Las Enseñanzas de Don Juan Matus

Las Enseñanzas de Don Juan Matus fueron descritas en detalle por Carlos Castaneda, un norteamericano, contemporáneo nuestro de la cuidad de Los Ángeles. Sus libros, que nosotros conocemos, fueron publicados entre 1966 y 1987. Existe también el libro de D. C. Noel Visitando a Castaneda, que contiene entrevistas con él.

Cabe destacar que en sus libros Castaneda describe el período de su relación con Don Juan que duró aproximadamente tres décadas. Durante este tiempo no solamente fue Castaneda quien progresó en su desarrollo, sino también Don Juan. Es decir, leyendo los libros de Castaneda, podemos ver tanto la búsqueda espiritual temprana de Don Juan, la que no estuvo libre de errores, como la más avanzada. Por lo tanto, el concepto espiritual de su Escuela debe ser evaluado no por lo que Don Juan dijo e hizo en el transcurso de estas décadas, sino por lo que él logró al finalizar su vida terrenal.

Toda esta historia comenzó así. Carlos Castaneda, el futuro autor del best seller acerca de la Escuela de Don Juan Matus, estaba terminando la universidad en los Estados Unidos, titulándose en antropología. Por ende, decidió ir a México con el fin de recolectar información para su tesis y estudiar la experiencia de los indígenas en el uso de plantas medicinales. Habiendo llegado en su automóvil al lugar destinado, comenzó a buscar personas competentes en aquella materia. Entonces fue presentado a un indígena, cuyo nombre era Juan Matus y quien se animó a proporcionar a Castaneda los datos necesarios sin ningún cargo.

Así se conocieron y comenzó su trabajo en conjunto. Con el tiempo Castaneda descubrió que Don Juan poseía no sólo el conocimiento acerca de las cualidades de las plantas, sino también el del arte antiguo de la brujería* de los indígenas toltecas. Es más, Don Juan mismo resultó ser un brujo. Por primera vez en su vida, Castaneda se encontró con cosas que estaban absolutamente más allá del ámbito de sus nociones profanas y religiosas. Por ejemplo, resultó que las lagartijas se mostraban capaces de hablar con voz humana, que las personas podían volar en sus cuerpos y extraer varias cosas «de la nada» y así sucesivamente. Castaneda estuvo cautivado por todo esto y también crecientemente interesado, como científico, en esa área del conocimiento, nueva para él.

Una vez Don Juan invitó a Castaneda a una reunión donde estaban consumiendo substancias psicodélicas, hechas por ellos mismos. Castaneda las probó también. Y entonces ocurrió algo que por primera vez hizo a Don Juan considerar a Castaneda como un discípulo potencial serio.

Don Juan era un místico y, por lo tanto, percibía el mundo entero de un modo místico. En particular, él daba gran importancia a las así llamadas «señales» que venían a él desde «la otra realidad».

Lo que sucedió fue que Castaneda, después de tragarse unos bocados de peyote, comenzó a jugar, de una forma extraña, con el perro. Ellos comenzaron… a orinarse uno al otro. Fue la conducta del perro, absolutamente impropia de los perros, la que tuvo importancia allí. Esto fue interpretado por Don Juan como una señal de Dios (a Quien se llamaba con la palabra «Poder»), la que indicaba la importancia de un discípulo no indígena para la Escuela. Desde aquel momento Castaneda se convirtió en un verdadero miembro del grupo de Don Juan y él comenzó a iniciarlo gradualmente en el conocimiento secreto de su Escuela.

¿Cuál era su visión conceptual?

El universo consta de dos mundos «paralelos», llamados «el tonal» (el mundo de las cosas materiales) y «el nagual» (el mundo no material).

Nosotros nos comunicamos con el mundo material a través de la así llamada «primera atención», es decir, a través de los órganos de los sentidos del cuerpo físico.

No obstante, para poder conocer el nagual, hay que desarrollar «la segunda atención», es decir, la clarividencia.

También existe «la tercera atención», por medio de la cual uno conoce al Creador y a Su Manifestación, llamada «Fuego» por Don Juan.

Según la mitología, compartida por los predecesores de Don Juan, el mundo está gobernado por la divina Águila universal. Esta era su noción de Dios y aunque parece fantástica, es monoteísta.

