45)

«Jesús dijo a Pilatos: “¡Escucha! ¡La verdad está en la Tierra entre aquellos que, teniendo el poder, viven por la verdad y crean el juicio justo!”.» (El Evangelio de Nicodemo, 3:7)

«¡Quien no toma su cruz (la cruz del servicio sacrificial) y Me sigue no es digno de Mí!» (Mateo 10:38)

«¡Sirvan los unos a los otros con el don que cada uno haya recibido! (…)» (1 Pedro 4:10)

«¡Procuren los dones más grandes! (…)» (1 Corintios 12:31)

«¡Procuren los dones espirituales! (…)» (1 Corintios 14:1)

«¡Que nadie busque el bien para sí, sino para el otro! (1 Corintios 10:24)

«¡No hay amor más grande que dar la propia vida por los amigos!» (Juan 15:13)

«(…) ¡Quien no recoge conmigo, desparrama!» (Mateo 12:30)

«(…) ¡En todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes! (…)» (Mateo 7:12)

Amor

Los dos principales postulados de las Enseñanzas de Jesús son:

El Teocentrismo, que implica no percibirse a sí mismo o a alguien más, sino a Dios como el Fundamento principal del universo, como la Meta y el Significado de la existencia de todo, dedicando la propia vida a Él, preparándose y esforzándose para la Unión con Él y ayudando a los demás en este Camino.

Lo segundo es la preparación de uno mismo para la realización del primer punto a través del desarrollo del amor emocional principalmente en las relaciones con otras personas. Cuando este amor esté desarrollado, podrá dirigirse a Dios Padre, lo que asegurará el rápido acercamiento y Unión con Él.

Es muy importante entender que la Unión con el Padre es la Unión con Él en el amor, porque Él Mismo es Amor, el estado de Amor. Por eso nosotros también debemos transformarnos en Amor para que esta Unión sea posible.

El grado de transformación de uno mismo (como una conciencia) en energía de amor emocional (a condición de que uno también posea la sabiduría y haya desarrollado la conciencia cualitativamente) es el índice del propio progreso espiritual. (Por el contrario, la austeridad y la severidad emocional de muchos «pastores» es una indicación de lo contrario).

El amor no es pensar sobre las buenas acciones ni tampoco hacer lo que creemos que son buenas acciones.

El amor es una emoción, un estado emocional de la energía de la conciencia.

Si alguien se propone como objetivo realizar actos de amor, pero no es capaz de amar cordialmente, esto a menudo se traduce en un absurdo y lleva a la imposición egocéntrica y testaruda de sí mismo, a la violencia hacia los otros e incluso a la indignación por sus reacciones cuando uno piensa: «ellos no entienden mi amor», «no quieren aceptar mis cuidados»…

El verdadero amor es incompatible con la violencia (a excepción de algunos casos en los cuales uno debe proteger a alguien de la violencia, a veces sacrificándose a uno mismo, y algunas situaciones de educación de los niños y de corrección de la conducta de los dementes); en caso contrario, no será amor, sino la violación. Y ninguna persona normal quiere esto.

Las emociones desenfrenadas de la pasión sexual tampoco son el verdadero amor. Ésta es una pasión, no amor.

Y, por supuesto, el amor no es la mera técnica de alcanzar la satisfacción sexual.

El verdadero amor consiste en las emociones que se originan en el corazón espiritual, y los actos del verdadero amor son los que se hacen —bajo el control del intelecto— sobre la base de estas emociones.

Las emociones no son un resultado de la actividad del cerebro, como los «materialistas» enseñaban, sino que son estados de la conciencia y se originan en órganos energéticos especiales de la conciencia, y no del cuerpo.

El cerebro, de hecho, reacciona a los estados emocionales cambiando su actividad bioeléctrica, porque a través del cerebro, la conciencia actúa recíprocamente con el cuerpo. Por ejemplo, bajo ciertas emociones, la presión de la sangre y el semblante cambian y también aparece la sudoración. Pero éstas no son emociones, pese a que tales aserciones aparezcan en los libros de fisiología escritos por los «materialistas», sino que son simplemente reacciones del cuerpo a los estados emocionales de la conciencia comunicados a través del cerebro.

En el organismo humano multidimensional, hay centros energéticos especiales (llamados chakras o dantianes), responsables de regular los estados de conciencia.

Por ejemplo, la actividad mental es responsabilidad de los chakras de la cabeza. Las emociones de ansiedad y enojo se originan en la estructura energética (chakra) de la parte superior del abdomen, mientras que las emociones de amor, en el corazón espiritual, que se localiza en la caja torácica y que ocupa (si está desarrollado) casi todo su volumen.

La «apertura» del corazón espiritual es el punto fundamental en la fase inicial del autoperfeccionamiento, porque le permite a una persona experimentar por primera vez (para la mayoría de ellas) qué es el amor, y no sólo hablar de éste. Sólo después de conocerlo, podremos entender «en qué idioma» debemos hablar con Dios y con aquellos que están cerca de Él. Sólo después de ese momento, seremos capaces de encontrar armonía con el mundo circundante de la naturaleza viva y con las personas. Y sólo después, lo que se denomina «espiritualidad» podrá surgir en nosotros; sin esto no hay ningún Camino espiritual.

En la antigüedad, dentro del movimiento cristiano, se desarrolló un método llamado «oración de Jesús»* para «abrir» el corazón espiritual. Algunos buscadores lograron el debido resultado con la ayuda de este método [46]. Sin embargo, su efectividad era baja por la falta de un conocimiento completo acerca de la naturaleza de la conciencia y de la estructura del organismo humano. Por consiguiente, sólo unos pocos entre aquellos que practicaron la oración de Jesús lograron el éxito a través de ésta, y sólo lo alcanzaron después de años de trabajo con este método.

En cambio ahora, poseyendo el conocimiento y practicando los métodos pertinentes, uno puede lograr el resultado en pocas clases [7,14].

Sobre el amor cordial, Jesús y los apóstoles dijeron lo siguiente:

«¡Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios!» (Mateo 5:8)

«Entren en su templo, en su corazón, ilumínenlo con pensamientos buenos, con la paciencia y la confianza inquebrantable que ustedes deben tener en su Padre.

»Sus vasos sagrados son sus manos y ojos. ¡Piensen! Y hagan lo que es agradable para Dios, porque haciendo el bien a su prójimo, ustedes cumplen un rito que embellece el templo cuyo Dueño es Aquel Que les dio vida.

»Si ustedes tienen intención de realizar obras de bondad o amor, ¡háganlas con un corazón generoso y no permitan que sus acciones sean gobernadas por cálculos o la esperanza de sacar provecho!» (La Vida de San Issa, 9:12,13,16)

«¡Nuestras bocas están abiertas a ustedes, (…) nuestros corazones están ensanchados!» (2 Corintios 6:11)

«¡Que cada uno se preocupe no sólo de sí mismo sino también de los demás!» (Filipenses 2:4)

«Un mandamiento nuevo les doy: ¡Que se amen los unos a los otros! ¡Así como Yo los he amado, ámense también unos a otros!» (Juan 13:34)

«¡Sobre todo, tengan un amor profundo los unos por los otros, porque el amor cubre multitud de pecados!» (1 Pedro 4:8)

«Si alguien dice: “¡Yo amo a Dios!”, pero odia a su hermano, es un mentiroso. Pues si no ama a su hermano a quien ve, ¿cómo puede amar a Dios a Quien no ve?» (1 Juan 4:20)

«¡Amados! ¡Amémonos unos a otros, porque el amor es de Dios! (…) ¡Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es Amor!» (1 Juan 4:7-8)

«¡Amados! Si Dios nos amó así, nosotros también debemos amarnos unos a otros (…). ¡Si nos amamos unos a otros, Dios mora en nosotros, y Su Amor perfecto está en nosotros!» (1 Juan 4:11-12)

«(…) ¡Dios es Amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios está en esa persona!» (1 Juan 4:16)

«¡No deban nada a nadie, salvo el amor! (…)» (Romanos 13:8)

«Si yo hablo en lenguas humanas y angélicas, pero no tengo amor, soy como metal resonante (…). Y si tengo el don de profecía y sé todos los misterios y tengo todo el conocimiento y toda la fe, tal que puedo trasladar montañas, pero no tengo amor, nada soy. Y si doy todos mis bienes para alimentar a los pobres y entrego mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me sirve.

