Divine Teachrs — about Themselves

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Danish Lady Gott

—Nos contabas que encarnaste en Dinamarca ya siendo Divina. Cuéntanos, por favor, con más detalle sobre aquella vida.

—Yo vine a Mi última encarnación de la Casa del Padre. Sin embargo, pasaron muchos años de Mi vida hasta que recordé y llegué a ser consciente de Mi Divinidad.

»¡Dinamarca! ¡Mi bella Dinamarca norteña! ¡Ustedes también conocen que es vivir en la orilla de un mar norteño, escuchar las voces de las gaviotas, aspirar la frescura del viento de mar, abrazar la vastedad con el alma entera…!

»Yo nací al final del siglo diecinueve en una familia muy culta y acomodada. Mi vida pasaba en felicidad y tranquilidad sorprendentes. En Mi juventud Me casé con un hombre bello y muy amado por Mí. Parecía que no pudiera haber una mejor suerte: un esposo amado, armonía familiar, ausencia de los problemas materiales, una casa hermosa en la orilla del mar… Todo iba bien, no obstante, de año en año Me deprimía cada vez más el hecho de que no podíamos tener hijos. Yo quisiera tanto tener a un niño en Mis brazos, acariciar su cabecita, sentir sus bracitos regordetes abrazando Mi cuello, escuchar como te llaman “mamá”…

»Una hendidura apareció en el alma, hendidura que iba creciendo con el tiempo y se transformaba en un vacío interno doloroso. Durante varios años Yo buscaba, con todas las fuerzas, aquello que pudiera llenar este vacío. Literatura, arte, comunicación con los amigos, iglesia, todo esto solamente aminoraba el dolor por poco tiempo. Por lo tanto, comencé a buscar y estudiar la literatura espiritual, asistir a las reuniones esotéricas y conversar con otras personas sobre este tema.

»Mi esposo era un médico. Su vida nunca era la de un buscador espiritual; sin embargo, él vivía de una manera muy correcta: estaba ocupado totalmente cuidando a otras personas. No le interesaban mucho Mis nuevas búsquedas y, posiblemente, incluso las consideraba como un capricho. No obstante, nunca Me lo dijo, ya que sabía la gran importancia de estas cosas para Mí.

»En aquella etapa de Mi vida Me ayudaron, más que nada, los libros de Helena Blavatsky. Leí su La Doctrina Se creta y experimentaba como Mi corazón, por fin, comenzaba a “revivir”. Ese libro despertó Mi memoria sobre Mi pasado y luz de allí empezó a penetrar adentro, llenando el vacío. La Doctrina Secreta sirvió para Mí como una guía, como un faro que se encendió de repente en la oscuridad absoluta e indicó el Camino. Así pude ver donde debería buscar esa única Fuente que pueda satisfacer la sed del alma y decidí aplicar todos los esfuerzos para alcanzarla.

»No obstante, para Mí no era suficiente tener sólo conocimiento teorético. ¡Yo necesitaba un Maestro, un Preceptor, una Guía Divina! Incluso comencé a pensar en el viaje a la India, pero de repente Mis amigos Me invitaron a visitar su casa donde se quedó un Swami* hindú que viajaba por Europa.

»Cuando Le Vi por primera vez, no pude de ningún modo discernir Sus facciones. Vi solamente Pura Luz que fluía a través de Su rostro y cuerpo. Estando segura de que Él era la Guía Divina enviada para Mí, Le pedí Su ayuda y Él Me la dio.

»El Swami permaneció en nuestras tierras durante poco tiempo; sin embargo, logró enseñarme muchas cosas.

»Cuando Él tuvo que partir, no Le rogué que se quedara. Comprendía que Su Misión era llevar la luz de Sabiduría a otros lugares. Conociéndome a fondo y entendiendo Mi tristeza, Él dijo en la despedida:

»—Que no te entristezca Mi partida. Me quedo contigo, cuando Mi cuerpo se va.

»—Pero ¿cómo es posible?

»—Has aprendido mucho. Tienes brazos fuertes y corazón lleno de amor. ¡Enséñalo a los demás! ¡Yo te ayudaré!

»—¡Pero yo no podré oírte y verte!

»—¡Podrás, si echas afuera toda la basura que está en tu cabeza!

»Pasó un año. Yo seguía trabajando infatigablemente sobre Mí Misma; sin embargo, no pude comenzar a enseñar a los demás.

»Poco tiempo después Me enfermé muy fuertemente. Los doctores no lograron diagnosticar la enfermedad en aquel entonces, pero ahora Yo entiendo que esto era la meningitis viral.

»Sufrí de dolores agudísimos de cabeza. No pude comer, sólo tomaba un poco de agua o de té. Mi esposo —un doctor excelente— trataba de curarme, pero los dolores sólo se agudizaban. No pude ni siquiera levantarme de la cama. A comienzos de la enfermedad, Yo, por costumbre, tenía la esperanza en los médicos, en la medicina, pero nada Me ayudó.

»Finalmente, entendí que debería contar sólo Conmigo Misma y comencé a recordar todo lo que había aprendido del Swami.

Empujándome con la ayuda de los brazos de la conciencia lejos del dolor agudísimo, Me apartaba cada vez más del cuerpo y Me sumergía en el silencio tierno de la Luz. En los momentos cuando lograba apartarme máximamente del cuerpo dolorido y extenderme, como conciencia, debajo de éste en la profundidad, el dolor se apaciguaba.