Esta Águila se alimenta de las almas humanas que dejan sus cuerpos físicos. Pero también confiere a algunas personas la oportunidad de «pasar» por su pico después de la muerte de sus cuerpos y obtener la inmortalidad. Lo hace a condición de que ellas, durante sus vidas, adquieran las facultades necesarias, se desarrollen como conciencias hasta el nivel requerido y acumulen el poder.

Este concepto contenía un elemento atemorizante que impulsaba a los practicantes a esforzarse en su auto-perfeccionamiento. Sin embargo, Don Juan, así como Jesús, se opuso tenazmente a esa actitud hacia Dios que se basa en el temor. Él decía que al encuentro de Dios hay que ir por «el sendero del corazón», es decir, por el sendero del amor. Es interesante que Don Juan haya llegado a esa comprensión independientemente de la influencia de otras tradiciones espirituales. Él no estaba familiarizado con las Enseñanzas de Krishna ni con las de Jesús, tampoco leyó libros sufís o taoístas. Es evidente que no leyó el Nuevo Testamento, de otro modo, seguramente, lo hubiera citado.

El que se decidió a reclamar la inmortalidad debe convertirse primero en un «cazador» espiritual, pero no en ese cazador que mata a la presa, sino en el «cazador» del conocimiento que va por «el sendero del corazón», es decir, que cuida y ama a la Tierra, así como a todas las criaturas que viven sobre ella.

Habiendo pasado la etapa de «cazador», uno puede llegar a ser un «guerrero» espiritual, es decir, aquel que «rastrea» el Poder (Dios), esforzándose por «colarse» a Él y conocerlo.

Don Juan a menudo enseñaba a Castaneda y a otros discípulos suyos durante caminatas en el desierto o en las montañas, en las condiciones naturales y de contacto directo con el mundo multiforme que les rodeaba.

Por ejemplo, una vez ellos atraparon un conejo salvaje. Don Juan sabía que este conejo ya no debería vivir más en la Tierra según su destino y sugirió que Castaneda lo matara con sus propias manos. Castaneda exclamó: «¡Yo no puedo hacerlo!». Don Juan objetó: «¡Pero habías matado animales antes!». Castaneda respondió: «Pero los he matado con mi rifle, desde cierta distancia, sin verlos morir…».

Castaneda rehusó matar, reflexionando por primera vez en su derecho ético para hacerlo y en los sufrimientos de una criatura al ser asesinada.

No obstante, el conejo murió enseguida por sí solo ante los ojos de Castaneda, porque, de hecho, el tiempo de su permanencia en la Tierra se había terminado.

En otra ocasión Don Juan y Castaneda estaban caminando por una vía y vieron un caracol cruzándola. En el acto Don Juan empezó a explicar, usando aquella situación, la filosofía de la participación de una persona en los destinos de otras criaturas.

De este modo Castaneda, al comienzo muy orgulloso por ser una persona erudita y civilizada, se persuadía cada vez más de que la verdadera sabiduría no le pertenecía a él, sino al anciano indígena, un gran Maestro espiritual, que llevaba la vida de un cazador y de un guerrero espiritual en armonía con el mundo natural que lo rodeaba.

Después de que los discípulos asimilaban los fundamentos de la ética y de la sabiduría, Don Juan procedía a enseñarles los métodos psicoenergéticos.

Cabe destacar que solamente unos pocos estudiantes fueron reclutados en la Escuela de Don Juan. Eran aquellos que ya tenían desarrolladas las estructuras energéticas del organismo (los chakras). Por supuesto, los indígenas no sabían palabras como chakras o dantianes, pero hablaban de los segmentos en el «capullo» energético del hombre.

En otras palabras, los discípulos que fueron aceptados en la Escuela ya habían realizado antes, incluso en sus vidas pasadas en la Tierra, un extenso trabajo psicoenergético y, por ende, estaban psicoenergéticamente preparados para continuarlo y para aguantar el camino de cazador y de guerrero.

Esto permitió que ellos comenzaran sus entrenamientos no con el desarrollo y la limpieza de los meridianos y chakras, sino inmediatamente con el desarrollo de la estructura principal de poder en el organismo, el hara (o dantian bajo).

Después del trabajo con el hara, llegaba la etapa de la división del «capullo» en dos partes (alta y baja), llamadas «las burbujas de percepción». ¿Por qué las «burbujas»? Porque estas partes del «capullo», vistas por medio de la clarividencia, se parecen a la vejiga natatoria de algunos peces. ¿Por qué «de percepción»? Porque uno puede percibir el tonal (el mundo material) y el nagual (el mundo no material) desde una u otra respectivamente.