»El amor es paciente y bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso; no se comporta con rudeza. No es egoísta. No se irrita. No guarda rencor. No se alegra de la injusticia, sino que se alegra con la verdad. El amor cubre calladamente todas las cosas, siempre mantiene la confianza, confía (en Dios) en todas las cosas, soporta todas las cosas. El amor jamás dejará de existir, aunque las profecías se acaben y las lenguas cesen (…)» (1 Corintios 13:1-8).

«¡Amen a sus enemigos, bendigan a quienes los maldicen, hagan bien a quienes los odian y oren por quienes los ultrajan y los persiguen! (…)» (Mateo 5:44)

«(…) Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? (…)» (Mateo 5:46)

«(…) Si tienen amarga envidia y carácter pendenciero (en lugar de amor) (…), no se jacten ni mientan contra la verdad. Esta “sabiduría” no es la que viene de lo alto, sino que (…) es diabólica» (Santiago 3:14-15).

«¡Quien dice que está en la luz y odia a su hermano está todavía en la oscuridad!» (1 Juan 2:9)

«¡Que el amor sea sincero! ¡Aléjense del mal, apéguense al bien! ¡Ámense fraternalmente unos a otros con ternura! (…)» (Romanos 12:9-10)

«¡Amarás a tu prójimo como a ti mismo! (…)» (Mateo 22:39)

«¡Ama a tu hermano! (…) ¡Cuídalo como a la pupila de tu ojo!» (El Evangelio de Tomás, 25)

«(…) ¡Que Mi alegría esté en ustedes, y que su alegría sea perfecta! Éste es Mi mandamiento: ¡Que se amen los unos a los otros, como Yo los he amado!» (Juan 15:11-12)

«Esto les mando: ¡Que se amen los unos a los otros!» (Juan 15:17)

Amor y sexo

Nosotros ya hemos hablado sobre las diferencias entre las personas dependiendo de su edad psicogenética y su progreso en el desarrollo evolutivo. Ahora prestemos atención al hecho de que las personas de gunas diferentes no sólo se comportan diferentemente en la práctica religiosa o en su actitud hacia los Mensajeros de Dios, sino también en las relaciones entre sí, incluyendo las relaciones sexuales. Para las personas de diferentes gunas y para aquellos que están por encima de las gunas, el sexo es muy diferente.

Así, el sexo de las personas de la guna tamas es egoísta y tosco, como estas personas mismas. Ellas se inclinan a las emociones de condenación y odio y pueden odiar tanto al sexo como a sus compañeros. Pero siendo arrastradas por la pasión, ellas siguen «usando» a otras personas para la propia satisfacción.

Esta actitud hacia el sexo se manifiesta en el idioma obsceno ruso llamado mat —el idioma de la guna tamas— en el cual el sexo se presenta como algo sucio y, aún más, como un medio para manchar al otro.

Las personas de esta guna, aunque se lo permiten para sí, condenan y odian el sexo en los demás e incluso están dispuestas a «apedrearlos» por esto.

En el cristianismo terrenal podemos ver una de las manifestaciones de la guna tamas en la doctrina de la «inmaculada concepción» de Jesús por Su madre María.* ¡De este giro de lenguaje resulta que todas las otras concepciones son maculadas! ¿Estarán todos los padres de acuerdo en que sus hijos son un producto de algo maculado?

Los representantes de la guna tamas no pueden entender que el sexo de otras personas puede ser muy distinto, a saber, que no necesariamente es un medio para satisfacer su primitiva pasión animal (denominada «impulso sexual» en el lenguaje científico), sino un medio para expresar el amor, que contiene la belleza de entregarse al otro, así como la búsqueda y el encuentro de la armonía mutua, la armonía de la unión de las conciencias que se aman la una a la otra. En el amor sexual de la guna sattva, las personas realmente pueden aprender a unir las conciencias que permanecen en el estado de amor con el fin de, habiéndolo aprendido, unir las conciencias con la Conciencia del amado Padre Celestial.

Pero ¿quién es capaz de experimentar tal amor? ¡Sólo las personas del sattva! ¿Y hay un criterio claro para definir quiénes son las personas del sattva? Lo hay: son aquellos que, como mínimo, han aprendido a experimentar el amor cordial, es decir, las emociones del corazón espiritual «abierto». Sin embargo, tales personas son muy pocas.

De lo antedicho se puede ver que para algunos el sexo es un camino para entrar más profundamente en el tamas, y cada nuevo acto sexual es realmente otro paso hacia el infierno para ellos. En cambio, para otros el sexo es un medio a través del cual fortalecen dentro de sí mismos la armonía, la sutileza, la pureza, el amor emocional y la facultad de cuidar al otro. También constituye un entrenamiento para aprender a unir la conciencia en el amor y una parte de los estudios en la Escuela de Dios en el Camino hacia la Unión con Él.

Por eso Jesús dio recomendaciones diametralmente opuestas con respecto al sexo a diferentes personas: a algunos les recomendó restringir su sexualidad, mientras que a otros predicó lo opuesto.

Veámoslo en los ejemplos:

«Ustedes han oído que se dijo: “No cometerás adulterio”. Pero Yo les digo que cualquiera que mire a una mujer con deseo ya cometió adulterio con ella (…)» (Mateo 5:27-28).

«(…) ¡Quien se casa con la divorciada, comete adulterio!» (Mateo 5:32)

Ahora continuemos con el episodio de María Magdalena, narrado por ella, en el cual se la culpó de adulterio y se la llevó para que Jesús la juzgara:

«Ellos me tomaron y quisieron apedrearme. Yo, pecadora, amé a un varón que estaba casado y tenía tres hijos. Los parientes de su esposa me trajeron a la plaza y empezaron a gritar con voz fuerte: “¡Matemos a la adúltera! ¡Ella profanó la ley!”.

»Entonces vino el Cristo y les dijo: “¡Aquel que se considera sin pecado, que tire la primera piedra!”. Y así hizo (…) que la muchedumbre se dispersara.

»Después Él se me acercó y se arrodilló frente a mí.

»¡Oh Sion! Yo ardía de vergüenza y miedo. Algo sublime estaba ocurriendo en mí. Caí en la tierra y sollocé. Él acariciaba mi pelo y decía:

»“Mi querida hermana, halla las fuerzas para escucharme. Mucho mal existe sobre esta Tierra, muchas mentiras han sido dichas por el malvado. Olvídate de que eres una pecadora y dime, ¿tu corazón vive cuando amas?»

»“¡Vive, Señor! ¡Cuando no amo está muerto!”

»“¡Entonces ama, hermana celestial! ¡Y no peques más, pensando que eres una pecadora!”

»Así es como, hermanos, vi por primera vez a Dios vivo en la Tierra.» (Preguntas de María, 20-27)

Además, Jesús le dijo lo siguiente:

«¡Lo que es pecaminoso en este mundo es virtuoso en el Reino de Mi Padre! ¡La (Verdadera) Vida es la vida de amor, y no de odio!