Luego comencé a tocar, con Mis brazos de la conciencia, Mi cuerpo acostado y penetrar en éste. Introducía Mis brazos en la cabeza y sacaba de allí el peso, el dolor y la «basura» de las emociones y pensamientos excesivos. ¡La enfermedad retrocedía y el dolor se apaciguaba día tras día!

»Una vez, habiendo empezado la sesión ordinaria de sanación, ¡sentí que no hubo nada que limpiar; la cabeza fue limpia y clara! ¡La alegría Me sobrellenó! Con los brazos abiertos comencé a abrazar aquella Luz Que sanó Mi cuerpo y sumergirme cada vez más profundamente en Ella. ¡Finalmente, Me zambullí en el Manantial de la Pureza Transpa rente! Parecía que Yo estaba bebiendo con el alma entera de la Misma Fuente de la Vida, y con cada sorbo esta Fuente Me estaba disolviendo en Sí. Luego Me llené de Ésta “hasta el borde” y Ésta Me absorbió por completo. Fue imposible separarnos. ¡La Fuente se convirtió en Mí y Yo en Ésta!

»En el silencio oí la voz conocida:

»—Ahora Yo puedo continuar enseñándote. ¡Y Tú, por fin, empezarás a enseñar a los demás!

»Por primera vez en los últimos meses, para la gran sorpresa y alegría de todos Mis amigos, Me levanté de la cama. La debilidad disminuyó muy pronto y Yo comencé a trabajar.

»Sólo entonces llegué a ser consciente de Mi Divinidad y recordé quién soy. Y Dios, por fin, Me dio hijos. ¡Mis discípulos se convirtieron en Mis hijos por derecho, porque Yo les di el segundo nacimiento! Yo era su Mamá Divina: les cuidaba, les transformaba como conciencias con Mis Brazos, explicaba en qué consiste el significado de la vida terrenal y demostraba el Patrón de la Pureza Divina…

—¿Podías desmaterializar Tu cuerpo?

—No. Y, honestamente, nunca trataba de lograrlo. Cuando vi la perspectiva que se abría ante Mí y entendí que pudiera ayudar a las personas sanando las almas, ¡esto Me cautivó totalmente!

»Yo no podía desmaterializar Mi cuerpo; no obstante, cuando llegó la hora de la partida, la muerte Me tocó con su mano tan ligera y suavemente que ni siquiera Me di cuenta de cómo había dejado Mi cuerpo.

»Yo venía a la gente de Dinamarca varias veces con el fin de abrir y mostrarles el Camino a Dios Padre. Para Mis discípulos Yo, Conmigo Misma como Conciencia, abría la entrada a Su Morada; Yo era para ellos esta entrada. Sintonizándose Conmigo, a través de Mí, como a través de una puerta, ellos podían entrar al mundo infinito de Dios Padre y conocerlo.

—¿Logró alguien de Tus discípulos establecerse en la Morada del Creador?

—Sí, algunos lo hicieron. El resto recibió de Mí los patrones de los estados emocionales puros y luminosos y así aprendieron el amor y la tranquilidad.

—¿Por qué pones tanto énfasis en el trabajo con la juventud?

—En la encarnación humana hay cierta edad cuando comienza la vida consciente; no obstante, esto es verdad sólo para las almas bastante desarrolladas en su evolución, almas capaces de percibir. A dicha edad la persona comienza a revaluar todo aquello que había sido conocido y escoge su rumbo para la vida —ya adulta—. En la mayoría de los casos esto sucede después de graduarse de los centros de enseñanza superior, es decir, a los 22 — 25 años.

»Antes que ese momento llegue, es muy importante que la persona tenga todo el conocimiento necesario para hacer una elección correcta para su vida futura.

»¡Hay que hacer accesible el conocimiento de su Escuela para ese grupo de los jóvenes que hacen una elección consciente en su vida, determinando su rumbo para muchos años subsiguientes! ¡Hay que interesarlos a ellos!

»Dios —para la juventud moderna de los países europeos— es muy distante y no juega casi ningún papel en sus vidas diarias. La mayoría de ellos acepta a Dios en su concepción del mundo; sin embargo, Él se encuentra “en la periferia” de su atención, existe separadamente de todo el resto. “¿Hay Dios?, Sí. ¿Y qué? ¿Qué cambia esto?”. Dios, para ellos, está separado de sus vidas, de todo aquel conocimiento que la humanidad ha acumulado. ¡Dios —en las mentes de muchos jóvenes de esos países— incluso se opone al conocimiento científico!

»¡Pero es el conocimiento científico de su Escuela que podría cambiar mucho!

»Una vez, cuando Yo iba a dar Mi primera charla, colgué una lista de veinte preguntas, cuya discusión interesó a Mis futuros discípulos.

»Presten atención que exactamente la pregunta, y no la respuesta, es el mejor “catalizador” para que uno inicie su búsqueda. Esto es uno de los medios para encontrar a los buscadores.

—Nos contaste como trabajabas con las personas durante Tu estado encarnado, dándoles el conocimiento sobre Dios. Pero cuéntanos ¿cómo trabajas ahora?

—Yo amo al pueblo danés e introduzco en las cabezas de los jóvenes los pensamientos correctos sobre el Creador y sobre la estructura del universo. Yo “ilumino” sus mentes, por decirlo así. También les abrazo con Mi Corazón, acarició con Mis Brazos y regalo el Amor del Creador, deshelando sus anahatas.

 

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