La división del «capullo» en dos «burbujas de percepción» fue considerada como un paso importante para las etapas posteriores de auto-perfeccionamiento psicoenergético. Con la particularidad de que uno debería aprender a llenar con la conciencia ambos «polos» del «capullo» dividido.

Después fue realizado el trabajo dirigido al desarrollo de «la burbuja baja de percepción». No obstante, uno podría empezarlo sólo después de refinar la conciencia o, como se decía en la Escuela de Don Juan, después de limpiar la luminosidad del «capullo».

Es decir, como en todas las otras Escuelas espirituales avanzadas, las técnicas para la refinación de la conciencia fueron enseñadas antes de que el practicante comenzara el proceso de su «cristalización». Sin embargo, Castaneda no describe métodos para «la limpieza de la luminosidad», excepto uno, el que puede considerarse, más bien, como un chiste, este es inhalar el humo de la hoguera.

Gracias a la refinación de la conciencia y al trabajo con «la burbuja baja de percepción», los discípulos alcanzaron el estado de Nirvana (aunque ellos no lo llamaban así, puesto que no estaban familiarizados con este término sánscrito). Primero ellos aprendían la variante estática del Nirvana en el Brahman y después, la variante dinámica, cuando la conciencia «cristalizada» actúa vivamente en las dimensiones sutiles y puede tocar a cualquier ser en la Tierra, lo único que se necesita es tener la información sobre este ser.

Una vez Don Juan dio una palmada a Castaneda en la espalda (él a menudo usaba esta técnica para cambiar la posición del «punto de encaje», es decir, de la zona de la distribución de la conciencia), y Castaneda, preparado para esto mediante los ejercicios anteriores, entró en la variante estática del Nirvana en uno de los estados Brahmánicos. En aquel momento él por primera vez experimentó un estado de paz profunda, percibió a Dios y conoció que Dios es, en realidad, el Amor.

Pero de repente oye la voz de Don Juan diciendo que este estado, aunque es bello, no es al que él debe aspirar ahora. ¡Tienes que ir más allá! No pienses que éste es el límite de tus capacidades... Con estas palabras Don Juan instó a Castaneda, quien había conocido la dicha suprema del Nirvana, a no «quedarse apegado» a aquel estado, sino a seguir. Al principio, Castaneda se ofendió y se enfadó con Don Juan, pero él fue inflexible: ¡tienes que ir más allá!

¿Y qué está más allá? Está la variante dinámica del Nirvana.

Además, los discípulos de la Escuela de Don Juan Matus aprendían a experimentar el estado de Nirodhi, conocido en todas las Escuelas desarrolladas de buddhi yoga. Este estado Don Juan describió en los términos específicos, propios de su Escuela. Se trataba de «la fuerza rodante» o «la tumbadora». A los discípulos les explicaron que existen olas de energía, rodando constantemente hacia todos los seres, olas de las cuales estamos protegidos por nuestros «capullos». Sin embargo, es posible usar su poder para transportarse a los mundos desconocidos, que son otras dimensiones espaciales. Para realizarlo, el practicante debía permitir que estas olas inundaran su «capullo». Entonces él se convertía en «nada», su «yo» individual desaparecía.

Solamente después de haber alcanzado el estado de la desaparición en el Brahman, el discípulo podría conocer a Ishvara (Creador) y desaparecer para siempre en Él, conquistando de esta manera la propia muerte. Es decir, como lo entendió Don Juan, uno no tenía que «pasar» por el pico del Águila, sino, al contrario, entrar al Dios-Poder universal.

Prestemos atención al hecho de que con la ayuda del Fuego es posible lograr la desmaterialización del cuerpo físico, lo que hicieron Don Juan y sus compañeros.

Hemos analizado las etapas principales del trabajo en la Escuela de buddhi yoga de Don Juan Matus. Estas etapas son iguales en todas las Escuelas de buddhi yoga y no dependen de su localización en la superficie de la Tierra, ni de su interconexión, ni de los idiomas y términos usados allí. Es así porque según las mismas leyes Dios guía a las personas que consagraron sus vidas a Él y progresaron en el Camino espiritual.