»Muchos “virtuosos” odian y condenan. Pero Yo les digo: ¡la adúltera que no odia será mejor en el Día del Juicio que un “virtuoso” que condena!» (Preguntas de María, 13-15)

Jesús también explicó a María una regla importante de las relaciones sexuales entre las personas espiritualmente avanzadas: sus relaciones deben ser un secreto entre ellas y Dios. En otras palabras, sólo Dios debe ser el Testigo y Guía de su amor. De lo mismo habló el Apóstol Felipe: «Un matrimonio que está descubierto se convierte en libertinaje (…)» (El Evangelio de Felipe, 122).

María Magdalena llegó a ser una discípula de Jesús y se unió a Su grupo. Hay una descripción importante de sus relaciones con Él:

«(…) La compañera del Hijo (es) María Magdalena. El Señor la amaba más que a todos los discípulos y la besaba a menudo en su boca. El resto de los discípulos, viéndole amando a María, Le dijeron: “¿Por qué la amas más que a todos nosotros?”. Contestándoles, Él dijo: “¿Por qué no les amo a ustedes como a ella?”» (El Evangelio de Felipe, 55).

Matrimonio y divorcio

Si uno entendió el capítulo anterior, entonces también entenderá fácilmente la razón de las declaraciones aparentemente contradictorias de Jesús sobre la concesión del divorcio. En algunos casos, parece que Él no aconsejó divorciarse (Mateo 19:3-9; Marcos 10:2-12; Lucas 16:18); en cambio, en otros lo bendijo cuando uno de los esposos podía seguir el Camino hacia Dios, hacia la Perfección, mientras que el otro no podía y no quería ir, sino que sólo obstaculizaba al compañero (Marcos 10:29-30; Lucas 18:29-30).

«¿Piensan que Yo vine a dar paz en la Tierra? ¡No, les digo, más bien división! (…)» (Lucas 12:51)

¿Por qué es así? Porque dos personas, después de unirse en matrimonio, no necesariamente se desarrollan con la misma velocidad. Ellos recorrieron una cierta parte del camino aprendiendo el uno del otro, pero en cierto momento esta situación agota sus posibilidades y, en adelante, los programas de sus estudios con Dios deben ser diferentes. Dios los unió y Él puede separarlos. Si las personas intentan oponerse refiriéndose a la Biblia, ellas mismas se ponen en contra de Dios. También sucede que la iglesia se apropia del derecho a gestionar los asuntos de unión y separación de las personas, aunque Dios no lo ha delegado a nadie: «¡El Gran Creador no ha compartido Su Poder con nadie! (…)» (La Vida de San Issa, 5:17)

La vida familiar también representa lecciones en la Escuela de Dios llamada Tierra. Dos personas estaban en el mismo grado en una escuela secundaria, enamorados el uno del otro. Pero después de terminar la escuela, no fueron a la misma universidad para continuar su educación; sus caminos se separaron y ellos mismos se volvieron diferentes: diferentes en su facultad de comprender la información de Dios. En este caso, su vida familiar será un adulterio: «(…) ¡Cualquier unión (sexual) entre personas disímiles es un adulterio!» (El Evangelio de Felipe, 42).

En este ejemplo vemos que «las reglas de conducta» que Dios da a las personas de diferentes niveles de acercamiento a Él pueden ser incluso diametralmente opuestas.

«Cuando un ciego y uno que ve están juntos en la oscuridad, ellos no difieren entre sí. (Pero) cuando la luz llegue, el que ve verá la luz; en cambio, el ciego permanecerá en la oscuridad» (El Evangelio de Felipe, 56).

Nudismo

La vista de un cuerpo humano desnudo —incluso uno muy bonito— causa emociones turbulentas de indignación en muchas personas formadas en las iglesias cristianas modernas. ¿Quiénes son ellos? ¿Quiénes son estas personas que viven constantemente en emociones de condenación, hostiles e intolerantes con todo lo inusual para ellos, incluso con algo muy bello?

Si ellos creen que se les ha dado poco o que no se les ayuda de la manera que ellos consideran «correcta», están dispuestos incluso a matar al que se sacrifica por ellos. Cuando sucede que están en la naturaleza («salieron a descansar»), no pueden disfrutar de su belleza, no pueden calmarse, sino que sólo son capaces de matar, mutilar, beber, gritar y profanar. Tanto en su vida privada como en su trabajo, están enemistados entre sí, mienten, roban sin ser conscientes de que cometen un crimen y sólo se preocupan de que no los atrapen. Cuando sienten una pasión sexual (lujuria), pueden volverse tan salvajes, especialmente los varones, que son capaces de matar para satisfacerse. ¿Los ha reconocido usted? Ésta es la guna tamas en su peor manifestación.

Para otras personas, la vista de un cuerpo desnudo hermoso es sólo una señal de sexo. Pero su actitud hacia éste es diferente: el sexo no es inmundicia, sino goce para ambos; la belleza y la armonía son conceptos familiares para estas personas. Ésta es la guna rajas.

Las personas de la guna sattva ven en la belleza desnuda natural de un cuerpo una posibilidad para el goce estético, para sintonizarse con la sutileza y ternura. Para ellos es una posibilidad de llegar a ser mejores, más cercanos a Dios. Tal contemplación puede convertirse para ellos en un elemento del trabajo espiritual. La pasión sexual en este caso no surge, como tampoco surgen pensamientos sobre el coito. Esto no siempre es entendible para las personas de la guna rajas, ni hablar de los representantes de la guna tamas.

Si examinamos las obras «eróticas», llegamos a la conclusión de que éstas pueden ser muy diferentes y poseen las cualidades de su autor. En otras palabras, examinando una u otra obra, se puede entender a qué guna pertenece su autor: a tamas, a rajas o a sattva. También podemos ver las cualidades del «modelo» según las gunas.

¿Y cuál es la actitud hacia la belleza sáttvica desnuda de aquellos que avanzaron en su desarrollo más allá de las gunas? Ellos, habiéndola evaluado, afirman: sí, es maravilloso, me alegro por las personas que poseen tales cualidades, que las entienden y las contemplan. Pero quien conoce al Dios Vivo y está ávido por comunicarse sólo con Él no se tienta por disfrutar durante mucho tiempo de la contemplación de esa belleza. Es así, porque esta persona ya ha conocido aquello que es superior. «Quien ha salido del mundo, ya no puede ser atrapado (por éste), como aquel que (todavía) permanece en el mundo. Esta persona se encuentra por encima del deseo y del miedo» (El Evangelio de Felipe, 61).

El nudismo existe en forma de arte: la fotografía, la pintura, la escultura, el erotismo del ballet, cine o teatro.

Pero también existe en su forma «viva», por ejemplo, cuando uno toma el sol desnudo en una playa. Por supuesto, algunas personas van allí para hacer nuevos contactos. ¿Por qué no? ¿Qué hay de malo en ello? (Siempre y cuando no molesten a los que no lo quieren; tal molestia, a propósito, es propia de los representantes de la guna tamas).

Vale destacar que la mayoría de aquellos que nadan y toman el sol en playas nudistas no apuntan al sexo con esto. Ellos simplemente buscan la armonía natural, la sencillez y la pureza de las relaciones con otras personas y con la naturaleza. (Los que permanecen en la guna tamas, la guna del infierno, no pueden entenderlo).

