Divine Teachrs — about Themselves

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Karas

—Yo nací la última vez en la tierra de Asiria antiguo. Cuando era adolescente serví en un templo donde rindieron culto al Sol como al progenitor de todo. Todas las mañanas realizamos un servicio religioso a la salida del sol, esperando su aparición desde el horizonte.

»Durante estos servicios, Yo servía a un sacerdote que los realizaba. Sin embargo, no aceptaba esta fe sinceramente, ni trataba de comprender con la mente sus postulados. Para Mí esta fe con sus rituales era simplemente una parte de las tradiciones diarias de la sociedad donde pasaba Mi juventud.

»Pero un día, algo nuevo apareció en la rutina diaria habitual de Mi vida: un extraño vino a nuestra tierra. Él buscaba los manuscritos que contenían el conocimiento religioso, esotérico. Viajaba con el fin de buscar y recoger tal conocimiento.

»Le recibieron con respeto. Durante la comida, él conversó con los sacerdotes. Les preguntaba de la fe local y contaba sobre sus puntos de vista y sobre la religión practicada en la tierra de donde vino.

»Yo, como un sirviente, tuve la oportunidad de estar cerca y oír su conversación. Su narración Me cautivó. A distinción de nuestros sacerdotes, él no era un dogmático que sigue ciegamente una creencia de los antepasados. No temía de comparar los puntos de vista diferentes, poner en duda algunos postulados, hacer sus propias conclusiones. En su fe y en el hombre mismo había algo vivo en comparación con los sacerdotes locales.

»La conversación que escuché dio origen a un interés por el conocimiento y las prácticas de la tradición descrita por este hombre. Quise seguirlo muy fuertemente para conseguir este conocimiento. Le convencí de llevarme como un sirviente.

»Así llegué a los sufíes.

»Lo principal que pasó Conmigo durante la primera etapa del aprendizaje con los sufíes fue la apertura del corazón espiritual. ¡Yo empecé a vivir con el corazón, y el mundo entero cambió absolutamente para Mí! ¡Mi vida entera se llenó de amor que no había conocido antes!

»Para abrir el corazón espiritual, los sufíes usaban el método similar al que usaban en aquel tiempo los cristianos-hesicastas. Había que, abandonando todos los otros pensamientos, repetir —con el amor hacia Alá— una oración que llama a Él a venir al corazón espiritual. Y después de algún tiempo, en el pecho, en el chakra anahata, surgía una sensación del éxtasis que atestiguaba que Alá aceptó la oración.

»Habiendo conocido y dominando este estado, el murid* podría vivir en éste y no solamente lo experimentaba durante la oración.

»Después el murid fue enseñado que en vista de que Alá es grande el amor hacia Él también debe ser grande.

»Y si el amor hacia Alá crece, desde un cierto momento no puede estar encerrado en el pecho de uno. Entonces, bastante naturalmente sale, se verte fuera de los límites del pecho. En este caso podría ayudar también el método de empujar las paredes del chakra anahata desde adentro con los brazos de la conciencia para experimentarse por primera vez como un corazón-amor de tamaño más grande que el cuerpo.

»El murid fue enseñado a extenderse con el amor tan ampliamente como sea posible. ¡Alá está por todas partes, por eso hay que amarlo en todo el espacio alrededor!

»Extendiéndose así con el amor y viviendo en este estado, el murid gradualmente se desacostumbraba a percibirse como un cuerpo.

»Él vivía ahora con el amor a Alá, y la sensación de la existencia de Alá en todo gradualmente reemplazaba la sensación de la existencia del separado “yo”.

»Y cuando el separado “yo” desaparecía completamente, se quedaba sólo Alá.

»No obstante, no aprendimos solamente la meditación. En el sufismo existe una regla: en el proceso de aprendizaje el murid debe desarrollarse en muchas direcciones, incluso, debe dominar el oficio mundano de su jeque. Habiendo llegado a la casa de Mi Maestro, empecé a estudiar el arte de la tejeduría de las alfombras.

»Las alfombras, creadas por Mi Maestro, eran muy estimadas por la gente. Se consideraba que una alfombra, comprada en nuestra tienda, traía felicidad y alegría a la casa. De hecho, estas alfombras tenían tal poder mágico, porque Mi Maestro las creaba como los yantras.

»Al principio, Yo, como otros aprendices, estudiaba la técnica misma de la tejeduría. Y luego de eso, empezamos a ejercitarnos en el oficio reproduciendo los modelos creados por el Maestro.

»Me gustaba quedarme por mucho tiempo en el obraje y observar como trabajaba el Maestro. Para Él, la tejeduría no era simplemente un oficio: ¡Él no tejía las alfombras, sino que las creaba! ¡Yo vi como hábilmente Él escogía el color de hilo entre gran variedad de colores dorados, burdeos y azules celestes… ¡Cada alfombra creada por Él era… una declaración de amor al Creador! Parecía que Él tejía el amor.

»Trataba de imitar Sus obras y Me quedaba trabajando por mucho tiempo en el obraje.

»Una vez en la tarde noté que el Maestro Me estaba observando. Me turbé.