Ahora examinemos con más detalle los métodos particulares del trabajo en la Escuela de Don Juan Matus, los que describió Castaneda y los que podemos usar nosotros.

Éstos pueden ser divididos en dos grupos: métodos preparatorios y métodos fundamentales.

El primero de los métodos preparatorios es «la reexaminación». En esencia, es el mismo arrepentimiento que existe en todas las religiones principales. «La reexaminación» fue realizada de la siguiente manera. Los discípulos, normalmente durante un retiro de varios días, tenían que recordar todos los errores que habían cometido en sus vidas y revivir aquellas situaciones nuevamente, pero esta vez de una forma correcta. Para que ellos tengan más «interés personal» en este trabajo muy duro, se les decía que durante «la reexaminación» recobrarían la energía malgastada en sus reacciones emocionales incorrectas y actos. Este truco no afectaba la calidad del arrepentimiento, porque su propósito principal, que consiste en asimilar las formas éticamente correctas de reaccionar y en aprender a no pecar, se alcanzaba a condición de la asiduidad de los discípulos.

Además, ellos tenían que destruir «el sentimiento de la propia importancia» y «el sentimiento de la auto-compasión», las cualidades que provocan una tremenda pérdida de la energía. Pues, si una persona se siente muy importante y alguien atenta contra esta importancia con su actitud irrespetuosa, ella reacciona con una descarga emocional del resentimiento y de la cólera, o con otras emociones negativas. Y entonces la energía del organismo se malgasta intensamente.

He aquí un hecho interesante e instructivo de la biografía de Castaneda. A pesar de que él, después de publicar sus libros, se convirtió en un millonario y podía llevar una vida libre de las limitaciones materiales, él y su compañera íntima, la Gorda, al terminar su aprendizaje en la Escuela de Don Juan, se emplearon, bajo nombres falsos, como sirvientes en la casa de un rico y sufrieron humillaciones, desde la rudeza hasta la alevosía de otros sirvientes. Castaneda y la Gorda lo hicieron para destruir completamente en ellos «el sentimiento de la propia importancia», para borrar su «historia personal» y para adquirir la humildad. Pues, como lo puso Castaneda, todo lo que pasa con un guerrero en el mundo físico no importa; la única cosa que importa es su estado de la conciencia.

¡De hecho, todo esto no tiene mayor importancia ante la Meta Suprema! Pero lo que sí tiene gran importancia es la facultad de ser «nada» y de no defenderse cuando alguien es injusto conmigo, sino de estar protegido, como lo enseñaba Don Juan. Y el estado de estar protegido surge siempre y cuando «yo no existo» y exista sólo Dios.

Uno de los elementos preparatorios más importantes en la Escuela de Don Juan Matus era «la limpieza del tonal», que corresponde a la observancia de aparigraha en la ética del yoga hindú.

Nosotros ya hemos mencionado que Don Juan era una persona sabia y tenía la capacidad de explicar, en los términos sencillos y de una forma comprensible, la mayoría de los asuntos filosóficos complicados. Además usaba para estas explicaciones ejemplos de la vida cotidiana. En aquella ocasión hizo lo mismo, aclarando el principio de aparigraha a sus discípulos.

Les reunió, tomó un saco y puso adentro un radio, una grabadora y varias otras cosas que encontró en la casa. Después cargó el saco sobre la espalda de un discípulo, una mesa sobre la espalda del otro y los llevó a las montañas. En medio del valle les dijo que bajaran la mesa y vació el contenido del saco encima. Después les pidió que se pusieran a un lado y que dijeran qué están viendo.

Ellos empezaron a nombrar varias cosas: el aparato de radio, la grabadora y así sucesivamente.

Entonces Don Juan se acercó a la mesa, empujó fuera de ésta todas las cosas y les preguntó: «Echen otra mirada y digan ¿qué ven ahora?». Sólo entonces los discípulos entendieron que Don Juan quería que ellos vieran no sólo las cosas sobre la mesa, sino también la mesa misma y, más aún, el espacio alrededor y debajo de ésta. No obstante, los objetos sobre la mesa cautivaron su atención y les impidieron hacerlo.

De esta manera Don Juan demostró a sus discípulos que para conocer el nagual y luego a Dios, hay que limpiar el tonal alrededor de uno mismo.