Es más, el nudismo puede servir como un componente especial del trabajo espiritual para aquellas personas que han alcanzado la guna sattva y ayuda a fortalecer sus cualidades sáttvicas. Como Jesús predicó (Mateo 18:3; Marcos 10:15; Lucas 18:17), estas personas, de hecho, se vuelven «como niños» en sus relaciones abiertas y puras con la naturaleza, con Dios y entre sí. La sexualidad en este caso desaparece y es reemplazada por el cuidado tierno y cariñoso del uno hacia el otro. Esta situación emocional contribuye mucho a la unión de las conciencias sutiles y llenas de amor entre sí y con el Espíritu Santo, lo que es muy valioso en el Camino espiritual.

Alguien puede preguntar: ¿y cómo el tema de este capítulo está relacionado con el cristianismo? Está relacionado muy directamente, porque Jesús habló con Sus discípulos sobre esto (sin embargo, muy en breve según las escrituras disponibles para nosotros). Así que sólo me resta dar una cita:

«¡Cuando ustedes se desnuden sin estar avergonzados, tomen sus ropas y las pongan bajo sus pies, como niños pequeños, y las “pisoteen”, entonces verán (en verdad) al Hijo de Aquel Que es (eternamente) Vivo!» (El Evangelio de Tomás, 37)

Es más: «¡Para los puros todo es puro! (…)» (Tito 1:15)

Ahora los últimos comentarios sobre este tema:

Primero, los nudistas no deben comportarse «de una forma provocadora» hacia las personas que no gustan del nudismo. De qué guna sean estas personas, no importa. Pero si esto es desagradable para ellas, entonces el practicar el nudismo a su vista significa causarles daño y violar los principios éticos de las relaciones con otros seres. Por lo tanto, es mejor escoger para el nudismo lugares retirados en la naturaleza o lugares «legitimados» en las playas.

Por favor, no tomen el contenido de este capítulo como una invitación a que todos se desnuden. Uno debe entrar en la guna sattva, por lo menos, para que el nudismo pueda convertirse para esta persona en un elemento del trabajo espiritual.

Varón y mujer
en el Camino espiritual

Es apropiado discutir aquí la psicología del sexo.

Para empezar, ¿cuál es el sexo de Dios?

Si Lo dibujamos como un anciano en una nube y decimos: «¡Éste es su Dios Padre, adórenlo!», entonces, sí, por supuesto, es de sexo masculino e incluso tiene barba, y una categoría de personas de cierta edad evolutiva rendirán culto a semejante icono y creerán que Dios es un varón. Así pasó en Rusia.

Jesús también Lo llamó Padre, es decir, en el género masculino. Pero es en la tradición judaica en la que Dios fue designado como Padre.

Pero, en realidad, Él es igualmente Padre y Madre. Es decir, no tiene ningún sexo. ¡Pues Él no es un humano, sino la Conciencia Primordial Universal!

¿Y los espíritus son de un cierto sexo?

Los espíritus no tienen ningún cuerpo, por lo cual tampoco tienen sexo, aunque mantienen la autopercepción que tuvieron en su último cuerpo hasta su nueva encarnación y también pueden mantener su apariencia habitual. «Entre los espíritus (…) los hay masculinos y femeninos (…)», escribió el Apóstol Felipe (El Evangelio de Felipe, 61).

Sin embargo, en la siguiente encarnación el sexo del cuerpo puede cambiar. ¿De qué depende esto? Depende de las cualidades que uno debe desarrollar o reprimir en uno mismo. Pues algunas cualidades son más fáciles de desarrollar poseyendo un cuerpo masculino y otras, en cambio, poseyendo un cuerpo femenino. Es lo mismo con la supresión de las cualidades negativas.

El sexo de un cuerpo también está relacionado con las hormonas sexuales: los andrógenos, los estrógenos y la progesterona… Éstos determinan la sensación de pertenencia a un cierto sexo (la cual es definida por el nivel de andrógenos en la fase embrionaria del desarrollo). Pero lo más importante para nuestro tema es que el vigor y algunas otras características de una persona adulta también dependen de su nivel de hormonas sexuales.

Por eso los varones —con su alto nivel de andrógenos—viven, por lo común, más intensamente que las mujeres, aspiran a las lejanías ignotas, estudian lo desconocido, luchan por sus ideales, dominan sobre la parte menos dinámica de la sociedad: las mujeres. Y el hecho de que los varones estén en su mayoría en puestos ejecutivos no es una mala tradición, ni una infracción de los derechos de las mujeres, ni un índice de su «inferioridad», sino un proceso natural de distribución de papeles sociales, que dependen de las capacidades para los diferentes tipos de actividades.

Con todo, ni el nivel de andrógenos ni el sexo tienen influencia directa en el nivel del intelecto.

Un alto nivel de andrógenos en una encarnación masculina contribuye al desarrollo del vigor, a la investigación activa en la ciencia, incluyendo la ciencia sobre Dios. De esto se origina el deseo natural de un varón maduro de volverse un líder, de guiar a las personas, de ayudarlas, de sacrificarse por su causa.

Una mujer típica es lo opuesto a tal varón. Ella ha crecido en esta vida bajo la influencia de las hormonas femeninas y, por lo tanto, busca paz, armonía, comodidad y belleza. Ella quiere tranquilizar al varón también. No le gusta un varón agitado e indomable que siempre está aspirando a alguna parte. Esto puede causarle admiración, pero es difícil permanecer con tal persona en armonía y tranquilidad.

En cambio, para el varón, la mujer no es suficientemente vigorosa y él trata de hacerla más enérgica.

Una mujer cabal está alegre de dar a los varones su armonía, ternura, belleza, tratando de ayudarlos, «ennobleciéndolos», acercándolos a su ideal, a veces sacrificándose a sí misma. Y los varones cabales también están dispuestos a guiar a las mujeres para enseñarles lo que ellos han aprendido. De esta manera, ayudándose mutuamente y enseñándose el uno al otro lo que a cada uno le falta, pueden ir juntos a la Meta común: a la Perfección.

Jesús, dirigiéndose una vez a los varones, dijo:

«¡Respétenla, protéjanla! ¡Actuando así, obtendrán su amor (…) y serán agradables para Dios! (…)

»¡Amen también a sus esposas y respétenlas, porque ellas serán madres mañana y más tarde las procreadoras de toda la generación!

»¡Sean indulgentes con la mujer! ¡Su amor ennoblece al varón, ablanda su corazón endurecido, doma a la fiera y la convierte en un cordero!

»¡La esposa y la madre son tesoros inapreciables dados a ustedes por Dios! ¡Ellas son los ornamentos más hermosos de la existencia, y de ellas nace todo lo que habita en el mundo!

»Así como Dios (…) separó la luz de la oscuridad y la tierra de las aguas, la mujer posee la facultad divina de separar en el hombre las buenas intenciones de los malos pensamientos.

»¡Por eso Yo les digo que después de Dios sus mejores pensamientos deben pertenecer a las mujeres! ¡La mujer para ustedes es un templo divino donde obtendrán fácilmente el éxtasis completo! ¡Obtengan en este templo la fuerza espiritual! ¡Allí ustedes se olvidarán de sus dolores y fracasos y recuperarán las fuerzas perdidas necesarias para ayudar a su prójimo!

»¡No la expongan a la humillación! ¡Actuando así, se humillarán a ustedes mismos y perderán el sentimiento de amor sin el cual nada existe aquí en la Tierra!

»¡Protejan a su esposa, y ella los protegerá a ustedes y a toda su familia! ¡Todo lo que ustedes hagan a su esposa, a su madre, a una viuda o a otra mujer en aflicción, lo estarán haciendo a Dios!» (La Vida de San Issa, 12:13-21)

Lo que fue dicho hasta ahora en este capítulo estaba relacionado con los varones y las mujeres lo suficientemente evolucionados. En cambio, aquellos que todavía no han intentado llegar a ser mejores conscientemente muy a menudo deciden «afirmarse» mediante la arrogancia y el desdén hacia los representantes del sexo opuesto.