»—Estás tratando de componer el amor con la mente. ¡Pero éste vive en el corazón! Enciende en el corazón el amor por Alá, y entonces tus manos sin cansarse crearán la belleza en honor de Alá!

»Yo hice caso a los consejos del Maestro, y el amor se encendió un poco en Mis alfombras. Sin embargo, Mis obras no eran tan buenas como las del Maestro. Pedí Su consejo, y Él dijo:

»—Tus alfombras son buenas. Sin embargo, la verdadera Belleza mora más profundamente. ¡En la profundidad del corazón espiritual extendido encontrarás la Fuente interminable de la Belleza! ¡Allí viven los colores sonoros de alegría! ¡Los hilos que se originan en la profundidad del corazón espiritual desarrollado tornasolan con todos los colores de amor! ¡Las imágenes que puedes ver allí, se abrirán como las flores vivas y cantarán como los pájaros primaverales en tu alfombra! Hazlo así, y entonces Alá Mismo con tus manos creará la Belleza en honor de Él!

»Desde aquel momento, Mi aprendizaje de tejer alfombras empezó a combinarse armónicamente con el aprendizaje de la meditación. Cada vez creando una alfombra, había que conectar los brazos de la conciencia con la profundidad dominada y crear desde esa profundidad. Y entonces la Luz de profundidad con la que fue conectada la conciencia, se refractaba en la belleza creada por las manos.

»Por supuesto, no todos los aprendices llegaban a ser Maestros. La mayoría era capaz de dominar simplemente el oficio de tejeduría de la alfombra. El aprendizaje fue diseñado de tal manera que no todos pudieron adivinar en qué consiste la verdadera maestría, cuál es su secreto. Pero aquel que resolvía este misterio ascendía al próximo nivel, transformando el oficio de tejer la alfombra en el arte de crearla.

»—Perdóname, por favor, Karas, pero Tu descripción de los métodos para el conocimiento de Alá me parece ser insuficiente. Yendo por el camino descrito por Ti, el murid no encontraba más probablemente la Morada del Creador, sino que «cristalizaba» la conciencia en uno de los eones del espacio multidimensional más conveniente para él, más habitual para estar allí. Para el conocimiento del Creador, por otro lado, necesitan los métodos de la refinación de la conciencia y, por lo menos, las nociones generales sobre la estructura multidimensional del espacio y sobre cómo cruzar las fronteras entre eones. ¡Pues, el Creador es la Conciencia Más Sutil de todas las conciencias!

»—Sí, tienes razón. Y quise decir sobre esto luego.

»Sí, la refinación de la conciencia no puede realizarse sin la nutrición vegetariana.

»¡También tienes razón acerca de que el control de los propios estados emocionales —con la renuncia completa de las manifestaciones emocionales groseras— es la parte esencial de cualquier progreso espiritual.

»¡También no hay que olvidar de la belleza de la Creación, de nuestra casa común creada por Alá! La sintonización con esta belleza, que refleja la belleza del Creador, fue practicada entre otras cosas.

»Y los estudiantes que no podían dominar esto fueron excluidos del aprendizaje intenso y dirigidos a otro trabajo. Si ellos deseaban, podían quedarse en la Escuela y a ellos encargaban varios asuntos de economía. En el sufismo esto se llama “parada”. Puede durar años. Después estos estudiantes de nuevo se incorporaban a las prácticas esotéricas, si lo deseaban, y si había la Voluntad de Alá para esto.

»Pero Yo no he dicho todavía sobre lo más importante.

»Mi Maestro era un jeque real que sabía el arte de educar. Y había otro gran momento en Mi vida: cuando Mi Maestro Me consideró preparado, Me llevó a Imám Divino.

»Ustedes se desarrollaban de una manera diferente. No había cerca de ustedes un Alá encarnado. Ustedes mismos tenían que “abrir” el camino. Nuestra intención, por otro lado, consistía en hacerte recoger una totalidad completa del conocimiento espiritual.

»Sin embargo, puede suceder de otro modo. Es cuando el camino espiritual está indicado claramente, como el Mesías Isa* dijo una vez, por una Vid, el Representante encarnado de Alá, una Parte encarnada del Creador.

»Ahora quiero hablar un poco sobre el Gran Maestro, sobre Imám Divino.

»¡Ver a Él encarnado en un cuerpo era un regalo maravilloso de Alá!

»¡El amor hacia Aquel Que llegó a ser Uno con Alá no tiene límites!

»¡Yo vi la Manifestación de Alá en la Tierra! ¡Vi el Hijo del Único, Quien se ha vestido con carne, sin ser esta carne!

»¡Comprendí entonces que el Amado Señor es alcanzable y que es posible disolverse en el Omnipotente! Lo comprendí porque lo vi manifestado a través del Maestro.

»¡Él sólo tenía que tocar el corazón del discípulo que aspiraba a Alá y, al igual que el aceite en una lámpara, éste se encendía con el fuego que irradiaba la Luz de Amor!

»Él enseñaba que el corazón lleno del Amor es insondable e invitaba a sumergirse en Su propia insondable Profundidad.

 

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