Quizás sea oportuno recordar el ejemplo de la observancia de este mismo principio en la historia del cristianismo: algunos monjes, a parte de libros e íconos, dejaban en sus celdas sólo ataúdes, para dormir en éstos y, además, para acordarse constantemente de la propia muerte, lo que les estimulaba a intensificar sus esfuerzos espirituales.

También Don Juan enseñó a destruir los patrones rígidos de la vida material, por ejemplo, la observancia estricta del régimen del día. ¿Con qué propósito? Para lograr la libertad. La destrucción de los patrones irrazonables de conducta, pensamiento y reacción, inculcados por educación y tradiciones, debe llevar a «la pérdida de la forma humana», es decir, al estado cuando uno aprende a actuar no según sus reflejos o porque es una costumbre, sino de acuerdo con la necesidad objetiva. «La pérdida de la forma humana» no es un acto mecánico de corta duración, como pensaban algunos discípulos de Don Juan, sino un proceso largo que se desarrolla paralelamente con la aproximación del hombre a Dios. Este proceso termina cuando el buscador aprende a ver todas las situaciones con los ojos del Creador.

Sin embargo, «la pérdida de la forma humana» no implica en absoluto que el buscador empiece a comportarse con rareza y «no como todos los demás» en la sociedad. Pues, esto provocaría conflictos inevitables con otras personas y así crearía obstáculos innecesarios en el Camino. En segundo lugar, la conducta «provocadora» es una violación de la ley fundamental de la ética objetiva, que es el no hacer daño a otros seres. Por eso, a los discípulos se les prescribía observar las normas convencionales de conducta, a veces ridiculizándolas en secreto y jugando en el tan llamado «desatino controlado».

Para ilustrarlo, un día Don Juan se quitó, dejando a Castaneda pasmado de esta manera, su vestimenta indígena usual y se puso un traje europeo inmaculado durante su viaje al pueblo.

Además, Don Juan enseñaba a sus discípulos a hablar con las personas usando el lenguaje que ellas pudieran entender. Por ejemplo, una vez él y Castaneda estaban sentados en una banca cerca de un templo y vieron como dos señoras, no muy ancianas, después de salir de la iglesia, vacilaban demasiado en descender unos pocos peldaños. Entonces Don Juan se acercó elegantemente a ellas y las ayudó a bajar, aconsejando además que, en caso de caer en algún momento en el futuro, no se moviesen por ningún motivo hasta que llegara el doctor. Las señoras agradecieron sinceramente este breve consejo.

El siguiente método esencial de esta Escuela es recordar la propia muerte.

Hoy la mayoría de las personas está acostumbrada a ahuyentar los pensamientos relacionados con su muerte. E incluso cuando se encuentran con los hechos del fallecimiento de los otros, por ningún motivo quieren imaginar estar en su lugar. Se esfuerzan por convencerse de que todavía les queda mucho tiempo por delante.

Si cada uno de nosotros se pregunta ahora: «¿Cuándo moriré yo?», las fechas serán muy lejanas, aunque todos sabemos teóricamente que las personas mueren a cualquier edad.

Don Juan, en cambio, propone imaginar que nuestra muerte personificada siempre está a nuestro lado. Y si uno mira atrás rápidamente sobre el hombro izquierdo, puede verla como una sombra que surgió. «Por el momento, la muerte está sentada a tu lado en la misma estera, esperando un error tuyo», dijo a Castaneda. Y nadie sabe el momento en el que va a morir; por ende, no debemos tener ningún asunto inacabado en nuestras vidas.

Lo siguiente es lo que Don Juan dijo sobre la muerte:

«¿Cómo uno puede sentirse tan importante sabiendo que la muerte nos está acechando?

Cuando estás impaciente, lo que debes hacer es pedir consejo a tu muerte. ¡Una inmensa cantidad de naderías desaparece con tal de que tu muerte te haga una señal o con tal de que alcances a ver su destello o con tal de que simplemente tengas la sensación de que tu compañera está allí, vigilándote!

¡La muerte es una consejera sabia que tenemos! (…) ¡Tienes que pedir consejo a tu muerte y dejar la maldita mezquindad de los hombres que llevan sus vidas como si la muerte nunca los fuera a tocar!

¡Si no te acuerdas de tu muerte, tu vida entera no será sino un caos personal!