Al respecto, recuerdo la siguiente anécdota:

Había una vez un anciano y una anciana que vivían en un apartamento comunitario. Debido a la vejez, la vista del anciano comenzó a deteriorarse y él empezó a orinar a un lado del inodoro, por lo que la anciana tenía que limpiar cada vez que él iba al baño. Ella se sentía avergonzada ante los vecinos del apartamento y una vez perdió su paciencia y le rogó:

«¡Hazlo sentándote sobre el inodoro! ¡Entonces no orinarás a un lado!»

«¿Sentarme sobre el inodoro como una mujer?» —el anciano perdió su respiración debido a la vergüenza y la indignación. Casi le dio un ataque cardíaco.

¡Él continuó orinando a un lado del inodoro hasta el fin de su encarnación! ¡Pero lo hacía estando de pie, como un verdadero varón!

Un chorro de arrogancia masculina fue vertido en el Nuevo Testamento por el apóstol Pablo. Nosotros ya hemos discutido que él no logró transformar todos sus aspectos enseguida. Por ejemplo, él escribió:

«Que la mujer aprenda en silencio, con toda sumisión. No permito que una mujer enseñe ni ejerza autoridad sobre el varón, sino que permanezca callada. Ya que Adán fue creado primero, y después Eva (…)» (1 Timoteo 2:11-13).

«¡Que sus mujeres guarden silencio en las iglesias, porque no les es permitido hablar, sino estar en sometimiento! (…) ¡Pues es indecente para una mujer hablar en la iglesia!» (1 Corintios 14:34-35)

«¡Esposas, sométanse a sus propios maridos como al Señor, porque el marido es la cabeza de la esposa! (…)» (Efesios 5:22-23)

«Juzguen ustedes mismos: ¿es decente que una mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?» (1 Corintios 11:13).

Sin embargo, la actitud de Jesús era diferente:

«Simón Pedro les dijo: “¡Que María nos deje, porque las mujeres no merecen la (Verdadera) Vida!”. Dijo Jesús: “¡Miren, Yo la guiaré para hacerla varón! (…) ¡Ya que cada mujer que se haga varón entrará en el Reino de los Cielos!”» (El Evangelio de Tomás, 114)

Un varón que va a la Perfección debe completarse con lo femenino, con lo mejor que las mejores mujeres poseen. Una mujer que va a la Perfección debe completarse con lo masculino, con lo mejor que los mejores varones poseen. Como resultado, tanto el varón como la mujer se olvidan del sexo de sus cuerpos actuales y llegan a ser puras conciencias que anhelan unirse con la Conciencia del Creador. «(…) ¡Cuando ustedes hagan (…) del varón y de la mujer uno solo, de modo que el varón no sea el varón ni la mujer sea la mujer, (…) entrarán en el Reino (del Padre)!» (El Evangelio de Tomás, 22)

«Minorías»

Aquellos que tienen una actitud despreciativa hacia el sexo opuesto sin duda tendrán el cuerpo de este sexo en su próxima encarnación y estarán en un ambiente social de tal bajo nivel de desarrollo que los hará experimentar plenamente una actitud semejante hacia ellos.

Lo mismo sucede con el factor nacional, confesional, con el problema de las «minorías sexuales», a saber, aquel que desprecia u odia a las personas porque ellas no son «como yo» o «como nosotros» será enseñado por Dios a ser compasivo con el dolor ajeno a través de su propio dolor. Ésta es una de las reglas que muy comúnmente Dios aplica para educarnos.

Por esta razón Él crea cuerpos de diversas «minorías», para encarnar en éstos a los pecadores que no las aceptaban.

Nuestra tarea es, a través de todo esto, aprender a no dividir a las personas en «los nuestros» y «los ajenos» por cualquier rasgo que sea. «¡Todos somos hijos de Dios!», esto es lo que Él nos enseña. «(…) No hay ninguna diferencia entre un judío y aquel que no lo es, porque el mismo Señor es el Señor de todos los que Le invocan» (Romanos 10:12). Lo mismo pasa con cualquier rasgo de apariencia humana externa.

Con todo, existe un índice esencial para evaluar a las personas. Es la guna en la que ellas se encuentran. Hay que amar a todos, pero de manera diferente según el caso: a algunos, con amor-devoción y respeto, a otros, como amamos a los niños o a los amigos y a otros, con amor-compasión. ¡Pero nunca se debe odiar o mostrar desdén hacia nadie!

«Así mismo actúa el discípulo de Dios. Si es sabio, comprende el aprendizaje. Las formas corporales no le engañarán, sino que mirará el estado del alma de cada uno (cuando) hable con esta persona. Hay muchos animales en este mundo que tienen apariencia humana externa. Cuando los reconozca, a los “cerdos” les echará “bellotas”, al otro “ganado”, “cebada”, “paja” y “hierba”, a los “perros”, “desechos”, a los esclavos les dará “brotes” y a los “niños”, lo perfecto» (El Evangelio de Felipe, 119).

Compasión

La compasión es el principio ético fundamental de las relaciones de una persona con otras y con todos los seres vivos, incluyendo a los no encarnados. Éste es el principal aspecto del amor en la Tierra y el primer criterio en todo el trabajo ético según el cual Dios decide si permite a una persona acercársele o no.

El causar cualquier daño injustificado a las personas o a otros seres nunca puede ser aprobado por Dios.

Pero ¿qué es hacer daño justificado entonces? Es, por ejemplo, causar dolor u otro perjuicio a los delincuentes al rechazar sus acciones delictivas o al defender a otras personas de ellos. Otro ejemplo es castigar a un niño que está haciendo travesuras peligrosas para sí mismo o para los demás. También es limitar la libertad de las personas mentalmente enfermas, etc.

Sin embargo, la venganza nunca puede ser justificada, ya que es una reacción egocéntrica del propio «yo» ofendido, el cual no debe existir en absoluto.

Quien abarcó el verdadero amor no podrá causar dolor injustificado a ningún animal. Esta persona no podrá comer los cadáveres de animales que fueron asesinados, porque en sus cuerpos está el dolor de sus muertes.

Jesús, por ejemplo, expresó asombro y disgusto cuando aludieron a la posibilidad de probar un cordero de «sacrificio» en Pascua: «¿Piensan que Yo voy a comer carne en Pascua con ustedes?» (Epifanio, Her., 22:4; citado de [45]). Ni Él ni Sus discípulos comieron cuerpos de animales, salvo el pescado; esto se desprende de las palabras del apóstol Pedro (Hechos 10:10-14).

Pero ellos sí mataban a los peces y los comían. Esto es entendible, puesto que Jesús no proponía a las personas cambios de estereotipos de vida demasiado bruscos y superiores a sus fuerzas. Él no podía decir a los pescadores: «¡No coman pescado!». ¡Pues ellos no escucharían más a tal predicador!

En cambio, nosotros ahora tenemos la posibilidad de aceptar el principio de Amor-Compasión como un concepto ético y seguirlo tan amplia y completamente como sea posible dentro de los límites de la sensatez.

Por ejemplo, no tiene ningún sentido reflexionar si se permite o no matar a un perro rabioso, a un lobo que ataca, a los mosquitos que pican, a los tábanos, a las garrapatas, etc. Si pudimos matarlos y no lo hicimos, ellos atacarán a los demás y esto será nuestra culpa, nuestra transgresión del principio de Amor-Compasión respecto a las víctimas.

Tampoco tiene sentido dudar si uno tiene el derecho a matar plantas para la comida, para hacer fuego, para la construcción o a usar productos lácteos y huevos para la nutrición. Pues no podemos desarrollarnos en la Tierra sin esto. Y la comida debe ser de máximo valor nutritivo, con un conjunto completo de aminoácidos esenciales.