(El guerrero) sabe que la muerte le está apurando y que no le va a dar tiempo para apegarse a algo (…). Y así, con la conciencia de su muerte (…) y con el poder de sus decisiones, el guerrero traza su vida de una forma estratégica; (…) y lo que él escoge es siempre estratégicamente lo mejor. De esta manera cumple todo con gusto y con eficacia lujuriosa.

La vida para un guerrero es un ejercicio de estrategia.

Si no se tiene en cuenta a la muerte, todo es ordinario, trivial. Sólo porque la muerte nos sigue acechando el mundo es un misterio sin principio ni fin.

Te queda muy poco tiempo, y ninguno para idioteces. ¡Espléndido estado! Yo diría que lo mejor de nosotros siempre sale a flote cuando estamos contra la pared, cuando sentimos que la espada se cierne sobre la cabeza. En lo personal, yo prefiero este estado y no viviría de ningún otro modo».

Otra tarea importante que Don Juan señalaba a sus discípulos era aprender la «pausa mental» o, como ellos sabían decir, «parar el diálogo interno» (el primer término es preferible puesto que además de los «diálogos internos» existen también los «monólogos internos»).

Esto era una condición necesaria para entrar al nagual. Pues, uno puede hacerlo sólo a través de la meditación, y la meditación, como Osho lo dijo muy bien, es el estado de «no mente». En otras palabras, para aprender a sumergirse, como conciencia, en el nagual, hay que aprender a detener, apagar la mente por algún tiempo.

Con el fin de lograr la «pausa mental», Don Juan utilizó las siguientes técnicas:

1. El uso de las substancias psicodélicas. Sin embargo, debemos destacar que Don Juan recurría a este método sólo al comienzo de su trabajo con Castaneda y después lo dejó. En segundo lugar, aunque Castaneda estaba inmensamente agradecido a Don Juan por todo lo que había hecho por él, su hígado (el de Castaneda), como él mismo decía, aún estaba marcado con cicatrices. Entonces, no hay que seguir de ningún modo este ejemplo, sabiendo además que a nuestra disposición tenemos otros métodos, más eficaces y menos dañinos, de aprender la «pausa mental».

2. «Contemplar o mirar fijamente». Uno tenía que mirar algún objeto durante mucho tiempo y de manera fija, por ejemplo, las montañas, el agua que fluía, etc. Como resultado, «la primera atención» se agotaba y se desconectaba para que se active «la segunda atención».

3. La suspensión del cuerpo en las construcciones tipo columpio durante mucho tiempo.

Como resultado de estos entrenamientos, el practicante alcanzaba el estado conocido en el yoga chino como «wu-wei», «la no acción»; en otras palabras, «la no acción» en el plano físico, cuando la mente (o manas en sánscrito) se detiene y, por ende, el practicante puede realizar la meditación dirigida y actuar como conciencia (o buddhi en sánscrito). Pues, manas y buddhi no son compatibles en el sentido de que no pueden actuar simultáneamente. (Esto no significa que una persona sin cuerpo o en el estado de meditación pierde la razón. No. La conciencia «cristalizada» y desarrollada puede pensar; sin embargo, lo hace de otra manera, no de la manera terrenal).

Otra técnica excepcional, elaborada en esta Escuela por los predecesores de Don Juan, era la interacción intencional con las personas tiranas. Esta técnica fue usada para pulir «la impecabilidad del guerrero» o, en otros términos, la facultad de seguir principios éticos y observar la conducta objetivamente correcta en las situaciones de emergencia. En algún tiempo en el pasado, Don Juan mismo fue enviado por su maestro a un feroz inspector tirano para semejante entrenamiento. Se creía que tales personas tiranas eran muy raras en México y encontrar a una se consideraba como una gran suerte para los guerreros.

Ahora enumeramos los métodos del trabajo psicoenergético, usados en la Escuela de Don Juan:

1. Limpieza de la luminosidad interna (es decir, la refinación de la conciencia).

2. El uso de los «sitios de poder», lugares energéticamente significativos para las personas y, en particular, para aprender unas u otras meditaciones.

3. «El ensueño». A este método se prestaba mucha atención en el trabajo de la Escuela. ¿Qué es esto? ¿En qué consiste? Muchas personas, habiendo leído los libros de Carlos Castaneda, intentan usar su sueño nocturno para este tipo de entrenamientos; sin embargo, no obtienen mayor resultado. ¿Por qué? Porque no es como se debe hacer. «El ensueño», en este caso, significa lo mismo que la meditación. Esta palabra fue usada por los indígenas centroamericanos porque ellos no son tan familiarizados con los términos comúnmente aceptados en otros países y tuvieron que encontrar sus propias palabras para designar algunas técnicas, fenómenos y objetos claves de la práctica espiritual. Así nació el término «ensoñar», debido a que las imágenes meditativas a veces tienen mucha similitud con las imágenes que uno ve en los sueños.