Pero matar o mutilar plantas sin una justificación racional es una cosa diferente, por ejemplo, arrancarlas «mecánicamente» y tirarlas, o recoger un ramillete de flores, o comprar (cortar) un abeto para el Año Nuevo o Navidad y luego tirarlo. Éstas son muertes injustificadas: nosotros no las matamos para nuestra supervivencia y desarrollo, sino simplemente por antojo, porque «todos hacen esto», o porque «¡Yo lo quiero!».

Aún en el tiempo de Moisés, Dios dio el mandamiento «¡No matarás!», y lo mismo fue repetido por Jesús (Lucas 18:20). Pero el egoísmo humano, la costumbre de desechar todos los principios que impiden la satisfacción de los propios antojos, la incapacidad de compadecerse y de compartir el dolor ajeno llevan a las personas a buscar pretextos para transgredir este mandamiento de Dios, inventar limitaciones de su aplicación o fingir que simplemente no lo notaron.

A propósito, Pablo, en la Primera Epístola a los Corintios (10:27) «permite» transgredir este mandamiento diciendo: ¡Coman cualquier cosa que les pongan ante ustedes! Pero, al mismo tiempo, dice que él es «imitador» del Cristo y llama a los demás a hacerse «imitadores» del Cristo así como él (11:1). Sin embargo, en este asunto Pablo no imitó al Cristo en aquel entonces.

Por otra parte, en la Epístola a los Romanos, él escribe en forma diferente: «Es mejor no comer carne (…)» (Romanos 14:21).

Y para disipar las últimas dudas sobre esta materia, veamos lo que dijo Jesús el Cristo Mismo: «¡Absténganse no sólo de hacer sacrificios humanos, sino también aun de matar a cualquier animal al que se le haya dado la vida! (…)» (La Vida de San Issa, 7:14).

La verdadera compasión se origina del entendimiento de que todos nosotros —incluyendo las criaturas vegetales— somos hijos de Dios de edades diferentes, hermanos y hermanas en Su única familia universal. Todos tenemos el mismo valor. Todos tenemos intereses objetivamente iguales en el universo. Todos somos uno. Así que, ayudando a otros, ayudamos a Dios en Su Vida-Evolución. Todo esto es una Vida, la Vida del Organismo del Absoluto, donde no hay nada «mío». Hay sólo Vida común llena de Su Significado. ¡Nuestro papel —como una parte de Su Organismo— es ayudar a otros en este Camino de Crecimiento! ¡Solamente crece! No hay nada mío, hay sólo lo Común, lo Suyo.

«¡Que cada uno se preocupe no solamente de sí mismo, sino también de los demás! ¡Que estén en ustedes los mismos sentimientos que estaban en el Cristo Jesús!» (Filipenses 2:4-5)

Esto llega a ser realidad cuando aprendes a vivir según Sus intereses y, como resultado, según los intereses de los demás. No hay un interés propio entonces, y no hay tu «yo», tu «ego». Éste se disolvió primero en los otros y después en Él.

Lucha contra el «yo» inferior

Para alcanzar la Meta Más Alta, la Unión con el Padre Celestial, uno no sólo necesita entrar en los «Cielos» Más Altos, sino también aprender a disolverse en la Conciencia del Padre eliminando la propia individualidad.

Con todo, ni siquiera el amor pleno hacia el prójimo es posible sin la facultad de ver una situación desde su punto de vista, con sus ojos. Y para esto es necesario no sólo experimentarse en el propio cuerpo, sino también en consustancialidad con la persona o personas a las que cuidamos.

Tal estado puede practicarse en una colectividad pequeña, por ejemplo, la de un varón y una mujer enamorados, o en colectividades grandes, como aquellas relacionadas con la producción, ciencia, religión, etc.

Un buen jefe dirige experimentándose a sí mismo como la colectividad entera y a ésta como un organismo. En este caso, su «interés personal» desaparece y la sensación del «yo» se disuelve en todos. El líder comienza a percibir a los demás como consustanciales a él o ella y el cuidado de ellos empieza a predominar sobre el cuidado de su bien personal. Ésta es la realización de los mandamientos: «(…) ¡Amarás a tu prójimo como a ti mismo!» (Mateo 22:39) y «¡Ama a tu hermano! (…) ¡Cuídalo como a la pupila de tu ojo!» (El Evangelio de Tomás, 25).

Una persona de amor comienza a aprenderlo en grupos sociales pequeños y luego en grupos cada vez más y más grandes. El apóstol Pablo propuso a los seguidores del Cristo que extendieran entre sí el sentimiento de la propia consustancialidad, experimentándose, de esta manera, como un solo Cuerpo Crístico encabezado por el Cristo y el Padre (Efesios 1:22-23).

Este tipo de trabajo meditativo da por resultado el crecimiento gradual de la conciencia del líder, y cuanto más cariñoso, sutil y atento sea su amor, mejor será este crecimiento.

Otro ejemplo de disolverse en el amor nos fue mostrado por Jesús con la imagen meditativa de una vid. Ésta tiene la raíz en el Padre, tiene un tronco, ramas-ayudantes y hojas-oyentes, que se ponen verdes, susurran y luego se caen. Además, la vid produce hermosos frutos con semillas que darán nuevos brotes (Juan 15:1-16).

Lo opuesto a tales líderes es un tirano presumido y necio.

Así, tenemos dos ejemplos de posibles líderes: por un lado, un tirano presumido y necio que convierte la vida de la mayoría de sus subordinados en una pesadilla y, por otro, la persona que se desarrolla según las meditaciones descritas por Jesús y Pablo.

Esto último se logra con la ayuda de combinaciones especiales de técnicas meditativas. Sin embargo, en este capítulo no las describiremos, sino que sólo nos limitaremos a citar algunas recomendaciones de Jesús y de Sus apóstoles que pueden ayudar a prepararse para tal trabajo.

«(…) Ustedes saben que los príncipes de los pueblos dominan sobre ellos y sus cortesanos reinan sobre ellos. ¡Pero entre ustedes no ha de ser así! ¡Por el contrario, quien quiera entre ustedes ser más grande, que sea (…) servidor, y quien quiera entre ustedes ser el primero, que sea (…) siervo!» (Mateo 20:25-27)

«(…) ¡Aprendan de Mí, porque soy manso y humilde! (…)» (Mateo 11:29)

«¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? ¡Que lo demuestre con su buena conducta y con su sabia mansedumbre!» (Santiago 3:13)

«¡No tomen venganza! (…)» (Romanos 12:19)

«Cuando seas invitado por alguien (…) no te sientes en el primer lugar (…). Pues cualquiera que se enaltezca será humillado, y cualquiera que se humille será enaltecido» (Lucas 14:8-11).

«¡Bienaventurados los mansos! (…)»* (Mateo 5:5)

«¡Que nadie busque el bien para sí, sino para el prójimo!» (1 Corintios 10:24)

«(…) ¡Por humildad, que cada uno de ustedes considere al otro como superior a sí mismo!» (Filipenses 2:3)

«Cuídense de no dar limosna (…) para ser vistos (…). ¡Así no tendrán ninguna recompensa de su Padre Celestial! (…) Cuando des limosna, no toques una trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas (…), para ser alabados por la gente. En verdad les digo: ellos ya han recibido su “recompensa”. (Y) que tu limosna (…) sea en secreto (…). (Entonces) tu Padre Que ve lo secreto te recompensará abiertamente» (Mateo 6:1-4).