Los entrenamientos especiales en «el ensueño» permitieron a los discípulos, después de separarse de sus cuerpos, correr sobre las paredes, subir por los rayos de energía («las líneas del mundo») y así sucesivamente.

4. El siguiente método consistía en aprender a actuar de una forma correcta en las situaciones mágicas extremas, creadas premeditadamente por el preceptor. Para este propósito fueron usados defectos de los discípulos. Por ejemplo, cuando uno de ellos todavía tenía la inclinación a atacar egoístamente a otras personas, le sugerían que participara en una lucha de magia (donde, según la intención del preceptor, perdería de antemano), lo que resultaba beneficioso para todos los participantes.

5. El desplazamiento del «punto de encaje» que tenía lugar por el impacto energético del preceptor (esto fue llamado «la palmada del nagual»*.

6. La práctica de nivelar (alinear) las «emanaciones» energéticas dentro del «capullo» con las «emanaciones» exteriores de las dimensiones espaciales más altas.

7. El trabajo con el hara* para desarrollar el poder.

8. El uso de los «aliados» (es decir, de los espíritus). Esta práctica tenía dos variantes. La primera consistía en «domar» a los espíritus que debían, según el plan, convertirse en los ayudantes y protectores del brujo. Tanto Don Juan como su amigo Genaro tenían tales «aliados» al comienzo de su búsqueda espiritual.

Pero debemos advertir que es una práctica errónea y peligrosa, que de ningún modo debe ser imitada. A propósito, tanto Don Juan como Genaro la dejaron después.

La otra variante del trabajo con los «aliados» consistía en cazarlos. No sorprende que tal tendencia apareciera entre los indígenas que vivían en contacto permanente con la naturaleza.

Así que, en algún momento los discípulos fueron advertidos de que se encontraran seguramente con un «aliado» en forma humana masculina, que los desafiara. Uno podía perder en ese duelo abriéndole la puerta al miedo, pero también podía ganar. En el último caso obtendría el poder de ese espíritu.

Entonces, los discípulos se preparaban para esa lucha, que podía ocurrir en cualquier momento, y desarrollaban de esta manera la vigilancia y otras cualidades necesarias para los guerreros.

A base de este juego educativo, ellos también realizaban el trabajo dirigido al desarrollo de «la burbuja baja de percepción».

Resumiendo todo lo antedicho, analicemos brevemente las secciones principales de las Enseñanzas de Don Juan, Enseñanzas que tienen muchos elementos, teóricos y prácticos, valiosísimos.

Don Juan distinguió las tres secciones: a) el arte del acecho b) el arte del intento y c) el arte de la conciencia.

En la examinada tradición espiritual indígena, el arte del acecho inicialmente significaba la facultad de pasar, colarte entre las personas que no te entienden* y alcanzar tu Meta.

Pero después, gracias a la contribución especial de Don Juan, este concepto fue ampliado considerablemente y comenzó a incluir también el acecho de los propios defectos (cualidades negativas). Nosotros hemos hablado de esto bastante. Permítanme sólo repetir una fórmula excelente, dada por Don Juan. Dios (o, usando su lenguaje, el Poder) nos da según nuestra impecabilidad. En otras palabras, Dios permite acercarnos a Él y sumergirnos en la felicidad creciente de la Unión con Él a medida que nos perfeccionamos éticamente.

La segunda sección es el arte del intento. «Intento», en este contexto, es lo mismo que la aspiración a la Meta Suprema. Y un verdadero guerrero, en el sentido de la palabra de Don Juan, es aquel que posee un «intento» correctamente desarrollado.

La tercera sección es el arte de la conciencia, que es el buddhi yoga.

Hemos visto una vez más que Dios guía a todas las personas, que han alcanzado un cierto nivel de madurez en su psicogénesis*, usando el modelo metodológico unificado, independientemente del país y de la cultura religiosa en la cual ellas viven. Debemos estudiar estos principios y tendencias y aplicarlos a nosotros mismos y a las personas que nos siguen.