«(…) ¡Cualquiera de ustedes que no renuncie a todo lo (terrenal) que tiene, no puede ser Mi discípulo!» (Lucas 14:33)

«(…) ¡Es más dichoso dar que recibir!» (Hechos 20:35)

«(…) ¡De ninguna manera aprecio mi vida, solamente deseo acabar mi carrera con gozo y el servicio que recibí del Señor Jesús! (…)» (Hechos 20:24)

«(…) ¿Qué es su vida? ¡Es un vapor que aparece por poco tiempo y luego desaparece! (…)» (Santiago 4:14)

«(…) Ambas cosas me atraen: el deseo de partir (del cuerpo) y estar con el Cristo, que es lo mejor, pero permanecer en la carne es más necesario para ustedes. ¡Y sé ciertamente que permaneceré y continuaré con ustedes para su progreso y gozo en la fe! (…)» (Filipenses 1:23-25)

«(…) ¡Para mí el vivir (verdadero) es el Cristo, y el morir (del cuerpo) es la obtención (de Él)! (Filipenses 1:21)

«¡Miren que nadie pague mal por mal! (…)» (1 Tesalonicenses 5:15)

«(…) ¡No buscamos la gloria humana! (…)» (1 Tesalonicenses 2:6)

«Exhorta a los ricos de este siglo a que no sean presumidos ni a que confíen en las riquezas inciertas, sino en el Dios Vivo, Quien nos da en abundancia todo para que lo disfrutemos. Exhórtales a que hagan el bien y se enriquezcan con buenas obras, a que sean generosos y caritativos, acumulando para sí un tesoro tal que sea un buen fundamento para el futuro, para alcanzar la vida eterna» (1 Timoteo 6:17-19).

«¡Evita competiciones necias, genealogías, disputas y querellas (…), porque son inútiles y vanas!» (Tito 3:9)

«(…) El mayor entre ustedes hágase como el menor, y quien dirige como aquel que sirve» (Lucas 22:26).

«El amor (…) no dice: “¡Esto es mío!” (…), sino que: “¡Esto es tuyo!”» (El Evangelio de Felipe, 110).

«¡A Mí y sólo a Mí Me pertenece todo lo que ustedes poseen, todo lo que se encuentra alrededor de ustedes, sobre ustedes o debajo de ustedes!» (La Vida de San Issa, 8:11)

Monacato

En el transcurso de muchas encarnaciones terrenales, nos preparamos para entrar en la última fase de la evolución personal. Esta fase es el verdadero monacato. Enfatizo que sólo el monacato entendido de esa manera es realmente verdadero, porque muchas personas sólo juegan a ser «monjes» sin haber entendido lo que es Dios.

Antes de esta etapa, las reglas generales de vida para cada uno eran las siguientes:

1. Desarrollar el intelecto (como una de las funciones de la conciencia, como un «aparato» del pensamiento: de memorización, análisis, síntesis, creatividad), acumular conocimiento sobre lo principal: sobre Dios, sobre el hombre, sobre la evolución. (El conocimiento concreto acumulado durante la vida terrenal normalmente no se preserva de una encarnación a otra; sin embargo, las estructuras de la conciencia, desarrolladas a través de su funcionamiento correcto, pasan a cada nueva vida, así como las cualidades obtenidas, tales como el vigor, ciertas facultades intelectuales, ciertas inclinaciones éticas, etc.).

2. Perfeccionarse éticamente tomando como punto de referencia las recomendaciones de Dios acerca de cómo debemos ser según Él.

3. Desarrollar correctamente la propia esfera emocional y cultivar dentro de uno mismo el amor a Dios, el cual, un día u otro, deberá convertirse en un enamoramiento apasionado de Él.

4. Cultivar la sutileza emocional, no permitir que la conciencia se haga grosera.

Es natural que en las etapas tempranas de nuestra evolución personal no busquemos el conocimiento del nivel superior, ni nos enamoremos de Dios, sino de las personas y de las cosas, ni tratemos de alcanzar el Reino Celestial, sino una cima montañosa, un diploma universitario, un grado académico, etc. Esto es bueno, normal. Todo esto es el entrenamiento antes del Escalamiento principal. Y este Escalamiento será apropiado sólo cuando estemos preparados según todos los parámetros mencionados anteriormente.

Sólo entonces, no antes, uno puede empezar a apartar su atención de lo terrenal y dirigirla al nuevo y último Amado, al Rey de todo. Como resultado, el buscador llega finalmente a la Cámara Nupcial (El Evangelio de Felipe, 67,125,127), en la cual, desde aquel momento, tienen lugar los encuentros amorosos con el Amado, encuentros cada vez más saturados de éxtasis y armonía. Éstos culminan en el traslado completo del buscador a la Morada del Amado y en la Unión con Él.

Esta etapa de la ardiente pasión amorosa por Él es el verdadero monacato.

Monje es una palabra de origen griego. Se usa para designar a la persona que ha llegado al estado de soledad con respecto a todo lo terrenal, es decir, al estado en el que no se identifica más con lo terrenal, incluyendo su propio cuerpo, y está vuelto con la «cara de la conciencia» hacia el Amado. El monje Lo extraña cuando algo en la Tierra lo distrae de la comunicación con Él. El monje arde de pasión por cada nuevo encuentro. El monje está avergonzado de sus propias imperfecciones durante los encuentros amorosos en Su Morada. El monje anhela llegar a ser mejor, y el Señor le explica cómo hacerlo. El «Reino», donde el monje vive ahora, realmente «no es de este mundo» (Juan 8:23; 18:36). Sin embargo, su conducta en las relaciones con el resto de las personas sigue siendo adecuada.

* * *

«¡Entren por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ésta! ¡Porque angosta es la puerta y estrecho el Camino que lleva a la (Verdadera) Vida, y pocos son los que la encuentran!» (Mateo 7:13-14)

«(…) Quiero que ustedes estén sin preocupaciones (terrenales). El soltero se preocupa por las cosas del Señor, cómo agradarle a Él. En cambio, el casado se preocupa por las cosas del mundo, cómo agradar a su esposa. Hay diferencia entre la casada y la soltera. La soltera se preocupa por las cosas del Señor, para ser santa tanto en el cuerpo como en el espíritu, mientras que la casada se preocupa por las cosas del mundo, cómo agradar a su marido» (1 Corintios 7:32-34).

«Quien ha conocido (en verdad) el mundo ha descubierto (que éste es) un cadáver, y quien ha descubierto (que es) un cadáver, de esa persona el mundo no es digno» (El Evangelio de Tomás, 56).

«Quien ha encontrado el apaciguamiento habiéndose hecho rico, ¡que renuncie al mundo!» (El Evangelio de Tomás, 110)

«¡Busquen el Reino de Dios y Su justicia primero, y todas estas cosas les serán añadidas!» (Mateo 6:33)

«¡La Cámara Nupcial nos invitó a entrar!» (El Evangelio de Felipe, 125)

«Mientras estemos en este mundo, debemos obtener la Resurrección para que, una vez que depongamos la carne, nos hallemos en la Tranquilidad y no vaguemos afuera» (El Evangelio de Felipe, 63).

«Quien ha salido del mundo, ya no puede ser atrapado (por éste), como aquel que (todavía) permanece en el mundo. Esta persona se encuentra por encima del deseo y del miedo» (El Evangelio de Felipe, 61).

«Quienes afirman que primero morirán y luego resucitarán están en un error. Si ellos no reciben primero la Resurrección estando todavía encarnados, no recibirán nada dejando sus cuerpos» (El Evangelio de Felipe, 90).

«¡(Pero) sólo aquellos que han conocido su Esencia se deleitarán en verdad!» (El Evangelio de Felipe, 105)

«¡Los Hijos de la Cámara Nupcial tienen el mismo Nombre!» (El Evangelio de Felipe, 87)

Trabajo meditativo

En el camino hacia la Cámara Nupcial, los guerreros espirituales deben perfeccionarse no sólo intelectual y éticamente, sino también psicoenergéticamente, es decir, deben transformar de manera directa la energía de la conciencia haciéndola cada vez más sutil, grande y desapegada del cuerpo. Esto se llama trabajo meditativo.

Jesús y Sus discípulos no tenían intención de dar una descripción especial de este trabajo. Pero sus principios generales y etapas se perfilaron en el Evangelio de Felipe.

En cambio, en este capítulo presentamos algunas citas de otros Evangelios y Epístolas que contienen información relacionada con este tema.

«(…) El Reino de Dios está dentro de ustedes» (Lucas 17:21).

«¡En verdad, les digo: quien no recibe el Reino de Dios como un niño (es decir, abiertamente, con sincera alegría) no entrará en él!» (Lucas 18:17)

«(…) ¡El Reino de los Cielos es alcanzado con la fuerza y los que se esfuerzan son admirados por él! (…)» (Mateo 11:12)

«Los Cielos y la Tierra se enrollarán ante ustedes (es decir, se volverán pequeños cuando ustedes lleguen a ser grandes y se unan con el Padre), y quien (será) Viviente del Viviente no verá la muerte.

»(…) ¡Quien se ha encontrado (allí), de esta persona no es digno el mundo!» (El Evangelio de Tomás, 111)

«¡Ay de la carne que depende del alma (de otro) y ay del alma que depende de su (propia) carne!» (El Evangelio de Tomás, 112)

«(…) El Espíritu Eterno, Quien mora en el Reino de Tranquilidad Absoluta y de Éxtasis Supremo, se activó y se manifestó por algún tiempo desde la Infinidad con el fin de, habiéndose vestido con la apariencia humana, mostrar (a las personas) la manera de unirse con la Divinidad y alcanzar el Éxtasis Eterno, con el fin de mostrar con Su ejemplo el Camino para obtener la pureza ética, separar el alma de su envoltura densa y lograr la Perfección necesaria para entrar en el Reino infinito del Cielo donde el Éxtasis Eterno reina» (La Vida de San Issa, 4:2-4).

«(…) ¿Qué es su vida? ¡Es un vapor que aparece por poco tiempo y luego desaparece! (…)» (Santiago 4:14)

«¡No amen a este mundo, ni aquello que está en este mundo! ¡Quien ama a este mundo no tiene el amor al Padre, porque todo lo que está en este mundo —la lujuria de la carne, la lujuria de los ojos y el orgullo de la vida— (…) proviene (…) del mundo!» (1 Juan 2:15-16)

«¡El mundo no nos reconoce, porque no Lo conoció a Él!» (1 Juan 3:1)

«(…) ¡Si la raíz es santa, también lo son las ramas!» (Romanos 11:16)

«(…) ¡No miramos lo que se ve, sino lo que no se ve! ¡Puesto que lo que se ve es pasajero; en cambio, lo que no se ve es eterno!» (2 Corintios 4:18)

«(…) Sabemos que cuando nuestra casa terrenal, esta choza (el cuerpo), se deshaga, tendremos de Dios una morada en el Cielo, una casa indestructible, eterna. Por eso suspiramos anhelando ser revestidos de nuestra morada Celestial, porque (…) deseamos (…) que lo mortal sea absorbido por la Vida (Verdadera). Y Dios nos creó para este mismo propósito (…).

»Por tanto, estamos siempre de buen ánimo; y ya que sabemos que mientras estamos en el cuerpo, estamos apartados del Señor, porque por fe andamos, no por vista, entonces cobramos ánimo y deseamos más bien salir del cuerpo (para siempre) e instalarnos en el Señor.

»Por eso, si salimos o entramos, procuramos serle agradables (…), para que cada uno pueda recibir según lo que haya hecho mientras estaba en su cuerpo (…)» (2 Corintios 5:1-10).

«(…) ¡Sean imitadores de Dios! (…)» (Efesios 5:1)

«¡Aprovechen bien el tiempo! (…)» (Efesios 5:16)

«(…) ¡Que Él (Dios), mediante Su Espíritu, les permita establecerse firmemente en el hombre interior, instalar al Cristo en sus corazones, para que ustedes, arraigados (en el Padre) y fortificados en el amor, puedan comprender (…) qué son la (verdadera) anchura y la longitud, la profundidad y la altura y abarcar el Amor del Cristo que supera el entendimiento (de una persona ordinaria), para llenarse de toda la plenitud de Dios!» (Efesios 3:16-19)

«(…) ¡Todos ustedes son hijos de la luz e hijos del día! (…)» (1 Tesalonicenses 5:5)

«(…) ¡Quien se une con el Señor es un Espíritu con Él!» (1 Corintios 6:17)

«(…) ¡Cuando (…) seamos semejantes a Él (…), Lo veremos tal como Él es!» (1 Juan 3:2)

* * *

«La Tierra ha temblado y los Cielos han llorado debido al gran crimen que se ha cometido en la tierra de Israel. Allí han torturado y han matado al gran justo Issa, en Quien moraba el Alma del universo, Que fue encarnada en un simple cuerpo mortal con el fin de hacer el bien a todas las personas y exterminar sus malos pensamientos, restablecer en la vida (en la Tierra) la paz y el amor al bien, y al hombre, deshonrado por sus pecados, devolverlo al Único e Indivisible Creador, Cuya misericordia es infinita y sin límites.

»Así acabó la existencia terrenal de la Partícula del Espíritu Eterno bajo la forma de un hombre, Quien había salvado (con Sus Enseñanzas) a los pecadores endurecidos y había soportado muchos sufrimientos.

»Y los discípulos de San Issa abandonaron la tierra de Israel y se esparcieron en otros países entre los paganos, predicándoles que debían renunciar a sus graves errores y pensar en la salvación de las almas y en el Éxtasis Total que espera a las personas en ese Mundo inmaterial, lleno de Luz Brillante, donde, en Calma y en toda Su Pureza, el Gran Creador mora en Perfecta Majestad» (La Vida de San Issa, 1:1-4; 14:4,10).

Pero «(…) vendrá el tiempo en que no soportarán las Enseñanzas sanas, sino que, según sus propios antojos, escogerán para sí maestros lisonjeros. Desoirán la Verdad y se voltearán a las fábulas. ¡Pero tú sé vigilante en todo, soporta aflicciones, haz el trabajo de un evangelista y lleva a cabo tu servicio!» (2 Timoteo 4:3-5).

«Han abandonado el Camino Recto y se han extraviado (…)» (2 Pedro 2:15).

«Y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por una imagen en forma (del cuerpo corruptible) del hombre (…)» (Romanos 1:23).

«(…) ¡Algunos (…) se han entregado a la vana palabrería, queriendo ser maestros de la ley, sin entender ni lo que (ellos mismos) dicen ni lo que afirman!» (1 Timoteo 1:6-7)

«¡Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en un hoyo!» (El Evangelio de Tomás, 34)

* * *

El cristianismo no es orar a los iconos, ni persignarse, ni temer a los demonios o al diablo, ni mendigar la propia salvación del infierno o de algún otro mal, ni tratar de obtener con oraciones diversos bienes materiales para sí.

El cristianismo es cumplir las Enseñanzas de Jesús el Cristo que implican, entre otros puntos, declarar una guerra implacable a los propios defectos, cultivar activamente las cualidades positivas que faltan y dedicarse a buscar a Dios Padre con el fin de conocerlo y unirse con Él. ¡Que así sea!